Ecos y reseñasInterseccionesNúmero 10 - diciembre 2017

Resonancias de “Vos tenés el arte”: Episodio 3

ACTIVIDAD DE CONVERSACIÓN –ARTE Y PSICOANÁLISIS– (1) –La Plata, 8 de noviembre de 2017

                                                                                   

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Julia Germani

“Todo arte se caracteriza por cierto modo de organización alrededor del vacío”. J. Lacan (2)

“El vacío es un medio de transporte». C. Lispector (3)

 

Una vez más asistimos, en la ciudad de La Plata, a este singular encuentro entre Arte y Psicoanálisis que nos propone María del Pedro.

“Vos tenés el arte” ya fue voz, trazo y –en esta oportunidad– danza, con Andrea Castelli como invitada.

El Taller de Teatro de la UNLP, donde Andrea gestó su primera obra, fue elegido como el lugar para la conversación. En la antesala del encuentro, quienes formamos parte del equipo de trabajo, nos pusimos a disposición de la inventiva inquieta y detallista de Andrea para vestirla de enaguas, retazos, objetos y… música. Carlos Gardel sonando en la radio y Mona M. –su amante eterna– junto al piano, recibieron esa noche a quienes acudieron a la cita.

Ya en la sala, despojada de objetos, la conversación entre María y Andrea recreó, en su singularidad, el clima de intimidad y calidez de los episodios anteriores; la amistad y su cercanía logran –con la obra como mediación– una distancia óptima para que la palabra fluya y resuene.

Casi al finalizar la velada, la proyección de una selección de fragmentos de las obras de Andrea, fue fundamental para capturar y llevarnos una acotada pero preciosa experiencia de su producción artística.

 

VTA4

¿Bailarina o coreógrafa?, la pregunta en la voz de María intenta apresar un nombre que la represente, el equívoco resuena, “bailarina me gusta más por su musicalidad, coreógrafa me suena a matemática, tal vez por la referencia a la rigidez de la danza clásica, no me considero coreógrafa aunque trabaje de ello”.

Impulsada por su padre se “interesa” en la danza clásica, “no sé si es una pasión a los siete años (…) quería bailar y no bailábamos nunca”.

El soplo de vida en la danza vino con el tango; en 2 x 4 y transgrediendo un designio, se produce lo que Andrea señala como la primera bisagra en su recorrido. Allí descubre con asombro que la danza estaba relacionada con la vida: “Hay un otro, un hombre, el acuerdo, los conflictos, la convivencia…Los viajes y los amigos llegaron de la mano del tango”.

Luego el tango –en el gesto/gesta de Andrea– sale de los salones y escenarios convencionales para irrumpir –con música y movimiento– en la quietud silenciosa de los museos. Los espacios y los objetos se avivan desorientados en su función, ya no están ahí para ser solo mirados sino para ser vividos. Los cuerpos laten, respiran, transpiran a la par del espectador en una “experiencia” que los conjuga.

 

VTA2 (1)Entre los fragmentos de Obra proyectados durante el encuentro retorna Taxidermia, intervención en la Sala de Ciencias Naturales del Museo Bernasconi: una sala a media luz invita a los espectadores a una danza de cortejo entre una hembra pájaro –que se pavonea frente al macho– para culminar en un encuentro corporal que les hace perder, por un momento, el estado disecado en el que habitan el museo. La danza y la vida.

La pregunta de María por el paso de bailarina a coreógrafa, trae el recuerdo de lo que para ella resultó “una experiencia esquizofrénica”: la dificultad de bailar y dirigir en “Al Bataclán” (4). “Hay una mirada que tiene que estar afuera”, sacar el cuerpo de la escena era preciso para que la obra tal como ella la concibe, cobre cuerpo.

Este “paso” a la “dirección”, como preferirá decir, se abre en el curso de su trabajo analítico y lleva las marcas del juego infantil. Jugar y hacer con objetos, lugares y personajes la reconducen a la casa de su abuela Juana, con quien –dice– tenía “gancho”: “nos dejaba hacer lo que quisiéramos –recuerda–, yo ataqué las enaguas y aún conservo una maquinita de coser”.

El universo femenino de encajes, velos y preciosidades cobra vida en “Enaguas”, instalación coreográfica en el Museo Nacional de la historia del Traje.

Allí cada bailarina, una a una, vestirá una enagua diferente y su particularidad va a ser resaltada (como “los hombres son todos iguales”, ¡usarán un único vestuario! ¡Estallan las risas en la sala!).

En “Eva, un recorrido”, obra realizada en el Museo Evita, decide que ninguna bailarina encarne a Evita y que todas la interpreten a su modo, versionando entonces tantas “Evas” como bailarinas.

Siempre es un interrogante el modo en que el artista produce la obra, el modo en que es tocado o llamado por la inspiración: la “fórmula” del acontecer creativo. Para esta ocasión y respondiendo una pregunta en torno a ello, Andrea se ríe y exclama: “A mí no se me ocurren (las obras), a mí ¡me persiguen!”.

Obsesiones que no la dejan dormir y que concluida la obra, le traen como mensaje –de otro tiempo– un retazo de su historia: la “oscuridad iluminada”.

La obra viene al lugar del vacío que no tolera, la angustia que el vacío le produce encuentra su “solución” en la producción incansable de su obra, “las obras me salvan” concluye y –parafraseando a María– “suelen, incluso, embellecer el sufrimiento”.

 

VTA17 (1)Las vueltas por los nombres (¿bailarina o coreógrafa?) sueltan un “saber-hacer” que juega y se despliega en lo que Andrea llama entonces la “dirección”, allí, no sin la experiencia del análisis, encontró su lugar, “la mejor versión de mí misma”, como dirá al concluir.

Alguna vez, según cuenta, alguien dijo, “Esta chica no tiene ángel”. Andrea ríe al recordarlo. Al ángel, tal vez lo encontró en la “Botica” (5), su segundo hogar, y le hizo un guiño.

 “Ángel y musa vienen de fuera, el ángel da luces y la musa da formas (…) En cambio al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre. (…) La verdadera lucha es con el duende (…) Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Sólo se sabe que quema la sangre como un trópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos, que se apoya en el dolor humano que no tiene consuelo. (…)

Todas las artes son capaces de duende, pero donde encuentra más campo, como es natural, es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que estas necesitan un cuerpo vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto”. (6)

 

 

 

Fotografía Germán Krüger (http://bit.ly/2y8a1jz)

 

Notas:

(1) El Ciclo “Vos tenés el arte” (Conversación –Arte y Psicoanálisis–) es un Proyecto de Extensión de la EOL Sección La Plata, a cargo de María del Pedro. Este tercer episodio –realizado en el Taller de Teatro de la UNLP– tuvo por invitada a Andrea Castelli (Coreógrafa) y por colaboradores a Carla Abruzzo, Julia Germani, Germán Krüger, Pablo Martínez, Silvina Molina y Rosana Salvatori.

(2) Lacan, J.: El Seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis (1959-1960), Paidós, Buenos Aires, 1997, pág, 160.

(3) Lispector, C.: La pasión según G.H, Ed. El Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2010, pág, 123.

(4) “Al Bataclan”, 2002, Subsidio a la creación artística del Fondo Nacional de las Artes.

(5) Nos referimos al Museo “La Botica del Ángel”.

(6) García Lorca, F.: Teoría y Juego del Duende, Aguilar, Madrid, 1971, págs. 111-114.