Extraordinario - septiembre 2020Lecturas

Hablar de costado

LECTURAS EN LA SECCIÓN: «LA TERCERA» ¿QUÉ REAL PARA EL PSICOANÁLISIS? – EOL Sección La Plata, 8 de julio 2020.

Mariella Lorenzi

Buscando darle un marco a la práctica, releo el curso “Causa y consentimiento” de Miller. Allí me encuentro con que “Lo propio de la ética es desprendernos y apartarnos de lo que creemos familiar para que así dejemos de practicar por hábito o por rutina siguiendo surcos que ya fueron abiertos”(1). Es decir que una práctica analítica orientada por una ética tendría que estar advertida de los daños y perjuicios que genera lo que se sostiene por costumbre. La ética introduce una discontinuidad, y se orienta más por el mal encuentro de la tyché que traumatiza pero despierta, que por el automaton de la repetición que adormece. La ética es a la rutina, lo que la pesadilla es al sueño, una despierta porque algo irrumpe fuera de sentido, la otra adormece por permanecer colmada de sentido.

La pandemia del coronavirus hizo estallar los hábitos y rutinas. El automaton de ir al consultorio, circuito reiterado durante años, se vio interrumpido tanto para los analistas como para los analizantes. A pesar de estar advertida del peligro de la rutinización de la práctica, muchas veces me escuché decir “el consultorio es mi segunda casa”. Aquello que era tan familiar, de pronto se volvió unheimlich, extraño. Après-coup, pude constatar que el consultorio era, ni más ni menos, una “morada”. Rápidamente, el uso de las pantallas vino a ocupar ese lugar vacante. Ahora bien, si lo propio de la ética es sacudir lo familiar, sirve para enseñarnos “que cada vez que creemos encontrarnos en nuestra morada, no hacemos más que estar en mora con respecto a lo extraño”(2), es decir en deuda con ese goce ignorado por nosotros mismos, tan íntimo y extraño al mismo tiempo. La pandemia borró de un plumazo ese confort somnífero, esa comodidad hipnótica. Desmantelamiento que agradezco enormemente.

Quienes vivíamos en La Plata, el 2 de abril del 2013 pasamos por la inundación. En su momento, dicho evento natural se cobró cientos de víctimas, los daños materiales se hicieron oír en los relatos de gran parte de los analizantes, quienes posteriormente hablaron de aquella noche de tormenta durante varios meses. Muchos relataron con detalle donde habían estado durante esa noche en que el agua entró a sus hogares, lo que habían perdido, el pánico, la desesperación, las líneas de teléfono cortadas, etc. Aquel episodio climático duró menos de un día, luego salió el sol, y si bien la ciudad quedó tapizada de colchones secándose en las veredas, y de autos chocados contra los postes de luz, las marcas del agua en los frentes de las casas sirvieron de recuerdo encubridor en algunos casos o de marcas del trauma para algunos otros, como heridas de guerra, de aquel suceso catastrófico. La inundación, en tanto acontecimiento natural impactó haciendo de ese desborde una marca singular.

La pandemia del corona virus también es un acontecimiento natural como lo fue la inundación, la diferencia es que es mundial y que se extiende en el tiempo. Tanto la cuarentena como medida política/sanitaria, como la pandemia, han sido y siguen siendo cuestiones de las que todos, todos, todos los analizantes hacen referencia, hace más de 150 días. No podemos no escucharlo. Se corrió el velo de la homeostasis, de lo que se sostiene por costumbre, por simple usanza. En el 2019 estábamos interrogados por los feminismos, el lenguaje inclusivo, el patriarcado en cuestión, el racismo y la segregación. En el 2020, la pandemia introdujo una discontinuidad innegable, no obstante, cabe reconocer que se ha constituido en una nueva rutina adormecedora para muchos.

Teoría de la práctica. Hablar de costado

En la clase “El sujeto del psicoanálisis”, Miller comienza citando a Freud cuando dice en la Carta 52 a Fliess, que se trata de “trabajar sin razonar”, Miller le agrega trabajar sin “resonar”(3) jugando con el equívoco entre razón y resonancia, es decir que como practicantes del psicoanálisis no se recomienda intervenir desde lo que se razona, ni desde lo que resuena y concluye “está claro que el analista no resuena, sino que interpreta”(4). Si el analista trabajara desde lo que resuena en él, lo haría desde la contratransferencia, si escuchara desde lo que razona, estaría haciendo un cálculo, y el acto no se anticipa, se atraviesa.

En reiteradas ocasiones de la práctica, durante el tiempo que va de la pandemia, me encontré teniendo que evitar la charla, eludir el diálogo, vaciar los enunciados de sentido común, pero especialmente, rehusar eso que “resuena”, contra transferencialmente por estar inmersos y afectados por lo mismo. Entonces “trabajar sin resonar”, escuchar sin que resuene en la subjetividad del analista, se ha tornado dificilísimo en la época en la que estamos. Entonces me pregunto ¿Cómo no perdernos en los vericuetos de la “realidad compartida”, del discurso(5) corriente que se ha tornado un sintagma mundial que no para de decir “quedate en casa”? ¿Cómo no quedar atrapados en esa “opinión pública” que escuchamos permanentemente en los medios de comunicación, en las redes sociales y, por supuesto en el discurso de nuestros analizantes? El control es la brújula que permite redireccionar cada vez, evitando de ese modo el contagio del discurso corriente.

Sabemos que por un lado está “el acto analítico”, y por otro lo que el psicoanalista hace “como teórico, enseñante o expositor, cuando se impone ese trabajo suplementario con respecto a lo que lleva a cabo, día tras día, en el marco de su consultorio”(6). Frecuentemente los psicoanalistas tendemos más bien a “hablar de otra cosa” cuando se trata de hacer una “teoría de la práctica”. Me pregunto por qué. Miller lo responde, se habla de otra cosa, porque no se puede hablar directamente de La Cosa, porque hablar directo miente, “solo lo indirecto tiene chances de decir verdades”(7). Por eso muchas veces usamos expresiones como “girar en torno de”, “es del orden de”, “cernir”, apelando a un decir por alusión, “un decir plegado” (8),oracular, que ilumina pero conservando cierta opacidad, y admitiendo que eventualmente algo se fuga.

A ese modo de decir indirecto, Miller lo complejiza proponiéndolo como un “hablar de costado”(9), asumiendo el riesgo de que eso se transforme en un decir confuso y nebuloso. No obstante, tal vez ese decir de costado sea más propicio para señalar lo que atañe a La Cosa en cuestión. Propone llamarlo “parabra”, “para” en latín es “de costado”, es decir que se trata de sostener un decir alusivo, como el dedo levantado de San Juan de Leonardo, que apunta al cielo en dirección al “horizonte deshabitado del ser»(10). Pero, también Miller nos advierte que “el hablar de costado legítimo” hay que distinguirlo del “hablar de otra cosa”, siendo esto último el “escapismo”(11). Tampoco se trata de hablar “al ras de la práctica” o “desde la trinchera”, porque cuando se está allí con el cuerpo, no se habla de ella.

A la sazón, ¿cómo sostener la práctica en la pandemia actual? Con un decir de costado, al margen, que no sea un decir nebuloso, si un tanto oracular y barroco, pero que tampoco sea un decir escapista. Tal vez, más que nunca, en los tiempos que corren, el lugar del analista se ve reducido en muchos casos a ser una nota al pie afirmada con contundencia, o tal vez sólo un fibrón que subraya dando intensidad a una palabra, o un sacapuntas, que permite una escritura más fina, menos cargada de sentido común.

El analista aduanero

Miller nos dice “ningún determinismo (discurso de la pandemia/cuarentena) los absuelve a ustedes de su responsabilidad como sujetos”(12). Si ocurre que un sujeto que se ampara en la pandemia para sostener “me olvidé el turno, no se en qué día vivo”, tal vez ese sea su modo de intentar pasar de contrabando La Cosa. Le cabe al analista la tarea de aflojar ese supuesto determinismo que aplasta la singularidad del caso por caso. La figura del “analista aduanero”(13)me resultó sumamente apropiada. El aduanero es el que revisa aquello que podría estar pasando de contrabando, el sujeto llega con su valija llena de argumentos: “estoy solo porque no se puede salir y conocer gente”, “la cuarentena no me deja tener proyectos”, o “la pandemia me impide pensar en viajar”, “no puedo rendir un examen por zoom”. Valija que deberá vaciarse, pero, además cada sujeto tendrá que pagar los derechos de aduana, desembolsando aquello que se intenta deslizar de contrabando, pagar por lo que se pretende pasar sin ser declarado al ocultarse tras los significantes de la época. Para ello necesitamos del consentimiento del sujeto.

Para concluir, hace poco escuché aun niño decir “yo me declaro antisocial en esta cuarentena”, y me pareció el ejemplo más brillante de cómo el sujeto subvierte aquello que se sostiene como discurso común. Sabemos que la subversión del sujeto fue la verdadera “pirueta de Lacan”(14), pirueta que tuvo la virtud de ubicar que el yo es sólo un shifter.

Fecha de recepción 9/8/2020

Notas

(1) Miller, J.-A., Causa y consentimiento, Paidós, Bs As, 2019, pág. 13.

(2) Ídem, p. 13.

(3) Ídem, p 23.

(4) Ídem, p 23.

(5) En “La Tercera”, Lacan comienza haciendo referencia a los posibles equívocos del término “discurso”: el “discar” de un teléfono, el “decir que”, el “disco” que no para de girar.

(6) Miller, J.-A., Causa y consentimiento, Paidós, Bs As, 2019, pág. 23.

(7) Ídem, p 24.

(8) En la página 24, de su curso “Un esfuerzo de poesía”, Miller plantea que el oráculo “como modo de decir ante todo consiste en no dar explicaciones. Explicar es desplegar, y el oráculo es algo plegado”.

(9) Miller, J.-A., Causa y consentimiento, Paidós, Bs As, 2019, p. 24.

(10) Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder” en Escritos 2, Siglo XXI Editores, Bs As, 2002, p 621.

(11) Miller, J.-A., Causa y consentimiento, Paidós, Bs As, 2019, p. 24.

(12) Ídem p 28.

(13) Ídem, p 29.

(14) Ídem, p 162. Miller hace referencia a la pirueta de Lacan, para decir que “el sujeto no sabe lo que dice, ni siquiera que habla”, a diferencia del yo que siempre cree que sabe lo que quiere decir, subversión lacaniana, verdadera pirueta que intenta ir más allá de los enunciados.

Bibliografía

Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder” en Escritos 1, Siglo XXI Editores, Bs As.,

Lacan, J., “La Tercera”, en Revista Lacaniana de PsicoanálisisN°18, EOL, Bs. As., 2015.

Miller, J.-A., Causa y consentimiento, Paidós, Bs. As., 2019.

Miller, J.-A., Un esfuerzo de poesía, Paidós, Bs.As., 2016.