Parte III "El no-todo en la última enseñanza de Lacan"Sin categoría

Noches de Directorio Parte III: El no-todo en la última enseñanza de Lacan.

Gabriel Racki, Christian Martín, José Lachevsky, Mariano Peiró, Belén Zubillaga, Ana Piovano, Eduardo Suárez.

Ventilación  Analítica y el no-todo

Gabriel Racki

Buenas noches es un placer enorme la invitación le agradezco a José Lachevsky y a todo el Directorio de la Sección La Plata por esta invitación.

 1-: El no-todo como brújula

 Las jornadas de La Plata y las noches de directorio introducen una cuestión que  no hay que tomarla como obvia.   Un término que es el no-todo, que viene de las fórmulas de la sexuación, de nombrar un modo de inscripción del ser parlante en la sexuación, lo juntan con el analista, con el psicoanálisis.  Esto es un salto, no es obvio, y ya sugiere una línea. Están investigando (me sumo a eso), y sacándole  todo el provecho a una convergencia entre analista y un modo en el que se nombra una inscripción en la vida sexuada, que no es el para todos fálico. Solo manejándonos con intuiciones primeras respecto al tema, eso suena muy bien orientado. Si el ser parlante por tendencia, podemos decir,  desde las primeras formulaciones de Freud arma una defensa contra la representación sexual inconciliable, o, en términos de Lacan podemos llamar contra el parasitismo fálico.  Es decir, que el ser parlante, habita, se estructura, se sexúa, padece, al ritmo del jaqueo del goce fálico y su tendencia a engendrar un todo defensivo. Entonces, es un corolario casi natural que se  estudie la incidencia analítica, no desde el propio espacio donde el hablante arma su defensa, sino desde la zona enigmática nombrada como no-todo.

 Si nos exigimos  permanentemente, como comunidad, renovar la posición del analista frente a los discursos contemporáneos,  suena con una lógica muy clara y muy orientada que, lo que se viene estudiando como hábitat subversivo del analista, ya sea en el revés del discurso amo, o contra la voz imperativa del superyó respecto al pseudo discurso capitalista,  nos esforcemos por acercarnos también al no-todo.  Como modo de interpelar, de poner en tela de juicio, (este es un término exacto del seminario 20,  capitulo 8) “lo que se engasta en la función Φx como tendencia de fi de x al todo”. Entiendo así este tono de investigación clínica, epistémica y política  que está proponiendo el directorio de la Plata. El no-todo subjetivamente tendrá su dimensión de delicias  así como de angustias, pero se propone indagarlo como un operador clínico y tomarlo tal vez como una brújula crucial de la ultima enseñanza para la incidencia del analista en la clínica, en la Escuela y en la polis.

2-: Algunas verdades e intuiciones primeras:

  Les propongo repasar  sesgos mínimos sobre el no-todo: a-No tomar el no-todo como moderación: para despejar  intuiciones rápidas que uno puede asociar al no-todo,  lo primero es no tomarlo como una moderación. No hay que confundir el no-todo con una versión más psicológica de moderación, de templanza, ese es un peligro muy trabajado por Jacques Alain Miller por ejemplo en el seminario “El partenaire-síntoma”. No confundir el no-todo con incompletud, con totalidad amputada, no se trata de incompletud que siempre tiene como fondo la ilusión de completud. No se trata del ejercicio de decirle a los analizantes: “no-todo, modérese, no se extralimite, no transgreda tanto, no se trata de eso”.

b-   el no-todo  implica otro régimen que la castración y el todo: el sentido analítico es otro régimen de funcionamiento. Si tomamos el funcionamiento subjetivo con el motorcito excepción-todo, como un modo de resumir varias lecciones del seminario 20, como el  parlêtre trata el uno incesante fálico, la pulsión de muerte, el empuje al uno más a través de la castración atribuida a algún agente, o efectuada por el síntoma mismo y sus efectos de falta y empuje a la” ficción todo” para defenderse. Lo que Lacan abre en Aun, es que la mujer, con su inscripción” no-toda” permite pensar en otro régimen. Son intuiciones difíciles de romper, por eso es que les propongo repasarlas de alguna forma. Miller incluso en “De la naturaleza de los semblantes” comenta el no-todo como otra cosa que la falta y enfatiza que despista si pensamos que eso es descompletar el todo. Está en juego otra cosa que la falta y sus tapones, cuando Lacan propone el no-todo, es una lógica no edípica, es una lógica que sustrae la medida que da la excepción.  Otra buena manera de Miller de decirlo en la naturaleza de los semblantes es que el no-todo implica otro baile, que el baile falo-castración. La castración calza al goce pero es un calzado que baila más o menos con el goce, es ponerle un calzado que lastima los pies, y agrega que para Lacan el sujeto femenino está mal en ese baile, no le calza. Y termina con la misma pregunta que  está promoviendo el directorio :¿hasta dónde debe discutirse la teoría analítica para ser consecuente con este nuevo régimen que Lacan esbozó? Miller así nos contagia la pregunta sobre si con este nuevo régimen no debe discutirse toda la teoría analítica probablemente. Es un tema clínico crucial, el analista cae en una tentación  transferencial inevitable, ya que somos todos humanos hechos con esa horma, la de bailar con el falo-castración. Y ante los excesos de la pulsión, tendemos a posicionarnos desde el lugar de agente de la castración. De hecho, creo que tenemos esa tensión todos los  días con cada analizante, eso le da realmente todo su relieve a la investigación sobre el no-todo. Como un modo de orientar la política del síntoma, la pregunta que uno se puede hacer es, cómo orientar esa construcción del síntoma desde un régimen propiamente analítico y no desde una reproducción del “régimen padre- agente de castración”. Tal vez, una viñeta que va a presentar Mariano Peiró nos permite dialogar sobre eso, pero podemos decirlo así: como  posición interpretativa, no es lo mismo estar atento a escuchar y plantearse desde un lugar el veto a la ficción defensiva todista ,  eso es otra cosa que plantarse desde el no y la prohibición.

c-continuidad lógica entre la” grieta de goce” y el no-todo: La otra intuición primera que proponía, la tomo también de un planteo que hace Miller en “Un esfuerzo de poesía”, en el último capítulo,  en un apartado titulado “la era post paterna.  Ya desde el Seminario libro 17 Lacan viene formulando sacarse el lastre del padre y la prohibición para orientar el lugar del analista. Allí lo que entraña una regulación es el propio funcionamiento discursivo del goce.  Hay una grieta por donde se pierde goce, que Lacan nombra como mengua, o entropía, y está en el funcionamiento mismo.  La tramitación del goce por la cadena significante tiene un efecto de repetición y agujero. Entraña una pérdida progresiva para funcionar, y no necesita de un padre que prohíba. En la última enseñanza eso es trasladado al agujero del ser hablante: a la ausencia de relación sexual. Hay una línea entre la perdida de goce  planteada como funcionamiento del discurso a la perdida por el agujero de la relación sexual , el eslabón lógico siguiente es que ese agujero implica la no relación entre el goce fálico y Otro goce si es que existiera, eso es otro hiato para el goce fálico.  La genealogía freudiana de dios así se desplaza del  padre a la mujer, en despertar de primavera la noción padre no es más que un nombre posible de la diosa blanca que permanece otra en su goce. Realmente es una línea muy interesante   para indagar el advenimiento de la categoría no-todo  :  desde lo que llama entropía de goce en el Seminario libro 17 , como un modo de tramitación de goce sin el padre que prohíba, al no-todo más ligado a la diosa blanca y al despertar a otro goce. Entonces,   así ubicamos por distintos sesgos un tratamiento del goce fálico parasitario más ligado a despertar del sueño todista, que, a la prohibición.

3-: el no-todo como operador debe ligarse al infinito.

En el complemento del capítulo 8 del Seminario 20, hay unas páginas preciosas para interrogar el no-todo y sacarle toda su potencia como operador clínico con un énfasis crucial: solo adquiere esa relevancia  asociado al infinito. Les leo nada mas un párrafo que está en la página 124 del Seminario 20, en el cual Lacan viene trabajando algo que han trabajado en la última noche, que es la diferencia entre el no-todo y la excepción. Enfatiza que ese no-todo se convierte en equivalente a la excepción solamente cuando se trata de un mundo finito, solo que podemos vernos con lo contrario, con lo infinito. “Cuando digo que la mujer es no-toda, y por eso no puedo decir La mujer, es precisamente porque pongo en tela de juicio un goce que, frente a todo lo que se engasta en la función fálica (Φx), es del orden de lo infinito”.

 Hago un comentario paso a paso de este párrafo: primero en la lógica clásica aristotélica no-todo equivale a la excepción, en ambos casos se objeta el universal todo. Lacan hace una doble discusión de estos párrafos, siempre por razones clínicas, con elementos de lógica más moderna la excepción no contradice sino que sostiene al todo. El siguiente paso es la equivalencia entre la excepción y el no-todo, es solo en el mundo aristotélico de la esfera cerrada y del conjunto finito, otra cosa es si introducimos lo infinito.  Entonces, conclusión: nos está hablando de un no-todo ligado al conjunto de lo infinito, ahí ya no es el régimen fálico del tratamiento excepción-todo. El no-todo ligado a lo infinito pone en tela de juicio un goce que se engasta en la función fálica, me gusta ese párrafo porque es un modo de subrayar la definición no-todo de un modo bien operativo, “pone en tela de juicio el goce que se engasta en la función fálica”, y luego postula para el final del capítulo que ese no-todo ligado al infinito tiene como consecuencia una existencia indeterminada. Algo así como, si nosotros decimos no todos los patos son blancos y nos piden ubicar a los patos, la respuesta del no-todo, de esta lógica del no-todo, sería: bueno no sé, estará por ahí, andará por ahí, no es necesario precisar su existencia. Entonces, ese capítulo termina Lacan diciendo en los párrafos finales que esa existencia indeterminada, es mucho más cercana realmente a lo que hacemos en la clínica, que no es analítica sino se incita a un decir con valor de verdad. El analizante debe experimentar cierto “toque de verdad” en lo que dice, pero es una verdad siempre a medias, medio dicha, no cerrada, así termina este capítulo: haciendo converger la experiencia analítica mucho más al no-todo, la indeterminación, lo que no  cierra, la verdad medio dicha y a la mujer, que a la aspiración de producir una formula algorítmica del analizante.

 Para terminar este punto y ya pasar al punto final, quiero dejar enfatizado, lo voy a “mal decir” un poco: “introduzcan un poco el infinito”, es la orientación clínica que se desprende de estos argumentos. En todo caso, si se quiere que la experiencia clínica no tome la pendiente de una aspiración filosófica aristotélica, que no se transforme en una pregunta aristotélica que vaya hacia el ser, si se quiere evitar la tendencia a asfixiarse en una burbuja cerrada y totalista del ser, introduzcan un poco el infinito… nos está diciendo Lacan en estos párrafos. Después si quieren, si le parece a Christian, por ahí puedo hacer alguna diferenciación  entre el infinito actual y  potencial, de un texto de Deleuze.

4-: ventilación afectiva:

Para terminar, este punto cuatro les voy a proponer la formula ventilación afectiva que deviene de mi dedicación de este año a Enapol,  al tema del amor, en particular el amor de transferencia, y tratar de aplicar entonces, este cuantor no-todo al amor, como fundamento del inconsciente. Lo cual lo hace mucho más humilde que cualquier idea del inconsciente como una gran estructura subyacente a develar. Entonces, la relación de transferencia es de afecto, no puede quedar achatada solamente a la reducción a una formula mínima del sujeto, ni a amar al otro por su prestigio,  ni como agente de la castración. Sino que, este amor es, lo primero que Freud captó, como lo que brota en la transferencia, en ese encuentro entre los cuerpos.  Entonces, indagamos la orientación no-todo, no solamente en relación al amor sino como un modo de repercusión sobre el cuerpo, para eso les voy a proponer tres puntuaciones finales.

En la última clase del Seminario 21, la clase 15, la del 11 de junio del 74 Lacan define el “no todismo”, usa esa expresión, que “a la mujer le queda para ella un pedazo de su goce corporal”. Aquí, el afecto no-todo en el cuerpo, continua unos párrafos después, “una mujer conserva un poquito más de ventilación en sus goces, está menos ahuecada, que esa relación al inconsciente que tiene el hombre”. En la misma clase había definido la relación del hombre con el inconsciente como hecha de un saber disarmónico, parasitario, fastidioso, que extiende sus raíces lejos del cuerpo, y culmina esta última clase con la explicación conocida que “quien no está enamorado de su inconsciente yerra”. Ahora, llegamos a esta definición sobre el amor al inconsciente como enamorarse de un inconsciente menos ahuecado. Eso ventila el parasitismo fálico, es una manera de decir, la experiencia del inconsciente no es solo el tono  purísimo de revelar una verdad, está acompañada de afectos. Ya sabemos que afectos muy angustiantes pero también de un goce, o regocijo, cuando logra ventilar un poco el todo fálico.

Seminario 24 dos puntuaciones muy breves, una es de “palabras sobre la histeria” clase del 26 de febrero del 77, donde Lacan hace otra definición bien humilde de la práctica “la cuestión es saber si, sí o no el afecto se ventila con palabras,  si algo sopla con esas palabras, que vuelve el afecto inofensivo, es decir, que no engendra síntomas”.  Entonces, fíjense cuando se separa un poco de las pretensiones de equiparar las práctica analítica con la ciencia, la definición simple y humilde que queda. La práctica consiste en ventilar el afecto con palabras para que no engendre síntomas. Más adelante dice en esta misma clase “lo que nuestra practica revela es que el saber inconsciente tiene una relación con el amor”. Entonces nuestra práctica no revela ningún gran tesoro reprimido, apenas revela una relación de amor con el saber inconsciente. Entonces ventilar el afecto de las palabras, es que, en lugar que las palabras engendren síntomas, como una pura maquinaria de sustitución  pulsional, las palabras se orienten a una relación de amor al saber inconsciente”.

 Finalmente, en la  anteúltima clase del Seminario 10 de mayo del 77  “lo imposible de aprender”,  da un paso más para precisar esa relación de amor al saber inconsciente. Ahí, van a encontrar que Lacan retoma fuertemente lo trabajado en el Seminario 20 del inconsciente como enjambre de unos.  Un desierto, como · un paquete de unos”  que no se dirigen al Otro, sino que afectan el cuerpo ¿Cómo de ellos se engendra un saber? esa es la pregunta que se está haciendo Lacan en esa clase. Cómo de un paquete de unos que afectan el cuerpo, cómo se engendra un saber, dice ahí. Entonces viene la frase equivoca que le da el título al seminario “lo no sabido que sabe es el amor”, el amor entonces aparece definido como lo que arma una ligazón de saber de lo que son unos solos, no es el amor dirigido al Otro, acá lo enfatizado.  Es el amor como una chispa que enciende una ligazón de saber a partir de los unos solos. Eso produce un “sentimiento de Uno dice Lacan ahí, donde hay pura multiplicidad y enjambre. Hélène Brousse lo comenta esto mismo “como una energía del cuerpo sin localización que capta al ser hablante como uno en su existencia global”, esto está en la página 236 de “Lo femenino”. Entonces, la práctica al psicoanálisis aquí, no sitúa el amor ni por amor al Otro que sabe, ni por amar al agente de castración, ni como un agregado o algo más estructural que el amor. El inconsciente mismo como saber equivale al amor, eso también puede designarse como ventilación, “es un invento no todista, porque no tiene como fondo un saber todo previamente inscripto en algún Otro y porque repercute como goce en el cuerpo, el goce o entusiasmo de inventarse algo, al mismo tiempo que se veta algún universal.”

 Entonces, para terminar, el esfuerzo de pensar el psicoanálisis en la era de  declinación del semblante paterno, o de lo que Miller llama época de “Un-dividualismo moderno” (neologismo en contratapa del Seminario 19),  implica también dejarse llevar por este esfuerzo de Lacan de acercar la praxis a un inconsciente que no es una estructura previa, inscrita, de lenguaje, ni estructurada por el Edipo. Sino que el inconsciente es el amor de inventarse algo con el analista, es el amor como el goce de ese invento, a partir de los traumas de la lengua. Un invento no todista más ventilado para vivir y enlazarse al Otro de un modo un poco más satisfactorio.

Nudo y no-todo.

Mariano Peiró

Algo recomienza con el Seminario 21, el pase de Lacan que llega hasta el seminario 20 y lo introduce de lleno en el nudo borromeo, escritura donde, ISR son uno, no tienen absolutamente nada que ver con el otro, no se puede decir nada común entre ellos. Diferentes, incomparables, sin ningún todo que los agrupe. Topología que tiene una lógica no-todo: ningún registro es más importante que el otro, no hay jerarquías, no hay orden determinado, no hay relación dialéctica, ni de transformación, ni de evolución. Sí tenemos la posibilidad de enlazarlos de tal modo que ya no se escapan, quedan atados  y, con una de sus características fundamentales, ninguno de a dos (diferencia con el nudo olímpico). Por eso podemos verificar que si cortamos uno de ellos los otros nunca tuvieron nada que ver entre sí. Aquí el imaginario descubierto por Freud como narcisismo es un imaginario sin relación con signos ni señales ni simbólico ninguno, es solamente una consistencia, y también sin ninguna relación con lo real del cuerpo. Y lo simbólico es lalangue, que destruye lo imaginario, no tiene relación ninguna con él. Tres consistencias de toros impenetrables, sin intersección ni transformación como pensó Lacan en su primer enseñanza: aquí ninguna imagen se significantiza ni ningún significante se imaginariza. Sin embargo anudando de determinadas maneras (la famosa “de la buena manera”) podemos establecer algo en común entre cosas que no lo tienen en una lógica binaria, de todo y excepción.

Acting out, Amor de transferencia y Deseo del analista

Año 1973, mucha producción de Lacan: “Nota italiana”, «La introducción a la edición alemana de los Escritos”, “Televisión” y Seminario 21 son solo algunos de los lugares donde Lacan hace fuertes avances en torno al amor, la topología le permite articular de otro modo sus desarrollos sobre el hombre y la mujer, sus relaciones, sus arreglos posibles con “no hay relación-proporción sexual”.

 Me sirvo de la conocida cita de Televisión: “Ahora bien, el discurso analítico, él, promete: introducir algo nuevo. Esto, una enormidad, en el campo en el que se produce el inconsciente, ya que sus impasses (entre otros por cierto) se revelan, primero, en el amor”

Ahora clase 4 del Seminario 21: “Un buen hombre y una buena mujer que habrían recorrido un camino juntos. En el horizonte del amor estarían el abuelo y la abuela. Hay esto en el inconsciente. Sin embargo quisiera sugerir que quizá no sea todo. ¿Cómo ama un hombre a una mujer? Por azar” Hay en estas ´páginas una crítica general al amor trascendental (con el que todos nos enganchamos nos avisa Lacan) y una puerta abierta a pensar al amor como acontecimiento.

Creo que podríamos coincidir en que Lacan tuvo ideas de que había una dimensión real en la transferencia desde antes de su última enseñanza. Me ubico en sus hermosas lecturas clínicas de casos de acting out en el Seminario 10, posición y respuestas del analista frente a ellos. En este seminario empiezan sus ideas sobre esa dimensión real en la transferencia: sus argumentos sobre la transferencia salvaje, la dirección del acting al analista, qué hacer con ello… y decía que lo imaginario no servía, ni conseguir que tenga más autoestima, ni decirle que uno lo quiere muchísimo, que no se haga daño, abrazarlo, toda la sugestión que se nos ocurra. Tampoco había solución por lo simbólico y el posicionamiento como SSS, la interpretación no funcionaba. En esas páginas Lacan es muy explícito en que algo distinto se puede hacer, pero podría decir que lo mediodice: “Es algo que está articulado pero no es articulable”. Es algo que está en la estructura, pero fuera del lenguaje. Famosas palabras de Lacan de su Seminario 10: “Formula que si bien no demuestra mejor su eficacia, quizás sea tan solo porque no es articulable. Pero esto no significa que no esté articulada. Es “yo te deseo aunque no lo sepa”. Allí donde consigue, por inarticulable que sea hacerse oír, esta, se lo aseguro, es irresistible” ¿Qué produce en un paciente en acting out esa certeza insondable de algo más genuino, de que sus palabras fueron realmente escuchadas, que ese analista se la jugó por él? ¿Cómo explicar en Margaret Little ese efecto de autenticidad total que se produce en Frida más allá de todo argumento de saber inconsciente? ¿Qué se toca más allá de lo imaginario y lo simbólico? Estas preguntas  estuvieron, en mi opinión, siempre presentes en la problemática clínicas del amor, en la transferencia como amor de transferencia y por supuesto en lo enigmático del deseo del analista. Ese “te deseo aunque no lo sepas” muestra rápidamente ese efecto de terceridad, algo cuya autenticidad escapa a la relación dual. ¿Acaso estos temas no estuvieron siempre un poco de costado en la teoría psicoanalítica? Conjeturo que algo de este amor real, el amor de transferencia, cosas claramente vinculadas a un goce corporal, que se siente en el cuerpo, indefinible, indecible, no-todo y que no tiene nada que ver con los goces de la pulsión es recién en el nudo que pueden ir teniendo una localización, un lugar posible. Hemos desarrollado mucho en Psicoanálisis el aspecto de motor, de obstáculo del amor de transferencia, pero siempre como algo a “manejar”, a encontrarle la vuelta diría para que nos permitiese poder trabajar con la estructura significante, estructura que estaba en el inconsciente y donde no tenemos ningún amor… una estructura significante con un real posible de goce, eso es lo que sostenía la orientación general de los tratamientos. En cambio la última enseñanza desplaza drásticamente el acento puesto en la definición de amor de transferencia, amor al saber, SSS.

Paso a una viñeta clínica: C, dado en adopción a los pocos días de su nacimiento, es un hombre que va a contramano del mundo. Su gusto por lo prohibido lo ha llevado a todo tipo de excesos: drogas, alcohol, peligrosas transgresiones y un odio profundo frente al otro. Cansado de mendigar cariño explota su violencia de todas las maneras imaginadas, una tras otra, sin límites. Su relación al otro (amistades, familia, parejas) se desarrolla en su totalidad en términos de todo o nada, lo que lo deposita siempre y sin excepción en un profundísimo y acuciante sentimiento de soledad. Solo en sus sesiones habla sin tapujos, suelta su angustia, llora. Con esta analista, quien lo atiende en las difíciles, cuando su vida pierde sentido, dentro y fuera de la sesión, cuando se hace mierda, cuando se destruye. Goce fálico desatado, fuera de cuerpo que vez por vez encuentra un límite en la respuesta de la analista, no tanto en sus palabras, sí en su presencia.  Luego de su sorpresa frente a una visita de esta en su internación voluntaria, dirá haber sentido una emoción inédita, “algo inolvidable… la que se puso la camiseta por mí, la única que lo habría hecho”. C mejora, disminuyen sus actuaciones, el todo o nada mortificante da lugar a espacios intermedios donde piensa, para, se rearma y sigue. “Con la violencia voy a quedar solo, en cierto punto me gusta, pero no lo quiero más”.

¿Cómo conceptualizar esa certeza, la que produce un decir y se manifiesta como un acto del analista atravesado por su deseo de analizar que hace sentir un goce del cuerpo y de la vida y que resuena en ambos cuerpos, el del paciente y el del analista? ¿Qué es eso que se inscribe más allá del régimen especular y de los ideales?

 Vuelvo a la clase 4 del Seminario 21 donde Lacan desarrolla y busca argumentos para llegar a una dimensión real del amor que pueda articularse a esta altura en su nudo borromeo de tres, nudo que le permite disponer de tal manera a los registros I, S y R para que siempre uno haga de medio y los restantes dos de extremos.  Poniendo a lo simbólico de medio tenemos el amor simbólico, amor característico de la tradición occidental cristiana que llama allí “amor divino”, amor inherente al saber inconsciente. Es el amor del “largo viaje juntos” también dice, es el amor hasta llegar a ser “abuelo y abuela” o “compañero y compañera” en la militancia. Es el amor a los ideales, regulado siempre por el NP y que sostiene fuertemente en su interior una lógica del no y del todo. Es un amor que niega la diferencia entre los sexos, sostiene la degradación de la vida amorosa, produce culpa y desprecia el aspecto imaginario del amor. Dice Lacan que este amor trascendental produce un rechazo del deseo, une al deseo a una finalidad.

También está el amor cuando es lo imaginario lo que hace de medio, es el del enamoramiento, es el amor antiguo que ya ha ido siendo sustituido por el amor simbólico, y que explica el florecimiento en el feudalismo del amor cortes.

Si poniendo a lo imaginario como medio el amor termina rápido, se marchita enseguida o conduce indefectiblemente a la desilusión, el amor simbólico podría parecer de mayor duración pero también fracasa…Así aparece esta idea de Lacan de poner a lo real como medio y eso “ya podría no ser un fracaso”. Plantea en estas páginas que todo ese amor imaginario fue totalmente trastocado en la historia de la humanidad, dando lugar a la generalización del amor simbólico pero con un alto costo, el de la represión de un deseo que retornó en lo real en la invención freudiana del dispositivo analítico, donde el deseo vuelve a ser algo desanudado de su solución de amor simbólico. Es exactamente esa dimensión real del deseo lo que hace al deseo del analista. ¿No es un deseo articulable a un amor real lo que posibilita esos efectos de apaciguamiento, estabilización, mejoría como en el caso que recién leímos? ¿Qué es lo real del amor sino un goce que emerge de la posición del analista y que a veces se transmite en el analizante?

El presente de la política identitaria

Eduardo Suárez

Hace un tiempo, Eric Laurent nos recordaba en Córdoba que a partir del año cero y la propuesta de zadig por parte de Miller algo se agrega a la formación del analista. A partir de 2017 la necesidad  de incidir en la política por parte del psicoanálisis no es un área de interés para algunos espíritus inquietos sino algo que hace al campo de intervención del analista en la que nos tenemos que formar.  

Hoy en el campo de la política, la crisis de las democracias representativas, que conlleva, a su vez, crisis de autoridad, de credibilidad en el sistema democrático, y, de gobernabilidad, produce dos efectos clave para el seguimiento de los avatares de la civilización por parte del psicoanálisis, que conciernen sobre todo a los regímenes identificatorios que vienen a responder a ella, a saber: los denominados nuevos populismos y los crecientes movimientos identitarios.

Ambos procesos competen a la cuestión de las masas contemporáneas, y es de particular interés, y acá encuentro un vínculo con nuestra formación específica, el ascenso de la segregación que tales efectos entrañan.

La “evaporación del padre” tal como designa Lacan en su “Nota sobre el padre”([1]) a esta determinación mayor, arrastra con ella a la de las identificaciones. Este proceso lejos de comprometer sólo al semblante, deja al descubierto el trozo de real en que tales funciones se soportaban. Respecto del padre, se produce un cambio de registro por el cual, allí donde la consecuencia natural de la función paterna era la de una segregación simbólica, ahora quedará una cicatriz ([2]) por la que Lacan anticipa un ascenso de la segregación que debe ubicarse en el registro de la realidad efectiva. En el plano de las identificaciones, también permanece algo que no se evapora, y es la necesidad del parlêtre de ser parte de un Otro que lo reconozca como ser hablante. En la medida en que porta un cuerpo habitado por un goce, lo gregario es un llamado a un tratamiento para ese goce adquiera una modalidad.

Lo social entonces, hoy deja ver su cara real al colectivizar a sus integrantes unificándolos por una determinada manera de gozar. Por pequeño que sea ese universo y por más que hoy se hable de las micro sociedades en las se fragmenta lo social, a cada identificación, a cada identidad familiar, o cultural perdida, le va a corresponder la aspiración a una nueva que se va a sostener ahora sobre la base de una segregación, en un movimiento que puja por materializarse. Y los discursos que pretenden instaurar esas nuevas identificaciones pasan a ser, necesariamente, discursos de restauración y de promesa de una vuelta al lazo social perdido. Las identidades hoy, no son simplemente afirmadas sino reivindicadas y enunciadas como reconquista. Valga como ej. La lucha actual de J. Buttler por combatir las derivas neofacistas de muchos movimientos identitarios que sus trabajos estimularon. Por su parte, los nuevos populismos asientan sus triunfos electorales en la utopía de una refundación de una identidad fuerte, en contra de supuestos enemigos a los que se signa y designa como culpables del desfallecimiento de la tradición.

A punto tal que J-A Miller en su seminario “Un esfuerzo de poesía” nos habla del retorno sensacional del discurso del amo ([3]). Como bien lo ubica la expresión, no se trata simplemente de un retorno, sino de un retorno calificado, en tanto corre por el camino de la nostalgia y la reivindicación, persiguiendo al goce diferente. Y en su curso Extimidad encontramos una definición de la operación de este del amo sobre lo éxtimo que es crucial para el tema que nos ocupa: 

Hay un envoltorio político de este hiato, (se refiere al que se produce entre la identidad y el goce que queda fuera de su régimen) un encubrimiento por parte del amo, en la medida en que el libra de la extimidad y la hace sentir, llegado el caso, esa opresión como exterior. ([4])

Cuando la extimidad del goce se rechaza, ella retorna en la figura del enemigo odiado. El discurso del amo explota esa propiedad de estructura haciendo de su compleja topología un simple ordenamiento maniqueo, interior – exterior, amigo – enemigo etc.

Por eso, la política en estos días, necesita, como decía Eric Laurent ([5]), de un esfuerzo de poesía analítica. Es una manera de decir que la política necesita de los efectos del no-todo.

Por eso también debemos acompañar y saber leer lo que en otros campos se produce en el mismo sentido.

Quiero traer a modo de ejemplo una intervención de Francois Jullien en su libro “La identidad cultural no existe”, autor que siempre, con diferentes recursos trata de producir esos efectos, en este caso apelando al término ecart en la lengua francesa. Dice así:

Ecart se traduce en inglés por gap. Pero ecart significa lo contrario. Gap designa la zanja que separa (es pariente de nuestro término “grieta”); ecart nombra una distancia que se abre y establece una comparación, hace aparecer un “entre” que pone en tensión lo que ha sido separado y le permite a cada término comprenderse con respecto al otro. (…) Por el contrario, la diferencia es la que, asociada con la identidad, aísla y escencializa las culturas. La diferencia nos retiene en el impasse del universalismo o el relativismo. Una vez ahí, es imposible salir de la diyuntiva. (…) Al contrario que la diferencia, que deja cada término en su sitio, en su aislamiento, es el ecart el que, comparando y poniendo en tensión lo que ha sido separado, puede efectivamente producir un común, un común no empobrecido, sino activo e intensivo. (…) lo común no es lo homogéneo ni lo similar sino lo que se comparte. ([6])

Cómo nos recuerda M-H Brousse en su artículo para la gran conversación sobre “La mujer no existe” las palabras de Lacan en Encore: “… atención, no transformemos el no-todo en consigna o en esperanza, se desvanecerá entonces inmediatamente! El silencio le va bien también.”

En efecto, la experiencia del no-todo que nos interesa, no se trata tanto del goce del buen vivir como de una eficacia, incluso de una pragmática, que tiene en su vez por vez la capacidad de disolver el efecto universo y su pendiente segregativa.

No solo eso, sino también el deber de extraer de allí una enseñanza, incluso de inventar un saber, y, si se quiere, un paso más, hacerse responsable de seguir sus consecuencias, sencillamente porque cada vez que surge algo nuevo a la corta o a la larga se lo usa para la lógica del todo.

Para el movimiento de inicio, se necesita del analista, para los otros del analista y de una Escuela a su altura.

Notas

([1]) Lacan, J., “Nota sobre el padre”, en Revista Lacaniana de psicoanálisis N°20. Carta al Padre, Publicación de la EOL, Buenos Aires, 2016, pág. 9.

(2).  Ibid.

(3).  Miller J-A, Los cursos psicoanalíticos de Jacques- Alain Miller “Un esfuerzo de poesía”, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2016.

(4). Miller J-A, Los cursos psicoanalíticos de Jacques- Alain Miller “Extimidad”, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2010, pág. 27.

(5).  Laurent, E., Seminario en la EBP, Radio Lacan, 2018.

(6).  F. Julien, La identidad cultural no existe.