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26 de Mayo 2021 -Noche de Biblioteca: «Leer un texto. Marcas y experiencias»

Experiencias de lectura. Del sentido a la letra.

Manuel Carrasco Quintana

Piglia dice en su libro, El último lector ([1]), que hay ciertas lecturas que más que un sentido producen una experiencia y que en lugar de preguntarse qué es leer conviene preguntarse quién es el que lee.

Leer un texto siempre comporta esta dimensión, los textos lacanianos en particular nos confrontan de lleno con otro aspecto: la imposibilidad de comprender.

Marcas y experiencias

Primera:

Recién egresado de la Universidad, con la dosis de psicoanálisis inoculada necesaria como para iniciar una búsqueda pero no la suficiente como para estar bien orientado.  Sólo sabía que mi interés se vinculaba con el psicoanálisis, y más específicamente, con Lacan. Lo sabía gracias y a pesar de la transmisión universitaria. Pero también sabía, había tropezado, con la dificultad de su lectura. Que su estilo de escritura no era muy logrado, que se debía a que era gongoreano y por eso tan barroco, que las traducciones eran pésimas, etc, Un compilado de argumentaciones que circulaban por aquella época que intentaban atemperar la angustia que produce el encuentro con sus textos.

En la búsqueda me encuentro con un anuncio: “Lacan para estudiantes”. Pensé, esto es justo para mí. Alguien que enseñe a Lacan pero para principiantes. Alguien que me lo enseñe. Cuando me encontré con el responsable del curso, German García, advertí el malentendido. Lo primero que dijo, con su sonrisa socarrona, fue que, lógicamente, todos en tanto lectores de Lacan, somos estudiantes. Nunca dejamos de serlo. El se incluía, lógicamente. La ilusión de alcanzar ese saber digerido se desvanecía.

Segunda:

Sede de Cita. Curso de formación en psicoanálisis. Mi encuentro con Lito Matusevich. En una clase se propone hablar de la paternidad. Dice que tiene un libro muy especial que le ha enseñado mucho acerca de cómo conviene ejercer esa función. Mientras comienza a hablar lo hace circular entre los participantes. El título era algo así como Consejos para ser padres. Cuando llegó a mis manos me encontré, no sin sorpresa, con un ejemplar de unas 300 páginas, perfectamente encuadernado, pero que al abrirlo dejaba ver todas sus hojas en blanco.

Elegí estas experiencias de los comienzos de mi formación no por azar. Ellas produjeron en mí una marca que aún perdura. La del encuentro con una experiencia inédita de lectura, que me confrontó de lleno con el agujero en el saber y que, lejos de producir un efecto de inhibición, funcionaron como motor de lo que hasta hoy opera en mí como causa.

Cuando recibí la invitación a hablar de las marcas y experiencias en torno a leer un texto, aparecieron estas experiencias y no me soltaron.

De la primera recorto el encuentro con un “maestro estudiante”.  Fui en búsqueda de un  saber que me salvara de la incomodidad, que me diera la llave para entender a Lacan y me encontré con un maestro en posición de estudiante. Leer a Lacan siempre te deja en una posición de estudiante, es decir, dividido. Claro que no se trataba de cualquier estudiante sino de uno que nos invitaba a leer los escritos de Lacan a la letra, renunciando a la ilusión de comprender. No hay metalenguaje, solía remarcar.

Jacques Lacan enseñó, nos recuerda Miller, “a leer Freud a la letra. Para ello, fue necesario enseñar que no se leía Freud. No se lo leía porque se creía comprenderlo”. ([2])

La famosa frase de Lacan, que también circulaba por aquella época, aquella de que sus escritos no eran para ser leídos cobró entonces un nuevo valor para mí. Podían ser leídos pero a condición de ser leídos como se lee en un psicoanálisis. Es decir, a la letra. Se trató de una experiencia de lectura que fue, a su vez, una orientación clínica.

Analizar es fundamentalmente saber leer, nos dice Miller en Leer un síntoma, “El psicoanálisis no es sólo cuestión de escucha, también es cuestión de lectura”(…) ([3])  “La lectura, el saber leer, consiste en mantener a distancia la palabra y el sentido que ella vehiculiza a partir de la escritura como fuera de sentido…como letra, a partir de su materialidad”. (4)

La segunda experiencia me confrontó, de un modo genial, con el agujero del saber. No hay nada para decir acerca de la paternidad en términos universales. Al menos desde el psicoanálisis.

No hay un saber universal a ser transmitido. Eso es lo que sostiene el discurso universitario. Lo que hay es una experiencia de lectura, cada vez. Se trata en todo caso del encuentro con un saber agujereado, una experiencia del no todo.

Lacan sostiene, en el Departamento de psicoanálisis de Vincennes, que “el discurso psicoanalítico no enseña nada. No tiene nada de Universal: por eso no es materia de enseñanza”. A la vez que se pregunta “¿Cómo hacer para enseñar lo que no se enseña?” (5)

Lo que me interesa recortar de esta experiencia, finalmente, es el pasaje de la búsqueda de un sentido, de un sentido que viene del Otro, de un saber que se enseña, al encuentro con una experiencia de lectura orientada por el deseo.

Por último, un tercer punto, actual. La traducción.

Hoy, 20 años después de aquellas experiencias, un entusiasmo renovado vuelve a empujarme a lo no sabido.  A la incomodidad. Me ofrezco a participar del equipo de traducción de Lacan Web Television. Un acto de arrojo, ya que sería mi primera experiencia en esa materia, y un desafío enorme para mí. Desde entonces me pregunto si sabré lo suficiente, respuesta inconclusa que deja lugar a la experiencia.

Me encuentro, no solo con las dificultades de leer un texto en una lengua que no es la materna, sino que además tengo que hacer una traducción.  Si, como dice Miller, Lacan “no hablaba la misma lengua que el resto del mundo (…) que la dificultad resulta de su uso singular de la lengua común (…) transformando extranjera vuestra lengua materna.”(6),  intentar traducirla a su vez a otra lengua, es decir al español, se vuelve una tarea imposible, aunque apasionante. En ese embrollo, guiado por el deseo, por aquellas marcas de mi experiencia, me encuentro por estos días…

Notas

([1]) Piglia R., El último lector, Anagrama, Bs. As. 2005, pág. 24.

(2) Miller, J.-A., Lacan enseña, en  http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/001/template.php?file=arts/alcances/miller.html

(3)Miller, J-A., Leer un síntoma, en revista Lacaniana N°12, publicación de la E.O.L., Bs. As, 2012, pág. 10.

(4) Ibid, pag. 17.

(5) Lacan, J., ¡Lacan por Vincennes!, en revista Lacaniana N° 11, publicación de la E.O.L., Bs. As., 2011, pág. 7.

(6) Miller, J.A, Lacan enseña en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/001/template.php?file=arts/alcances/miller.html


Experiencias que escriben marcas

Cecilia Valfiorani

“Leer un texto” es una expresión que admite varios sentidos, y que enlaza la teoría, -lo que leemos con el objetivo de aprender/saber-,  con la práctica clínica, si entendemos que en un análisis se realiza un trabajo de lectura del escrito que cada analizante trae. Todo el tiempo teoría y práctica resultan entrelazadas en nuestras lecturas.

Convocada para esta noche, voy a compartir algunas experiencias de mis encuentros con textos, libros de psicoanálisis, que dejaron marcas indelebles. Hay experiencias que van pasando, se suman, y otras que hacen marca, inscriben una diferencia. Recorto aquellas que vinieron a mi encuentro cuando recibí la invitación para hoy.

Una de los orígenes: mi primer encuentro con un texto de Lacan fue en la Facultad, cursando la carrera. En mi recuerdo, aquel escrito se titulaba “¿Por qué no hablan los planetas?”, cuando en realidad, no es ese el título, sino el primer apartado del capítulo “Introducción del gran Otro”,  Seminario Libro 2. Imagino que el impacto que me produjo fue tal que reacomodó esa pregunta en un primer plano. Marca de gran perplejidad y completa desazón frente a lo que me resultaba absolutamente incomprensible. Buscar en ese capítulo algún sentido, una respuesta, fue un fracaso. Era como leer otro idioma, otra lengua, o como si estuviera gramaticalmente mal construido. Llegué a preguntarme si estaría mal traducido, lo que obviamente no era posible siendo un texto que circulaba por una carrera universitaria. Concluí que el problema era mi saber insuficiente y que la solución era convocar a alguien que enseñe, apoyada en la ilusión de acceder a un universo de saber completo que sería posible alcanzar. Allí inicié mi primer grupo de estudio sobre Lacan.

Con el tiempo, y con variaciones que incluyen jornadas, lecturas compartidas y solitarias, seminarios y carteles, esa lengua extranjera se fue volviendo familiar.

Una segunda marca tuvo lugar durante el trabajo de cartel sobre El Seminario, Libro  22. A partir de nuestra lectura muy minuciosa, tratando también de entender, encontramos una contradicción importante en el texto. Se trataba de dos afirmaciones diferentes, casi opuestas, acerca del mismo tema. Era un punto sumamente importante ya que a partir de allí se desprendían orientaciones clínicas distintas. Al consultar con la más uno, ella responde: “Si, Lacan se contradice, no lo resuelve”. “Y entonces, ¿cuál es la orientación a tomar?”, fue la pregunta acuciante. “Y no sé,…oriéntese por la clínica.”. Respuesta preciosa que adquiere su valor a partir de allí, ya que permite un envés en la relación con los textos, no es el texto el que puede aportar la fórmula a verificar en la clínica, sino la clínica la que conduce a interrogar los textos, una y otra vez.

Esta enseñanza también ayudó a poder soportar la contradicción, lo que no se resuelve al menos en una primera lectura, dejando escrito al lado del párrafo un signo de pregunta que ubica lo incomprensible y poder seguir leyendo. Para volver en otro tiempo o dejarlo así.

JAM en “Lacan enseña”, plantea que tratándose de Lacan, no hay solo una respuesta a las preguntas que podemos hacerle a sus textos. “Hay varias y ellas pueden contradecirse sin dejar, no obstante, de ser cada una verdadera. Precisamente esta inconsistencia dice algo de Jacques Lacan – tanto más: reproduce algo de su discurso.” (1)

Leyendo sobre el tema encuentro que en el campo de la lógica las llamadas “Lógicas inconsistentes” admiten las contradicciones, es posible construir sistemas donde algunas proposiciones son verdaderas, otras falsas, y otras verdaderas y falsas simultáneamente.

Creo que esta inconsistencia dice también algo de nuestra práctica y del saber en nuestro campo. Saber importante de adquirir, por supuesto, pero sin desconocer su inconsistencia, no como un error a eliminar ,-lo que por otro lado sería imposible-, sino como aquello que puede funcionar como causa instalando allí un vacío posibilitador.

Última marca hasta este momento, que es relativamente actual. Formo parte del comité editorial de la revista El escabel de La Plata, y una de nuestras tareas es la corrección de textos. Es algo extraño corregir lo que otro escribió, y para nada simple. ¿Qué se corrige? ¿Cómo conjugar el sentido claro de lo que alguien escribe, es decir, que se entienda, con el estilo singular? Se supone que algunas cuestiones gramaticales o sintácticas se resuelven de manera más simple. De hecho existe un manual que se llama “El arte de escribir bien en español” donde está todo o casi todo. Pero….en ocasiones no es tan fácil decidir, ya que existen, por ejemplo, dos sistemas de corrección de la combinación de signos de puntuación, el francés y el inglés, y ambos están bien! Hay qué elegir cuál utilizar.

Y algo endemoniado que ocurre es que aunque se corrija varias veces el mismo texto, con distintas personas que miran con mil ojos, siempre quedan errores que con la revista terminada y en nuestras manos resaltan inmediatamente. Imposible la corrección perfecta.

Una lectura posible de estas marcas que comparto, es que encontramos una distancia siempre, una brecha, entre lo que se busca en un texto y lo que se encuentra en él. Los textos no dicen todo, o dicen diferentes cosas dependiendo del contexto y el momento en que se los lee. Aunque los hacemos hablar, a veces también se quedan en silencio.

Tal vez pueda pensarse que es una dimensión viva de los textos, que no son estáticos, y que pretenden “llevar al lector a una consecuencia en la que le sea preciso poner de su parte”. (2)

Creo que una forma de entender el “poner de su parte” puede relacionarse con el valor de uso singular que cada uno le otorga a los textos, lo que varía dependiendo del momento de la formación, y también de la posición en relación al saber.

Para concluir, una vuelta de lectura a los orígenes, que revela lo nuevo que se puede encontrar cada vez. Retorno a aquella pregunta “¿Por qué no hablan los planetas?” y encuentro que varias líneas después dice Lacan: “El problema de saber si hablan no queda resuelto por el solo hecho de que no responden. No estamos tranquilos: un día algo puede sorprendernos”. (3)

Notas

1) Miller. J.-A: “Lacan enseña” en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/001/template.php?file=arts/alcances/miller.html , Revista Consecuencias, abril de 2008.

2) Lacan, J.: “Obertura de esta recopilación”, en Escritos 1, siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 1988, pág. 4 .

3) Lacan, J.: El Seminario, Libro 2, El yo en la teoría de Freud y en la Técnica Psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 1995, pág.361.