IX Jornadas de la EOL Sección La PlataSegunda Noche Preparatoria

Conversando en los interludios con… Gisele Ringuelet – Sonia Beldarrain – María H. del Pedro

Entre clasificaciones y nominaciones: la singularidad absoluta.

Gisele Ringuelet

Entre clasificaciones y nominaciones podemos considerar también la metodología que Lacan utiliza para alejarse del discurso universitario y el método científico. Al hablar de la praxis en psicoanálisis Lacan hace suya una frase de Picasso: “no busco encuentro” (1). Aunque luego si bien considera que el término búsqueda es dar vueltas en círculo (2), reconoce que esa frase no le basta. Y finalmente en el año 78 la invierte, no encuentro, busco; buscaba en la teoría de los nudos (3). Lo cierto es que Lacan se proclama un hereje.

Singularidad es un término que como diversidad  se utiliza en los discursos actuales pero ¿de qué singularidad hablamos en el psicoanálisis?
Judith Miller nos da una pista importante cuando precisa: “Apuntar a la singularidad absoluta y no a la promoción de recetas universales, no es apuntar al individuo socio-biológico-genérico; es delimitar el real del cual cada ser hablante es la respuesta, en su contingencia, y una elección insondable para sí mimo” (4).

Entonces, en la práctica analítica las maneras de nombrarse de cada quien tienen una importancia crucial. Y si bien apuntar a la singularidad absoluta es la dirección, poder precisar la estructura que cada quien “eligió” de manera insondable permite orientarnos si  establecemos un dialogo entre lo particular y lo singular.

Notas.

Lacan, Jacques: El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales, Paidós,  Buenos Aires, 1987, pág. 15. 
Lacan, Jacques: El Seminario, libro 23, El sinthome, Paidós, buenos Aires, 2006, pág. 89
Lacan, Jacques: El Seminario 25 (inédito) Momento de concluir, clase 14 de marzo 1978.
Miller Judith: “Presentación” en libro Los miedos de los niños, Paidos, Buenos Aires, 2017, pág. 13.

Intervención Sonia Beldarrain

Agradezco a Eduardo que nos permite pensar ciertos conceptos  que siempre hemos ubicado del lado de la psiquiatría: “la patologización”, formas de nombrar los síntomas que se presentan en un individuo, y nos invierte la pregunta  haciendo un recorrido  Freudiano, hasta la primera enseñanza de Lacan.  ¿Acaso cada vez que necesitamos transmitir la clínica no lo hacemos bajo las coordenadas de los síntomas? ¿O de las estructuras clínicas?,  sentidos que ordenan y orientan una cura. Y agrega que en la última enseñanza Lacan nos propone pensar las coordenadas no del lado del sentido sino del sinthome, siendo lo más singular y diverso de cada sujeto.

Me pregunto si el sujeto por su estructura y por ende su inconciente  siempre piensa  binariamente produciendo sentidos hasta el infinito.

Hace algunos años que venimos trabajando la última enseñanza de Lacan, donde nos propone una terceridad. Pensar con los tres registros: simbólico, real, imaginario un anudamiento posible no por la vía del sentido, si no por lo Real. El esfuerzo del analista hasta el final de un análisis es no quedar atrapado en el significante que insiste por estructura y servirse de él para llegar a un sentido Real, una apuesta que ubica al cuerpo y al sentir.

Intervención María Haydée del Pedro

En la segunda noche preparatoria hacia nuestras novenas Jornadas anuales, retomando en particular la intervención de Eduardo Suarez (y el debate que instauró entre la práctica de la clasificación y la práctica de la nominación), advertí su mención al largo desarrollo de Los inclasificables que hemos hecho en la Escuela de la Orientación Lacaniana.

No pudiendo anclar allí lo especifico de las presentaciones más actuales, pensé en la proliferación de urgencias, especialmente en jóvenes y adolescentes, de acuerdo a lo que recibo en mi consulta privada y en mi trabajo en el Estado (en lo penal juvenil). Pero advertí que, si nos guiamos por ejemplo por PAUSA, y los años de atención de urgencias subjetivas, podríamos decir que tampoco radica allí la novedad.

Aún así considero que las urgencias actuales, a las que leo en el marco de la pandemia y de la pospandemia (que a mi entender es el contexto en el que aún nos encontramos -con toda su extrañeza-), tienen un cariz diferente.

Resaltaba que otrora las urgencias eran asimiladas a cuadros agudos, si se puede decir, y en mi experiencia, en la actualidad acompañan más bien cuadros de cierta gravedad.

Hagamos un alto: en la pandemia y la consecuente cuarentena, era más fácil comprender la exacerbación de los síntomas, en particular en jóvenes y adolescentes, retirados de la circulación, sin contacto con otros y sin otras derivas libidinales.

Interesa ahora pensar las urgencias y otras complicaciones propias de la pospandemia.

Por último, y sin ánimo de desanimar, comentaba también que, en mi práctica, me encuentro con soluciones más bien precarias, eso finalmente me parece lo actualísimo: una tendencia a nominarse de modo precario.

Ante este cuadro de situación, que no se deriva de seguir teorizaciones sobre la época y sus reconfiguraciones, sino de los casos que vengo recibiendo, acordaba con lo dicho en la mesa respecto a, en todo caso, orientarse por la singularidad. Ningún otro modo de encarar la gravedad, las urgencias actuales, las precariedades y las extrañezas coyunturales, que apuntando, alojando y sosteniendo lo más singular.