InterseccionesNúmero 2 - marzo 2014

Encuentro con Philippe Sollers (Seminario de La RDJ)

(10)entervista-sollers-lacan-sollers 1975En Lacan Quotidien Nº 368, en su edición en francés, se anunciaba para el domingo 19 de enero de 2014 una conversación con el escritor Philippe Sollers, en el marco del Seminario de La regla de Juego (revue la RDJ), animada por Alexis Lacroix.

Conocemos a Sollers por su presencia y participación en el seminario El sinthome, y por su cercanía con Jacques Lacan. Fue fundador de la revista Tel Quel, desde donde intentó renovar la teoría y la crítica literaria de su época. Conocidas son su amistad e interacción con lo mejor de la cultura francesa del siglo 20: Barthes, Derrida, Henry-Levy, Godard, Ponge, Bataille, entre otros. Su estilo es único, alterando las formas de puntuación, dando lugar a disquisiciones filosóficas, saltos de tema disruptivos y una intimidad desbordante con el lector. Últimamente ha escrito particulares biografías de Mozart, Casanova, Céline y Nietzsche. Su concepto de una escritura “ilegible” probablemente nos llega a través de la última enseñanza de Lacan, en los conceptos de escritura y letra, entre otros.

Es de interés para nosotros en esta entrevista su idea de una locura generalizada, y la singular propuesta de la contra-locura como antídoto.

Esta entrevista está extraída de un link de Lacan Quotidien Nº 368  a la página Gallimard , a propósito de la publicación de su última novela Médium. Fue traducida por Anahí Mallol y Gustavo García Mendy para nuestro blog.

José Ioskyn

 

Philippe Sollers. Médium

“Médium (del latín medius, al medio): persona susceptible, en ciertas circunstancias, de entrar en contacto con los espíritus”.

 

¿Por qué un título en singular cuando los “médiums” aquí son múltiples?

Se trata de diferentes tipos de mediumnidades que van a concentrarse sobre el narrador, aquél que es susceptible de sentir lo que corresponde a sus facultades de médium y que lo va descubriendo poco a poco, ya sea ese mensaje mediúmnico completamente imprevisto o el “producto”, tomado en dosis variables. Está también el hecho de volver a entrar en contacto con personajes que pueden ser considerados ellos mismos como grandes médiums, es decir que sienten las situaciones, y al observar adivinan lo que va a pasar. Es el caso de Saint-Simon o del poco considerado Lautréamont.

Entonces, “médium” en singular, si fuera en plural, todas estas experiencias muy diferentes no serían convergentes. El narrador es un médium que descubre su propia mediumnidad en función de las respuestas que recibe.

Frente a la locura del mundo, usted propone la contra-locura…

La tesis, acá, es muy simple: vivimos en un gran hospital de locos. No es nuevo que podamos pensar que la humanidad está loca; Pascal ya decía: “Los hombres están tan necesariamente locos, que no estar loco sería estar loco, por otra vuelta de locura”. Esto no impide que frente a un cierto número de pruebas concretas –la usina de cadáveres, el rastreo por geo-localización, todos los proyectos de PMA, de GPA…– la experiencia de este siglo XXI avanzado consista en retomar toda la cuestión de la locura.

¿Cómo organizarse para no ser contaminado? Se trata de resguardar, por los medios apropiados, una identidad feliz, que es una forma de no-locura. Esos medios, por otra parte, requieren pocos recursos: no es extraordinario alquilar un pequeño departamento en Venecia, en un barrio popular en el que las gentes viven como han vivido siempre, e ir allí una vez por semana. Cualquiera sea el medio, deberá estar en las antípodas de la población ambiente.

¿Estos ejercicios de contra-locura evocan los ejercicios de retiro espiritual, pero sin la dimensión religiosa?

Absolutamente. La contra-locura es una actividad: frente al movimiento perpetuo de la locura, se trata de proponer otro movimiento perpetuo, según la fórmula de Pascal: “Quien haya encontrado el secreto de congratularse del bien sin disgustarse por el mal contrario, habrá encontrado el punto. Es el movimiento perpetuo”.

Hay que combatir de alguna manera la locura del mundo. ¿Combatir? Sí, es una guerra, la contra-locura tiene una significación política. Concretamente, se trata de ejercicios espirituales, como la lectura de los clásicos a las tres de la mañana o la ingestión de sustancias.

Entre esos clásicos, usted preconiza a Saint-Simon

Saint-Simon vive en Versalles, que era entonces el centro del mundo, el lugar donde todo ocurría. Abra las Memorias: todo lo que hay son nacimientos y muertes, pero la mirada, los retratos, son formidables. Dicho esto, Saint-Simon, que ha vuelto de todo, no cree en Dios, ¡pero cree en el Diablo!

¿Cómo comprender “El francés, la lengua de la mayor memoria posible”…?

Sólo los franceses no se dan cuenta, pero Francia es el país de la re-vo-lu-ción. No sólo de la Revolución Francesa sino de la revolución mundial, que todavía no ha producido todos sus efectos. Es el lugar donde todo ha sucedido, la “gran nación”, como decían los alemanes, donde la historia ha cambiado de dimensión de un sólo golpe. Es el aspecto político de la novela: la patria es la lengua, y pienso que el francés es la lengua que puede traducir absolutamente todas las otras, tal vez para mejor. Es también la memoria lo que abruma a los franceses, ellos se sienten culpables, y tal vez no estén equivocados. Es una cuestión de Historia, me parece que la Historia se deja sentir en este libro. No hay allí ninguna proclama, sino una distancia que muestra la devastación en la cual se vive. Pero sin indignarse ni reclamar, simplemente mostrando. Mostrando, también, que la memoria desaparece: la lectura está en peligro, la memoria misma está en peligro.

 

(Traducción del texto por Anahí Mallol y Gustavo Garcia, no revisada por sus autores: Philippe Sollers y Alexis Lacroix).