BibliotecaEcos y reseñasInterseccionesNúmero 12 - diciembre 2018

Trazos, bordes y palabras

ECOS DE LA II FERIA URBANA CULTURAL DE LA EOL SECCIÓN LA PLATA –La Plata, 1 de septiembre de 2018

 

 

 

 

Brígida Griffin

 

En ocasión de la Segunda Feria Urbana Cultural de la EOL Sección La Plata, realizada el 1 de septiembre, asistí a la mesa titulada “Trazos”. Los invitados a dialogar eran Marcelo Rizzo –pintor, antropólogo y escritor platense– y Agustín Sirai –pintor, Licenciado y Profesor de Artes Plásticas. La coordinación estuvo a cargo de Cecilia Fasano.

“Creo que hay más verdad en el decir que es arte que en cualquier bla –bla-bla” (1). Con esta frase aforística, Lacan sigue la huella freudiana por la cual la creación lleva la delantera al conocimiento, e indica un modo de tratar y vérselas con el malestar en la cultura, que escapa al saber científico.

Acentúo la función de lo que escapa, en especial respecto del efecto que se hizo presente durante las dos exposiciones, mientras se fue tejiendo una conversación fluctuante entre los artistas y luego cuando las preguntas se hicieron escuchar. Hubo una constante insistencia de una presencia en fuga.

El cuadro, objeto delimitado y foco privilegiado de detención de la mirada, dio paso a “la pintura”, sin desistir del interrogante en torno a él. Entonces, “las líneas de fuga, las líneas de fuerza” (2) que menciona Lacan en la cita que enmarcó esta mesa, se desplazaron a las palabras que los pintores encontraron para hablar de su quehacer. Cecilia Fasano, recortó la función del arte como tratamiento del vacío, propiciando en cada uno de los artistas, su forma de abordar la creación, y su producto.

 

Marcelo Rizzo, comentaba al pasar que para él “la pintura dice sin palabras, la pintura se hace textura”; subrayando una impronta muy relevante en sus obras. Respecto de la textura, que en pintura supone un toque real, de vida, no puede dejar de evocar que en el plano del decir indica contornos o tonos por los cuales asoma la singularidad, sin necesaria conexión con la significación.

Aludió a su labor como “acto pictórico”, no como cuadro. Dejando entrever, una suerte de continuo, que el cuadro como objeto separable habría de escandir, más para la mirada que se posa y se construye con él, que para el pintor.

Acompañó sus palabras, con cuadros de las diversas series que han demarcado su obra hasta el momento. En ellos, impactan vibrantes las figuras de animales domésticos, delineadas por una expresión de desolada sorpresa. Estas emergen como testigos supervivientes de una destrucción incomprensible, caótica. En otros, escenas borrosas, oníricas, figuran páramos extraños. Trazos que estallan impactando fuera del cuadro como un torbellino cuya forma es un movimiento desbordante. Tal la fuerza que surge al contemplarlas.

Entre sus comentarios, expresó que al pintar espera “descansar del sí mismo, dejar de ser excesivamente uno; (…) en fin “llegar a otra mirada”. Para él se trataría de “un saber sin mediaciones”.

 

Por su lado, Agustín Sirai, expresó un fuerte “desinterés por la composición en sí (…) enfatizando un “no pensar” radical. Y aún más, la “no toma de decisiones ordenada, la construcción aleatoria” como una suerte de anti-método personal.

En un vaivén sinuoso de palabras e imágenes de sus cuadros, hiló con un estilo abierto, sin conclusiones fijas, móvil y envolvente, una muestra de su pensamiento. Entiende el arte como “del orden relacional”. Borroneando, disuelve la prevalencia de la figura del “artista”. Dijo de “los que producimos objetos estamos en una tensión (en este tiempo)”, destacando que el artista para él tiene un posicionamiento ético y estético.

En sus producciones, hay una temporalidad pausada, marcada por líneas nítidas, delimitando figuras precisas que flotan en un continuo, como salpicadas de un cuadro a otro.

La expresividad contundente, hasta explosiva de Rizzo, irrumpió sonora y contrastante con la sutileza mínima y detallista de Sirai, que minuciosa, invita laberínticamente a la búsqueda de un punto de mira. Dos mundos invisibles cada uno a su medida, ofrecieron con decidida intensidad sus ideas y cuadros, logrando captar “sin mediación” el asentimiento de los asistentes.

Sin explicación, en cuerpo y obras, el quehacer artístico, algo de su carácter íntimo, intransferible y presente de manera única, fue demostrado en este encuentro.

 

  

 

Notas:

(1)  Lacan J.: “Seminario 24:  L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre”, clase del 18 de enero de 1977, inédito.

(2) “Uno de los juegos más fascinantes es encontrar en el cuadro la composición propiamente dicha, las líneas de separación de las superficies creadas por el pintor, las líneas de fuga, las líneas de fuerza…”, Lacan, J.: El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales, Paidós, Buenos Aires, 1997, pág. 115.