Ecos y reseñasNúmero 2 - marzo 2014

Noticias desde Bélgica: Resonancias del artículo “De la resistencia al psicoanálisis a la división constitutiva de la Escuela. Lección política de un trozo de real”, de Antoni Vicens

 por Christian Martín

posmodernidad204[1]Por estos días, hemos recibido a través de un comunicado desde Bélgica, la noticia de un nuevo triunfo para el campo freudiano: la propuesta de ley que reglamenta las profesiones del campo de salud en ese país, no incluirá el ejercio del psicoanálisis.

Los sucesos pueden seguirse con Antoni Vincens (1), que recorre con claridad la lógica de un movimiento político que culmina en el acontecimiento.

Los intentos de resistencia al ejercicio del psicoanálisis no son atribuibles ya a una gestión aislada, se deslizan sin respiro entre estados decididos a hacer marchar sus presupuestos económicos o sensibles a intereses inconfesables de los laboratorios.

La reglamentación implicaba definir la pertenencia del psicoanálisis en el campo de salud, incluir su ejercicio entre los objetivos universales que se plantean las administraciones actuales en nombre del progreso y, para ello, dejar en manos del Estado la formación del analista.

La psiquiatría involucrada en los resortes de la burocracia del poder se ha servido, a lo largo de estas últimas décadas, de saberes de falsa ciencia para dar con las constantes que permitan la definición de esos parámetros de salud, en los más altos valores posibles. Al hacer pasar al sujeto por la maquinaria de la evaluación, sustituyen el sufrimiento humano por cálculos estadísticos, por lo que desaparece lo real del goce tras la cifra obtenida, con sus más o menos de desvío de la norma, construida por los especialistas y transformada, por su insidencia en la vida cotidiana, en normalidad o uniformidad de los modos de goce, de acuerdo al gusto del consumidor.

J-A Miller en su curso de 2008, preguntándose hacia dónde va el psicoanálisis, en el marco de lo que llamó “un retorno a Lacan” –en función de los desvíos que advertía en términos del énfasis que se le había dado durante los últimos años al psicoanálisis aplicado, a la vertiente terapéutica– plantea que el llamado “verdadero psicoanálisis”, por Lacan, es aquel que apunta a aislar para cada uno la senda del deseo, en su diferencia absoluta. “Esta es una propiedad fundamental del parlêtre: la causa de su deseo depende siempre de un encuentro”, “la modalidad propia de su goce obedece en cada caso a una contingencia” (2).

Esta orientación del psicoanálisis desafía a la norma, frente a la cual la vía de lo singular sólo puede presentarse como un desvío. La reglamentación desde este enfoque no puede sino buscar silenciar al sujeto y el ejercicio de la práctica que le da la palabra.

En cuanto al caso belga, para Antoni Vicens, la lección política que se extrae, es: “la mejor salida a un conflicto es no considerarlo en relación con ningún Otro maligno, algo así como un enemigo radical, sino incluyéndolo en la división subjetiva misma que configura la Escuela”( 3). Si los colegas belgas llevaron la acción hasta este primer éxito, continúa Vicens, se debe a la estrategia elegida: “la que consiste en transformar un ataque en un debate interno. Esa estrategia construyó, por así decirlo, dos frentes. De un lado, evitar toda identificación con el adversario, es decir evitar llevar la cuestión a una lucha imaginaria del estilo nosotros/ellos; del otro, asumir el trozo de real al que apuntaba lo que, más que un ataque, había que considerar, a partir de ese momento, como una interpretación. Mala interpretación, añadimos, sesgada por toda clase de intereses, entre los cuales no faltaría el del ‘bien común’, como suele suceder. El debate entonces debía apuntar, y así lo hicieron, hacia la rectificación de esa interpretación salvaje y su reescritura en los términos que hemos recibido de la enseñanza de Lacan”.

Se inicia una acción política de puertas abiertas a la escena pública, a la que se suman artistas y creadores, que no ignoran, según Vicens, el vínculo que este avance tiene con lo real imposible de su profesión. Destacándose el importante papel de los foros, dispositivo cuyos efectos han sido de vital importancia al considerar el desenlace del emblemático intento de reglamentación francés.

Lieve Billiet plantea, en el primero de ellos, que lo real no se dejó domesticar jamás por el amo. “El psicoanálisis tiene en su punto de mira ese real, es en eso que se diferencia de la psicoterapia. No apuesta por el significante amo, apuesta por la invención particular de cada parlêtre. ¿Podríamos tomar en consideración una política que tome en cuenta ese real?”.

Los analistas salen del ámbito privado para intervenir a través de una acción política directa ante el peligro que implican estos avances, en las coordenadas de un primer antecedente que ha representado la oposición, ante la opinión pública, a la enmienda Accoyer. Y también del llamado, de Jacques-Alain Miller, en 2011 –en su comunicado dirigido a las Escuelas y a sus miembros, uno por uno, a propósito del pedido de liberación al gobierno sirio de la psicoanalista Rafah Nached– a movilizar la atención de aquellos legisladores asediados por burócratas obstinados en ver vacíos legales allí donde se presentan problemas sociales, en reglamentarlo todo.

Con la norma se busca saldar la cuenta que ha dejado impaga el arresto cientificista de las TCC, los legisladores son convocados a purgar por lo que esos saberes invocados “para todos” no han arrojado en términos de ciencia.

El psicoanalista puede ejercer su ingerencia en las reorganizaciones de ese campo normativo, y su intervención es posible, dice Eric Laurent, como facilitador de una lógica no-todo, pudiendo recordar las consecuencias funestas de la evaluación y de la protocolización del mundo.

Se trata de enunciar una interpretación que introduzca una lógica agujereada, que plantee un fuera de sentido en la configuración del sistema autoritario que recae sobre el sujeto, y favorezca respuestas desde lo singular. Pensar en una posición política de este orden plantea, por otra parte, remitirnos a la dimensión del propio análisis al considerar si es posible transmitir un imposible sin arribar antes al de la propia experiencia como analizantes.

 

 

Notas

(1)Vicens, Antoni: “De la resistencia al psicoanálisis a la división constitutiva de la Escuela. Lección política de un trozo de real”, en http://nel-medellin.org/blog/de-la-resistencia-al-psicoanalisis-la-division-constitutiva-de-la-escuela-leccion-politica-de-trozo-de-real/

(2)Miller, J.-A.: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011.

(3) Ibíd (1)

 

Bibliografía

Aflalo, Agnès: El intento de asesinato del psicoanálisis, Colección Afueras de la Ciudad, director Jorge Alemán, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2011.

Tudanca, Luis: Una política del síntoma, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2012.

Miller, J.-A.: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011.

 

 

Un comentario en “Noticias desde Bélgica: Resonancias del artículo “De la resistencia al psicoanálisis a la división constitutiva de la Escuela. Lección política de un trozo de real”, de Antoni Vicens

  1. Muy linda reseña Christian, gracias.
    La verdad es que lo que resuena es algo del orden de la coherencia con la que el psicoanálisis se sostiene y se hace escuchar.
    Me permite seguir pensando la posición a tomar en instituciones como el hospital público..
    Destaco éste párrafo: «Se trata de enunciar una interpretación que introduzca una lógica agujereada, que plantee un fuera de sentido en la configuración del sistema autoritario que recae sobre el sujeto, y favorezca respuestas desde lo singular. Pensar en una posición política de este orden plantea, por otra parte, remitirnos a la dimensión del propio análisis al considerar si es posible transmitir un imposible sin arribar antes al de la propia experiencia como analizantes.»

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