Noches de Directorio - La formación del analistaNúmero 5 - julio 2015

¿Qué autoridad funda la Escuela de Lacan?

RavinovichNoche de Directorio: ¿Qué autoridad funda la Escuela de Lacan?

EOL Sección La Plata, 10 de Junio 2015

 

Débora Ravinovich

 

Recibí un mail de Paula Vallejo invitándome a trabajar con ustedes bajo el título: ¿Qué autoridad funda la Escuela? La pregunta me resultó muy interesante, y tanto más, porque nunca me había puesto a trabajar sobre este tema.

Después de darle vueltas a la cuestión, el puntapié inicial fue preparando otro trabajo. Fue escribiendo para un seminario en el que investigamos sobre las series, que di con la idea para comenzar mi intervención de hoy.

El punto de partida lo tomo del principio de la presentación que hizo J.-A. Miller al tema del próximo Congreso de la AMP, que será en Río de Janeiro en el 2016: “El inconsciente y el cuerpo hablante”.

J.-A. Miller dice, en ese texto, que se encuentra desde hace más de treinta años al pie del mismo muro. Estar al pie del muro significa estar frente a una elección forzada. Estar interpelado sobre algo que no se decidió aún pero que, sin embargo, ha llegado el momento de hacer.

Es el momento en que hay que decidir. Y J.-A. Miller plantea justo a continuación una pregunta muy cercana a la que me propuso Paula para trabajar hoy.

No sé si la recuerdan…dice así:

“¿…debo acaso al amuro el honor invariable que se me otorga de dar el La de la sinfonía, esa que los miembros de la AMP, nosotros, debemos componer durante los próximos dos años antes de volver a encontrarnos?”. (1)

Cuando leí esto resonó inmediatamente con la interrogación planteada: ¿Qué autoridad funda la escuela?

Entonces me pregunto: ¿Aquél que da el La de la sinfonía, es quien tiene la autoridad en la Escuela?

J.-A. Miller hace una comparación entre la Escuela Una y una orquesta. En una orquesta, quien da el La de la sinfonía, no es el director, es el primer violín. El primer violín es justamente el que es considerado el mejor.

El primer violín es aquel que va indicar el tono. Es a partir de su La, que los diferentes músicos van a afinar sus instrumentos, se van a orientar. Cada instrumento toca lo suyo. Sin embargo, la orientación está dada por el primer violín.

J.-A. Miller señala que él tiene esta misión desde que Lacan estaba en vida. Dice, en este texto de presentación, que la primera vez fue en Caracas.

Tal vez, podemos pensar que las cosas estaban ordenadas de modo tal, que había un director de orquesta y un primer violín.

Creo que hoy, en la AMP tenemos un primer violín. En cambio, a lo que el director se refiere, estamos más en la multiplicidad. Escuela por escuela, sección por sección. Y este lugar, el del Director, se permuta.

Me parece que la autoridad de la Escuela fue dada por su autor / fundador, Lacan.

La Escuela existe por su inventor-autor, Lacan.

El mismo que la fundó, y dijo: “Fundo, tan solo como siempre lo estuve en mi relación con la causa psicoanalítica, la Escuela francesa de Psicoanálisis” (2). Esto fue el 21 de junio de 1964. Lacan fundó y llamó Escuela a la agrupación formada a su alrededor.

Dice J.-A. Miller, en una conferencia que dio en Granada en 1990, que una vez que dijo “Fundo”, ha fundado, a condición de estar en una posición que implica que los otros pueden creerle. Y agrega: nosotros creímos a Lacan cuando dijo fundo. Pero, me parece que lo que aquí es muy importante señalar es que él no fundó con los otros, sino tal como él lo dice, fundó él solo. Lacan se colocó así como siendo el más uno de su Escuela, sin incluirse en la serie.

Esta fue, señala J.-A. Miller una elección forzada que tuvo que hacer Lacan por haber sido rechazado por la IPA. O desaparecía del psicoanálisis o formaba su propia escuela.

Esto constituyó el primer tiempo de la Escuela de Lacan. La Escuela era el lugar de formación en torno a su enseñanza.

Y fue él mismo quien, 16 años más tarde, el 5 de enero de 1980, con la misma autoridad, escribió la “Carta de disolución”.

Poco después de haber fundado su Escuela, en su “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela” (3), define lo que él considera que es el psicoanalista adecuado para esa Escuela de trabajadores. Lo que hace en su “Proposición…” es explicitar su Acto de fundación. Dice ahí claramente lo que ya en su Acto se podía leer entre líneas.

Leemos, así, ese sintagma tantas veces repetido “el analista no se autoriza sino a sí mismo”(4). Lacan consideraba este sintagma como un principio fundamental de su Escuela.

¿Esto es la autoridad que funda la Escuela?

Si es así, implica que no hay, que no existe la comisión que dirá vos sí, vos no sos analista.

J.-A. Miller se refiere a este punto en El Banquete y dice que cuando Lacan lo plantea en las bases de la condición del analista de su Escuela, provoca un escándalo (5). Quienes se escandalizaron, en primer lugar, fueron aquellos analistas que pretendían tener esa autoridad: autorizar o no, a los que se hubiesen postulado como analistas.

Lacan, aquí, deja en claro el lugar central que debe tener el pase en su Escuela.

Autorizarse de sí mismo, ¡va de la mano con la invención! Si se inventa, eso sí o sí, viene con un autorizarse a sí mismo. Y en esto, no hay garantías. Lo hace cada uno a su propio riesgo.

Luego vino la creación de la Escuela de la Causa freudiana, como la contra experiencia.

La Escuela de la Causa freudiana ya se había fundado de otro modo, con otra autoridad. Fue el consejo que creó la Escuela de la Causa freudiana, y Lacan fue quien la adoptó.

¿Cuál es la diferencia entre el Tiempo 1 y el Tiempo 2? Diría que no está en juego entre ellos el mismo acto de autoridad.

En el Tiempo 1, Lacan dice “yo fundo”.

En el Tiempo 2, es un grupo de sus discípulos que toma la decisión de fundar la ECF.

El Tiempo 1 es una fundación: Lacan fundó. Fundó, es autor, con autoridad y que se autorizó de sí mismo.

En cambio, el Tiempo 2, no es una fundación, sino una recreación de lo que fue el Tiempo 1.

A partir de la Escuela de la Causa freudiana, se fueron fundando otras Escuelas. Luego, la AMP, y a partir de allí, la AMP sigue fundando otras Escuelas.

En una entrevista a Miquel Bassols, él decía que la Escuela es el quinto “concepto fundamental del psicoanálisis”. Porque la Escuela es un tratamiento de lo real sobre el que se funda el grupo analítico. Y esto va, afirma Miquel, contra la identificación, que forma al Ideal del Yo.

Sin embargo, Lacan dice, que hay que identificarse al grupo, identificarse a algún lugar del grupo (6). Pero, no explicita allí, a qué lugar.

Bassols insiste: la Escuela es una comunidad de los que no hacen comunidad. Justamente en este sentido, es que se esperan los testimonios de los AE.

Respecto a este tema, quiero ahora decir dos cosas:

La primera, qué es lo que fueron produciendo sobre mí los testimonios de los AE.

Hace muchos años, 25 más o menos, escuché por primera vez un testimonio. Fue el de Bernardino Varon Horne. Salí de la sala con pánico. Ese día creí saber que nunca llegaría a terminar mi análisis, y menos a hacer el pase, que implicaría, entre otras cosas, poder hablar de mi caso con destreza. Pensé que ni loca lograría exponerme delante de todo ese público, que ese día era nada menos que todos aquellos que estábamos en el curso de J.-A. Miller.

A medida que mi análisis continuaba, pasaron muchos años, los testimonios de los AE me fueron siendo cada vez un poco menos opacos. Hasta que fui teniendo la impresión de que terminar el análisis era algo posible. Algunos habían podido, y yo comenzaba a ser capaz de seguirlos y aprender de sus elaboraciones.

Me pude dar cuenta que aunque fuese relativo, había un final posible. Si digo relativo, es seguro a partir de lo que remarcó Leonardo Gorostiza cuando presenté mi testimonio en las últimas jornadas de la EOL.

En su comentario, él puso de manifiesto algo que a pesar de haber escrito varias veces en ese testimonio se me había pasado por alto. Y era que, refiriéndome a temas diferentes, siempre acentuaba el “no por completo”.

Seguramente es también por eso que me interesó y me sigue interesando tanto el testimonio de Esthela Solano, quien ni bien fue nombrada AE, decidió retomar su análisis.

Por otro lado, había pensado que el final del análisis era para otros. En todo caso, de ese conjunto me creía definitivamente excluida.

¿Por qué? Me daba dos razones. Me faltaba la tercera para tener un razonamiento del caldero completo.

Las mías eran:

1-Terminar no quiero. Hablar con un analista es algo fundamental en mi vida, y no tengo nada de ganas de privarme de eso.

2-Nunca voy a poder terminar y hacer el pase. Y esto, porque no sé cómo se termina, no sé cómo se transmite.

Una vez más en mi vida me sorprendí. Un día, sentí una emoción nueva justo antes de ir a ver a mi analista. A través de ella supe de un modo inesperado que el final estaba allí.

Al analista lo vi esa vez, y dos más. Los tres encuentros muy cortos. Sólo el relato de un sueño cada vez.

Sin ni un segundo que perder, pedí entrar en el dispositivo del pase.

¿Por qué esa precipitación? Puedo decirles que porque esa soy yo.

Sabía que había concluido el análisis.

¿Para siempre?

No lo creía.

Pero había llegado un punto y aparte después de 30 años ininterrumpidos. Quería poder decir algo sobre eso.

Porque mi síntoma, que nombré como “no sé”, aunque transformado, sigue estando. Entonces, primero me dirigí al secretario del pase. Durante aquella primera y larga entrevista, lo recorrido en mi análisis fue tomando la forma de su ficción.

Encontré hace poco una frase de J.-A. Miller que me va muy bien. Dice: “Si no comprenden nada, perfecto, enséñenlo”. (7)

Creo que eso hago ahora. Intentar enseñar eso que aún no me es del todo claro. De, cómo la operación analítica se escribió sobre mí.

 

 

Notas:

(1) Miller, J.-A.: “El inconsciente y el cuerpo hablante”, en Revista Lacaniana de psicoanálisis n°17, Bs.As., 2014, pág. 21.

(2) Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros Escritos, Paidós, Bs.As., 2012, pág. 247.

(3) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros Escritos, Paidós, Bs.As., 2012, págs. 261-277.

(4) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros Escritos, Paidós, Bs.As., 2012, pág. 261.

(5) Miller, J.-A.: “La paradoja de la garantía”, en El banquete de los analistas, Paidós, Bs. As., 2000, pág. 238.

(6) Lacan, J.: “Seminario RSI”, inédito, 15 de abril de 1975.

(7) Miller, J.-A.: Piezas Sueltas, Paidós, Bs. As., 2013, pág. 55.