CartelesNúmero 6 - diciembre 2015

Nadie sabe escribir…

Nadie sabe escribirNoche de Carteles: Hablan los Cartelizantes III, Escrituras – EOL Sección La Plata, 5 de agosto de 2015

 

Laura Aranciaga

 

No había hecho la experiencia de Cartel. Casi tomándolo como requisito, me dispuse a armar un Cartel, aceptando la invitación proferida por el MOL –a quienes formábamos parte de ese movimiento– con alegría pero no sin un poco de desconcierto. Movimiento que anticipó y gestó la creación de la Sección La Plata en la que hoy me inscribo como asociada, no sin ser cartelizante.

Decía que bajo esa invitación me dispuse a armar un Cartel, dispositivo del cual muchos podían decir algo a nombre propio, y que en las noches preparatorias, durante ese tiempo de gestación, se repetía entre otras definiciones la de ser “órgano de base de la Escuela”.

La Escuela pone a disposición ese dispositivo desde su origen. Lo crea, pero también en su andar lo promueve, lo resalta, lo elogia, lo interroga, sin hacer de eso un ideal. Nos encontramos entonces con lo que la Escuela hace del y con el Cartel, y lo que cada uno en su tiempo hace con él. Le deja a cada uno la posibilidad de inventarlo cada vez.

En palabras de Miller, el carácter contemporáneo del Cartel y la Escuela lleva a suponer que son congruentes, por tanto será posible preguntarse en qué lo son.

La respuesta que puedo darme es a partir de haber hecho de eso algo ejercitable; me es posible hoy empezar a pensar la lógica de Escuela desde adentro. Como dice Bassols en la entrevista que le realiza Marisa Morao, publicada en la página de la EOL: “se debe pensar el Cartel como puerta de entrada a la Escuela, permitiendo articular la topología de la relación del Sujeto con el saber en el Discurso Analítico”. (1)

Elaboración sostenida sin jerarquías, pero provocada. ¿Qué relación al saber propone el Cartel? ¿Bajo qué modalidad de lazo social se estructura? ¿Cuál es su producto en cada caso?

Tenía decidido que iba a participar de las Jornada de Carteles, veníamos reuniéndonos en forma regular y cada reunión, así como los intercambios en “el mientras tanto”, iban armando una lógica-dinámica de trabajo, lo que no había estado preestablecido pero sí sugerido. El trabajo común y el trabajo de cada uno, lo que hacía comunidad y lo que no. La subversión del sentido común y las resonancias comunes.

No es casual que a la salida de una reunión no se hable demasiado ni con el bla bla bla. Algún comentario repetido sobre un detalle de los problemas de quién conduce el auto en el que nos trasladamos, no mucho más: no hay efecto de comunidad de saber a la salida de los encuentros, no para mí al menos. El efecto podría aproximarlo a un efecto de impasse, hoy lo recupero a posteriori a pesar de saberlo como conocimiento. Ese impasse también aparece en los momentos previos a cada encuentro, muchas veces hace de vacío, de no sé que puedo decir hoy, o no leí lo suficiente, o no entendí lo que leí. Un poco como quien desconoce la modalidad operativa del saber no sabido o que a veces conoce demasiado bien el lazo que propone el discurso que tiene al saber en el lugar del agente.

Escribir para las jornadas era casi una convicción, no había pensado qué y no sabía –ni por asomo– si algo del propio trabajo podía pasar a un escrito: ¿tenía que saber qué escribir?, ¿tenía que saber para escribir?, ¿o escribir para saber qué puede uno decir de su propia elaboración y/o de su propio rasgo?

Fueron tres trabajos. El primero lo escribí de corrido, me afectaba una infección en el oído que nunca me había ocurrido. El texto del mail (enviado al Más Uno) decía: “esto es lo que pude escribir…en nuestro próximo encuentro tal vez pueda conversar con ustedes lo que no pude escribir”.

A los pocos días recupere la audición y esa interferencia (sordera), que me ponía a salvo de mi propio síntoma, se diluyó y la aspiración a un escrito todo, sin nada propio, por considerar  lo propio como no estando a la altura de una jornada de carteles, no tardó en transformarse en una aspiración sin más sentido que el conocido por mi propio trabajo como analizante.

La respuesta del Más Uno fue clara, con resonancias cercanas a una interpretación, “hay que ir más despacio”, refería a la argumentación y agregaba: “lo que me sigue pareciendo precioso de tu trabajo y es el sello del mismo, es cómo llegaste a decantar tu rasgo, y eso me parece más que suficiente para participar de las jornadas”.

No fue sin este rodeo que hoy puedo concluir: la decisión de escribir pudo transformarse en una experiencia cuya marca fundamental es la de haber podido soportar una elaboración  propia que bordea, como otras, el agujero de lo imposible.

 

 

Notas:

(1) Bassols, M.: “Entrevista”, realizada por Marisa Morao, Cuatro más uno #5, http://cuatromasuno.eol.org.ar/Ediciones/005/template.asp?El-Cartel-en-las-Escuelas-de-la-AMP.html, 2014

 

Bibliografía:

Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

Bassols, M.: “Entrevista”, realizada por Marisa Morao, Cuatro más uno #5, http://cuatromasuno.eol.org.ar/Ediciones/005/template.asp?El-Cartel-en-las-Escuelas-de-la-AMP.html, 2014

Tarrab, M.: “En el Cartel se puede obtener un camello”, Más Uno N°3, EOL, Buenos Aires, 1998.

Tudanca, L.: “Pasando el Cartel”, Cuatro Más Uno N°4, http://cuatromasuno.eol.org.ar/Ediciones/004/template.asp?Los-AE-y-el-cartel/Luis-Tudanca.html, 2013.