Noches de Directorio - La formación del analistaNúmero 5 - julio 2015

¿Qué es un analista?

CarrascoNoche de Directorio: ¿Qué autoridad funda la Escuela de Lacan?

EOL Sección La Plata, 10 de Junio de 2015

 

Manuel Carrasco Quintana

 

Propongo partir del título de esta noche para pensarlo en su ambigüedad: ¿Qué autoridad funda la Escuela de Lacan? Esta pregunta así formulada permite más de una lectura. Una podría ser, ¿cuál es aquella autoridad que permite fundar una Escuela? Pero también, ¿qué autoridad es fundada por la Escuela?, es decir, ¿cuál es la autoridad que la Escuela ofrecería como producto? Parece un juego de palabras pero son dos cuestiones bien distintas. Mientras que en un caso la autoridad estaría en la causa de la Escuela, en la otra sería su producto.

El título, por otra parte, concentra dos conceptos: el de autoridad y el de Escuela los que merecen ser definidos y esclarecidos antes de establecer una relación de causalidad entre ambos. Hay una autoridad propia de la Escuela.

A tal fin parto de dos escansiones cruciales de la historia del movimiento psicoanalítico:

Primer tiempo: El Acto de fundación” (1), de 1964, a partir del cual dar cuenta de la noción de Escuela.

Segundo tiempo: “La Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el analista de la Escuela” (2) para dar cuenta del concepto de autoridad.

Para arribar a la noción de Escuela no se puede soslayar el recurso a la historia del movimiento psicoanalítico, ya que el término Escuela es consecuencia de una coyuntura muy particular dentro del mismo proponiéndose como una respuesta a una serie de impasses que concluyen en el acto de fundación de la Escuela Freudiana de París.

En 1902 Freud le escribe a Adler: «Un pequeño círculo de colaboradores y simpatizantes me otorgan el gran placer de venir a mi casa a la tarde (8:30 PM después de la cena) para discutir temas de interés en psicología y neuropatología…. ¿Sería tan amable de unirse a nosotros?»(3). Así se constituía la “Sociedad de los miércoles”, primera sociedad analítica con sus propias reglas que pretendía aprender, ejercer y difundir el psicoanálisis. Funcionaba a partir de una cierta homogenización de sus miembros. Mediante un sorteo se decidía quién tomaba la palabra en cada ocasión debiendo soportar los embates del espíritu crítico que dominaba esas veladas, sin hacer distinciones entre sus miembros, inclusive cuando tocaba el turno del propio Freud. Las participaciones debían ser sólidas, fundadas y…originales. ¿Se imaginan esa modalidad en los tiempos actuales? Ya desde entonces el psicoanálisis se propone como una práctica que no puede ser solitaria sino que debe ser, al decir de Freud, una “exquisita práctica de sociabilidad”. (4)

En esa época el psicoanálisis no se extendía mucho más allá de Viena. Luego, cuando se internacionalizó fue necesario agregar que para “ser analista” había que hacer la prueba del análisis. “La historia nos muestra en Freud la preocupación que lo guía en la organización de la Asociación Internacional de Psicoanálisis, y especialmente a partir de 1912, cuando auspicia la forma de autoridad que prevalecerá (…) para asegurar el mantenimiento de su pensamiento en su forma completa”.(5) Al establecerse una comunidad analítica se establece una distinción entre sus miembros, a partir de allí existirán los analistas didactas y los analistas en formación, estableciéndose una jerarquía que no tarda en resultar problemática.

Así la Sociedad del Psicoanálisis se basará en una creencia o certeza acerca de qué es un analista. Un analista es aquel que ha cumplido  una serie de requisitos formales, entre los cuales se destaca llevar adelante un análisis didáctico. El “tú eres analista” comienza a funcionar como un nombre de autoridad y establece una nueva ontología: ser analista.

La Escuela, en cambio, se define en su “Acto de fundación” (6) como una “comunidad de trabajo” caracterizada por la igualdad de sus miembros ante el trabajo. “Trabajadores decididos” es el sintagma que los nuclea. Hay que considerar que a Lacan le habían propuesto como última alternativa antes de su excomunión, poder transmitir el psicoanálisis pero sin ser didacta. Limosna que Lacan rechaza. En cambio propone eliminar esa distinción y los pone a todos por igual al trabajo. “Para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo” (7) sostiene allí  en referencia al cartel que se constituye como el órgano de base de la Escuela, y que propone una permutación de sus miembros. A partir de ahora no hay jerarquías y, ¡todos al trabajo! Es fácil imaginar el revuelo entre sus más cercanos ¿Pero cómo?, ¿acaso ahora todos somos iguales? ¿Los que ejercíamos ya como didactas y estos jóvenes que recién se acercan a Lacan?

Hay un vacío de saber en el centro de la Escuela. “Así, lo propio de la Escuela de Lacan no es la pretensión de saberlo todo sino, justamente, no saber la definición del psicoanalista” (8). Sólo en el caso por caso, y atravesando la experiencia del pase, dirá más adelante, se podrá decir de alguien que ha encontrado la causa analítica como producto de un análisis. “Debemos distinguir entre funcionar como analista y ser analista. Y no hay funcionamiento como analista que alcance para dar pruebas del ser del analista…”. (9)

En el momento de la fundación de la Escuela Lacan dice haber estado solo en relación a la causa analítica, y es precisamente en lo que “se autoriza”, él mismo, para fundar una Escuela.

Arribamos entonces a una respuesta posible a la primera de las acepciones de la pregunta ¿Qué autoridad funda la Escuela?  La autoridad como causa de la Escuela.

Lacan se autoriza en su soledad en relación a la causa analítica para fundar su Escuela pero nada dice aún de la otra autoridad. ¿Qué autoriza a nominar a alguien como analista? Para zanjar esta cuestión deberán pasar tres años, fecha en la que Lacan anuncia su proposición. A partir de ella la autoridad quedará ligada a la noción del pase.

Entre un tiempo y el otro está en juego la garantía. Mientras que en el primer momento Lacan no dice nada de ella, en el segundo, es donde da cuenta de la garantía que ofrece la Escuela para la nominación de los AE.

Entonces, mientras el “Acto de Fundación” (10) establece qué es la Escuela, la “Proposición…” (11) determina cuál es su autoridad.

El dispositivo analítico inventado por Freud, en el que el analista representaba la figura de autoridad, derivó en formas tradicionales de autorización ligadas a las jerarquías.

Lacan inventa otro dispositivo para verificar la autoridad analítica: el pase.

“El tema de la autoridad desde la perspectiva del pase, no puede ser aislada del concepto de Escuela. Afirmamos así que en el pase hay “pase de autoridad”, en tanto se subvierte la autoridad sostenida piramidalmente” (12). Se establece un principio fundamental que también se ha prestado a confusiones: “el analista sólo se autoriza de sí mismo” (13) ligado al concepto de Escuela.

Pero este “sí mismo” alude a “el analista”, es decir que es una definición tautológica. Este sí mismo es singular, debiendo el dispositivo del pase determinar en cada caso si se cumple o no. Una autorización singular, que “busca autorizar como analista de la Escuela y volver verdaderas las garantías buscadas”. (14)

Así se puede trazar una distinción central entre una autoridad basada en el Ideal, el de los analistas didactas de la IPA, de una autoridad fundada en el pase cuya perspectiva está implicada en el discurso analítico.

Del “autorizarse a sí mismo” a “hacerse autorizar como AE”.  Allí radica la autoridad como producto de la Escuela.

El comediante Groucho Marx tiene una frase célebre que hace referencia a los grupos: “No querría pertenecer a un grupo que me quisiera como miembro”. Con la Escuela sucede todo lo contrario. Muchos queremos ser miembros de ese club aunque no sepamos muy bien de qué se trata. Es que, finalmente, la pregunta que subyace es: ¿qué es un analista?

Pregunta que sostiene todo nuestro trabajo y que funciona como nuestra causa. Ella explica que hoy estemos aquí reunidos –a estas horas– hablando de esto. La Sección La Plata de la EOL será nuestra propia versión particular en torno a ese vacío.

 

Notas:

(1) Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires., 2002, pág. 247.

(2) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 261.

(3) Schwartz, J.: “Cassandra’s Daughter: A History of Psychoanalysis”, https://es.wikipedia.org/wiki/Asociaci%C3%B3n_Psicoanal%C3%ADtica_Vienesa

(4) Miller, J.-A.: “Nueve facetas de la comunidad analítica”, en masuno N°2, Psicoanálisis y lógica colectiva,  EOL., Buenos Aires, 1997, pág. 23.

(5) Lacan, J.: “Situación del Psicoanáilisis”, en Escritos I, Siglo XXI, México, 1998, pág. 455.

(6) Op. Cit. (1).

(7) Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros Esritos, Paidós, Buenos Aires., 2002, pág. 247.

(8) Miller, J.-A.: El banquete de los analistas, Los cursos psicoanalíticos de J.-A. Miller, Paidós, Buenos Aires, 2011, pág. 256.

(9) Ibíd., pág. 257.

(10) Op. Cit. (1).

(11) Op. Cit. (2).

(12) Leserre, A.(redactor) y Otros: “La autoridad analítica desde la perspectiva del pase”, en Informes al Primer Congreso de la A.M.P.-Barcelona -1998, EOL, Buenos Aires, 1998, pág.  237.

(13) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 261.

(14) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Momentos cruciales de la experiencia analítica, Manantial, Buenos Aires, 1987, pág. 8.