Ecos y reseñasJornadas y CongresosNúmero 1 - diciembre 2013

Conferencia de Eric Laurent en el VI ENAPOL: “La agitación de las normas clínicas y su consecuencia real” – Buenos Aires, 22 de noviembre de 2013

Reseña por Belén Zubillaga

(16º) Ecos- ENAPOL

Tras la amena presentación de Ricardo Seldes, Eric Laurent dio una precisa y exhaustiva conferencia sobre las consecuencias en lo real de la crisis aguda de las normas clínicas, producida fundamentalmente por la publicación –en mayo de este año– de la última versión del manual de normas clínicas, el DSM 5.

 

Laurent expuso la actualidad de los debates provocados por dicha publicación a nivel de la psiquiatría, la medicina en general y la epistemología; en un contrapunto entre la intensidad de los novedosos debates en las universidades americanas –que califica de virulentos y vitales– y, por otro lado, la discreción de los debates europeos. En Europa, afirma, se debate a puertas cerradas logrando falsos consensos en salas privadas, mientras que en EE.UU debaten a cielo abierto.

Se pregunta, al igual que muchos intelectuales de distintos campos –entre los cuales están los que se oponen y los que no–, ¿qué anduvo mal en esta última versión del DSM? Incluso las fuertes críticas provienen de los antiguos responsables del proyecto DSM, es decir que no es externa al proyecto, sino que surge de lo más íntimo. Cuestionan los procesos burocráticos, la inflación y el hermetismo de los mismos (de 8 personas que trabajaron en el DSM 3, se pasó a 400 en el DSM 5).

Esta versión da cuenta del rechazo de todo otro abordaje de la psicopatología, provocando así efectos perversos de monopolios. La falta de apoyo en investigaciones  –por parte de la psiquiatría– muestra el efecto de deriva que producen los grandes y vagos ideales.

El DSM 5 se evidencia como una lengua perfecta de categorías vacías que no remiten a nada. Se impone así la necesidad del retorno al sentido de los síntomas, retorno a la psicopatología. No hay, en EEUU, investigaciones en psicopatología sino expertos en establecer categorías, ítems que solo favorecen el sobre-diagnóstico y la industria farmacológica.

Laurent se refiere al big pharma, a la medicalización de la vida cotidiana como efecto de ese etiquetamiento maníaco sin referencia. El consumo generalizado de psicofármacos tiene como su peor antecedente, el logro del lobby de los laboratorios de conseguir acceder al público consumidor de manera directa, salteando a los médicos; efecto irreversible desde su aparición en 1997, no hubo límites al marketing directo. A esta consecuencia se suma la proliferación de asociaciones de padres con derechos dados por el diagnóstico. El diagnóstico de sus hijos les permite acceder a asociaciones que se ocupen de ellos. Dicha demanda ha triplicado la cantidad de niños diagnosticados como autistas, bipolares. Las cuatro grandes epidemias en los niños del momento son: el autismo, la bipolaridad, los déficits de atención y la hiperactividad.

Por otro lado, las asociaciones de consumidores han reemplazado las asociaciones del viejo modelo. Asociaciones que como tal quieren cada vez más adherentes, empujan a homogeneizar los diagnósticos para dar más garantías.

 

En relación a los debates entre psiquiatría y psicoanálisis, a los que plantean que hay que salvar a la psiquiatría del psicoanálisis –poniendo a este último en el lugar de inspirardor de clasificaciones– Laurent afirma que es el corazón de su discurso, ya que dentro del discurso analítico, lo normal no encuentra nunca su lugar. En todo caso la normalidad constituye una categoría a criticar, más que a aceptar. Entonces, por un lado, están las acusaciones al psicoanálisis de contaminar la clasificación norteamericana y, por el otro, la rivalidad narcisista entre expertos, las luchas por ver quién gana a la hora de inventar nuevas categorías diagnósticas, más que por cuestiones clínicas.

La globalización y homogenización del mundo tiene sin embargo como contrapartida la tendencia a la excentricidad, a la diferencia y, además, a medicalizar toda diferencia. En términos lacanianos, dice Eric Laurent, la mezcla de los goces y el estilo de vida globalizado provocan un malestar particular que empuja a una nominación imposible por parte de las instancias biopolíticas enloquecidas.

El DSM 5 con un costo de 25 millones de dólares invertidos en expertos, comités y demás, se revela como la lengua perfecta sin ninguna referencia. A 30 años de su primer edición, esa lengua trasparente y perfecta con criterios perfectamente definidos, pretendiendo eliminar toda imprecisión y malentendido, ve cuestionada su validez. Sin poder calcular sus efectos, como por ejemplo el uso de nuevas categorías con una significación opaca, no pueden controlar su uso. Así el DSM es considerado como la reducción al absurdo del modelo botánico. Arruina y separa la lengua de los clínicos y la de los investigadores, con el estatuto de catástrofe.

A continuación, y como contrapartida, Laurent se refiere a la impactante base de datos que está constituyendo Google. Un proyecto que consiste en acceder a la descripción del código genético de las personas, por algunos dólares, ingresando determinados datos. Una base de datos mundial calculable del genoma humano, globalizada y privada. Se podrá tener acceso a un diagnóstico preciso y personal. Será una lucha a muerte de la psiquiatría y la medicina, con la potencia del cálculo sin los amplios protocolos. Vemos así el despliegue de la fuerza de Google, en su función de vigilar a la ciencia, y la consecuente debilidad estatal.

Para concluir dirá que lo real de esta crisis es el abandono. Abandono de los pacientes, enfrentados a los médicos ocupados de una de la psiquiatría cada vez más costosa.

El abandono a la calle, a la prisión, a las drogas y la medicación excesiva de una población más numerosa. Además de la vigilancia a todo instante, lo muestra la actualidad de big brother: todos mortificados, escuchados, grabados gracias al de cálculo fenomenal del que disponen las gestiones burocráticas y sanitarias cada vez más integradas. El abandono es compensado con la vigilancia. Al ser vigilado de alguna manera se es menos abandonado.

Del futuro globalizado, de la base de datos que van a hacer, no hay cálculo sobre sus consecuencias. Ninguna discusión en psiquiatría: el DSM se ha revelado como un instrumento potente de gestión de las poblaciones con clasificaciones cada vez más calculables, siendo la respuesta del sujeto la distorsión de las categorías según efectos visibles de antemano, por ejemplo: el ser hiperactivo para acceder a anfetaminas. Bipolares autodesignados, autistas, padres desesperados para que instituciones se ocupen de sus hijos porque dan acceso a algo, no al abandono. Las etiquetas permiten salir del abandono. El diagnóstico permite acceder a una asociación que quita del abandono a las personas, pero al mismo tiempo las condena a la mortificación de las etiquetas. El problema es el uso desmedido por parte de los sujetos de esas categorías y el consumo off de medicamentos, que saltea a la psiquiatría. Eric Laurent dirá que los sujetos responden a lo real que se impone y que debemos estar atentos a leer esos síntomas.

Laurent concluye afirmando que el poder del discurso analítico puede recordarles a los sujetos que usan esas categorías y psicofármacos; la singularidad de su deseo, su fantasma y su síntoma, fuera de las normas. Lo que Lacan llama la normalidad es que todo el mundo está loco, descentrado de toda categoría, excéntrico. Para Lacan no hay enfermedad mental, sino que la mentalidad tiene una falla fundamental con la cual peleamos.

 

Entre algunos comentarios destaco el último realizado por Ana Ruth Najles sobre el impudor y el empuje a la desvergüenza en la época, que le permite decir a Laurent que lo que nos espera es inventar una manera de ocupar la posición que Lacan enunció como: “les doy vergüenza”. Dar vergüenza, en la edad del impudor, del sexo por todas partes, de la mano del impudor generalizado va la culpa por existir del individualismo de masa, se acepta el individualismo de masa en nombre de la culpa por existir. Sugiere entonces que nuestro proceder es el de dar vergüenza de la buena manera, sin cargar esa culpa.

Nos queda el eco de su última expresión: es cada vez más vigente, en esta época de impudor, la angustia por existir.

 

4 comentarios en “Conferencia de Eric Laurent en el VI ENAPOL: “La agitación de las normas clínicas y su consecuencia real” – Buenos Aires, 22 de noviembre de 2013

  1. Exquisita conferencia, en vivo y de reseña. De rigor epistémico y político. Laurent ilustra qué un analista no puede omitir: su época.

  2. Impecable, riguroso como siempre y sencillamente clínico: recordarles a los sujetos que frente a esas categorías del DSM cuentan con la singularidad de su deseo, su fantasma y su síntoma por fuera de las normas; y la perla lacaniana de Ana Ruth Najles: «darles vergüenza» de la buena manera. Brújulas minimalistas.

  3. Coincido con la necesidad señalada por Laurent de un «retorno a la psicopatología». Además de los señalamientos críticos respecto del DSM 5, en nuestro medio esta necesidad se profundiza por los efectos de la nueva ley de Salud Mental que queriendo desestigmatizar diluye la psicopatología clínica y «el sentido de los síntomas».

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