CONVERSANDO EN LOS INTERLUDIOS. Primera Noche del Directorio

CONVERSANDO EN LOS INTERLUDIOS. Primera Noche de Directorio

Verónica Di Batista, 21/5/2021

Primero quisiera decir gracias por la invitación a escribir algo acerca de lo que nos dejó la primera Noche de Directorio.

Fue una noche muy rica en contenido epistémico y político, se planteo no solo el tema del año, sino también una lectura de Lacan del concepto de no-todo, a lo largo de toda su obra, y una dirección clínica hacia el analista no-todo, concepto que vengo persiguiendo en lo personal desde hace un tiempo.

Luis Tudanca, transmitió apasionadamente muchas ideas para seguir investigando y profundizando, todas muy interesantes, de las que relevaré solo algunas que abonan mi inclinación temática.

En primer lugar, el analista no-todo como el “portador de un deseo de saber a inventar”. Esta frase, junto con la idea de infinitud del sujeto por el lado del sentido tras sentido sin límite, versus la finitud del deseo, nos da una línea clínica riquísima: apuntar desde el no-todo que comporta el analista en su función, hacia la deflación del deseo, el acotar, no ya solamente el goce, sino también acotar cerniendo un deseo; dice el analista demarcando los “todo o nada” del analizante.

Junto con esto, todo lo que desarrolló Luis referido al amor como lo que permite al goce “consentir” al deseo como deseo singular y finito. Y como nombra esa fusión entre deseo y pulsión.

Me pareció muy esclarecedor el planteo de que el deseo “agarra” a la pulsión en su insatisfacción y eso nos da la clínica de los excesos, y la orientación del análisis una vez más apuntando a la reducción y hacia un deseo finito.

Bueno, esas son las principales repercusiones que resonaron en mí. Gracias otra vez por la noche y la invitación.

Jorge Santopolo, 10/5/21

Me entusiasmó encontrar en la conferencia de Luis Tudanca todas esas puntuaciones respecto al amor leídas retroactivamente en la perspectiva del no-todo, anticipándolo, delimitando su lugar en los antecedentes de la enseñanza de Lacan.  Particularmente me interesó el modo en que descifró el aforismo “solo el amor permite al goce condescender al deseo” esclareciendo el uso a dar a cada uno de los conceptos del ternario conceptual interviniente. Nos colocó en el final del seminario 11 ante la posibilidad de hacer resonar la enigmática frase “Sólo allí puede surgir la significación de un amor sin límites, por estar fuera de los límites de la ley, único lugar donde puede vivir”[1] de otro modo. Del lado del analista, su responsabilidad en la dirección de la cura para operar desinflando el deseo que “agarra” a la pulsión y la empuja al exceso. Del lado analizante, consintiendo vía la transferencia la finitud de su deseo singular por oposición al absoluto del exceso de su goce.  Esta operatoria constituye una topología del no-todo y la clave es el amor o, mejor dicho, “algo nuevo en el amor”. Apuesto a servirnos de esta clave en la continuación de nuestro trabajo respecto del no-todo y el amor.


[1]  Lacan, Jacques El Seminario. Los cuatro conceptos fundamentales. Ed. Paidós. Buenos Aires .1990. P{ag. 284

Mónica Boada, 1/5/21

Del riguroso y  original recorrido de Luis Tudanca recorto su hipótesis final tejida con hebras  sutilmente elegidas entre los seminarios 10 y 11 de Lacan. Localiza allí la versión de un “deseo finito”  pero a la vez inconmensurable donde ya se vislumbra, para él, una perspectiva notodista. No es el deseo como deseo del Otro, no es el deseo infinitizado en el puro deslizamiento metonímico. Es el deseo que sólo adviene si el goce condesciende a él, vía el amor.

Luis pescó que entre  “alfareros” y  “tejedoras”,  la diferencia sexual para Lacan no es binaria. Por el contrario siempre se sirvió de al menos tres términos para atrapar lo que el significante y su binarismo fallan. Real, simbólico, imaginario están  desde el comienzo -aunque se anuden más tarde-, pasando por goce, amor y deseo, ternario tomado en el aforismo del cual extrajo nuevos relieves: sólo el amor –entendido como amor de transferencia- permite al goce – aquí pulsional, como deseo “actuado en la pulsión”- condescender -o consentir-, al deseo –a un deseo finito, ligero y no-todo-.  Es una indicación para la dirección de la cura: orientar al sujeto vía el amor de transferencia a consentir distanciarse de los deseos locos que fogonean la pulsión y abocarse al límite “que el análisis le ofrece con su inconmensurable”.[1] Además del aire fresco que supo inyectarle a párrafos una y otra vez transitados, dejó en el horizonte pistas valiosas para continuar. Destaco entre ellas, la distinción de dos tipos de infinitos – uno enumerable y otro inconmensurable- con los que, más avanzada su enseñanza, Lacan intentará atrapar la diferencia sexual y su no-relación, entre lógica y topología


[1] Subrayo el “su” en esta frase de Luis, en lugar de decir “lo inconmensurable”, porque me parece una orientación clínica.

Paula Vallejo. 1/5/21

Me interesó mucho el planteo de Lacan que Luis Tudanca retomó del Seminario 11, respecto de la articulación entre el deseo y la pulsión. Sobre todo la idea de que “el deseo es actuado en la pulsión” (p.251). Este significante “actuado” refiere a lo que del deseo empuja al acto a nivel pulsional, y entiendo que da una idea de lo que después llamará goce fálico, animado por un deseo que por estructura es infinito. Goce fálico imparable, que Luis ilustró al hablar del enloquecimiento pulsional. Es en este punto que se pone de relieve la pregunta por lo que en un análisis puede hacer de límite. Límite a lo simbólico, -que aquí menciona en términos de deseo infinito-: al desciframiento infinito, y al impacto que tiene en el cuerpo esa pulsión enloquecida.

Llegados aquí, Luis propuso dos cosas: por un lado, un analista reductor de ese deseo infinito, al que presentó como una figura del no-todo. Por otro lado, ubicó que “sólo el amor puede hacer consentir al goce a un deseo singular”. Entiendo que se refiere aquí al amor de transferencia, mediación por la cual un analizante puede aceptar la transformación de su deseo infinito –que se me presenta más próximo al goce, en tanto articulado con la pulsión- en un deseo finito, que –señaló Tudanca- “se dedica al límite variable, vacilante pero decidido y a la vez más ligero, que un análisis le ofreció con su inconmensurable”. Estamos hablando aquí del límite que puede experimentar un deseo reducido a su causa.  Y del amor como medio entre deseo y goce, que al poner un freno al enloquecimiento pulsional, puede operar una mutación libidinal y hacer lugar a un deseo no-todo, singular.