Noches de Directorio - La formación del analistaNúmero 5 - julio 2015

Comunidad de soledades

GutierrezNoche de Directorio: El padre, la institución, la Escuela

EOL Sección La Plata, 27 de Marzo de 2015

 

Marisol Gutiérrez

 

Para orientarme en el tema que nos convoca, comencé a trabajar con una pregunta: ¿Qué diferencia una Escuela de una sociedad?

Me serví sobre todo de algunas clases de Lacan de El Seminario, libro 11(1), de la “Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela”(2) y de “El acto de fundación”(3). También me serví de Miller: de El banquete de los analistas (4) y del desarrollo que hace sobre el sujeto de la Escuela en su “Teoría de Turín” (5). El recorrido arroja una nueva pregunta: ¿Cómo se piensa y se hace la Escuela? Y –situándonos en la Sección– ¿qué puede ser para nosotros, para cada uno, un trabajo de Escuela?

En 1964, Lacan advierte que los términos freudianos habían caído en un uso casi religioso. Decide dar su seminario sobre los nombres del padre, lo que es una invitación a ir más allá de Freud. La pluralización del nombre le cuesta la excomunión. Al lugar del seminario que no pudo dictar, vienen Los cuatro conceptos… (6), donde se sirve de los significantes de Freud –inconsciente, repetición, transferencia y pulsión– para plantear la cuestión del deseo del analista, diferenciándolo del deseo de Freud, quien se ubicaba como padre en su práctica (reconocido por él mismo) y también como padre de la institución que creó, del que Lacan dice que es el Freud de “Tótem y tabú”.

Lacan arma su Escuela más allá del padre, y lo hace en dos tiempos. Hacia el final del seminario mencionado –en el año ‘64– en un acto solitario funda la Escuela (7). Invita a analistas y a no analistas, cuestión que considera fundamental para que el psicoanálisis pueda transmitirse. Reúne a trabajadores decididos, que comenzarán a juntarse bajo la modalidad del cartel. El segundo tiempo, la proposición del año 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela (8). Allí se plantean desigualdades entre los trabajadores, fundadas en su relación con la experiencia analítica y se pone en cuestión el vacío de la intensión del concepto de psicoanálisis: se discute el predicado analista. Las desigualdades hacen a las diferenciaciones de AE (analista de la Escuela), AME (analista miembro de la Escuela) y AP (analista practicante) y a la cuestión de las garantías. Esta estructura va en contra de la identificación. Al estar siempre en discusión la definición del psicoanalista, se la puede buscar, poner a trabajar, a diferencia del estancamiento de una sociedad, donde al haber un saber previo ya no hay nada que construir. Queda el silencio, el reposo.

Las sociedades analíticas de la IPA funcionan con el régimen macho de sociedad, donde el más uno está fuera de la serie y permite cerrarla. El cartel, como pequeño grupo de trabajo, también cuenta con un más uno, pero trivializado, por un tiempo acotado, para luego, el que fue más uno, poder trabajar en otro cartel con otro más uno. En la Escuela se tratará de sostener cierta afinidad con la fórmula de la sexuación femenina, donde la transmisión de saber se da de uno en uno vía la transferencia de trabajo, dando lugar al trabajo de otros. En el lazo fundado en la identificación, el amor al saber aparece como velo del horror al saber. Hacer lugar al trabajo por el saber, abre a un modo de relación no fundado en la identificación, pudiéndose ubicar un amor que conlleva un trabajo más allá de la ley del Edipo, más allá del Nombre del Padre y de los hijos.

Tenemos un primer tiempo marcado por el trabajo del cartel, y un segundo tiempo donde el pase y el AE son puestos en el lugar del trabajo para reinventar el psicoanálisis.

Miller en El banquete… orienta a trabajar por la vía del desacuerdo cortés, lo que aparece como una invitación a la disputa. El desacuerdo cortés, la disputa: lo leo en consonancia con la posición de la discordia, tal como Lacan la trabaja en “…o peor” (9), del lado del no-todo.

El deseo de Lacan, por estar más allá del Edipo, funda una Escuela y no una sociedad.

La Escuela para Lacan es una comunidad de soledades respecto de la causa. Pensar la Escuela como comunidad de soledades plantea una paradoja, donde lo más enriquecedor es mantenerla abierta. Se trata de la Escuela como un conjunto lógicamente inconsistente.

Lo común se sitúa a nivel de la causa. Pero también a nivel de la soledad. A nivel de la causa, se ubica la causa freudiana. En la soledad también hay algo común: todos solos, pero cada uno en su soledad radical.

Miller en su intervención en el Primer Congreso Científico de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis –en ese momento en formación– propone la “Teoría de Turín” sobre el sujeto de la Escuela (21 de Mayo de 2000). Le habla a los analistas que reunidos bajo el significante “Escuela Italiana” y bajo un deseo, formaban una comunidad antes que la Escuela existiera legalmente. Diferencia el marco legal que hace a una Escuela de la Escuela que adviene antes y que subsiste luego de su fundación. En este punto sitúa que el proceso de formación de la Escuela Lacaniana en Italia debe ser subjetivado por una comunidad que se constituye en el movimiento mismo de la subjetivación. Para Miller, ese otro modo de existir más allá de la legalidad –que cae del lado de lo universal– se realiza a través de acontecimientos de Escuela y actos de Escuela.  Del lado del acto, sitúa como el más importante “escandir el tiempo lógico de la comunidad en devenir [para lo cual] conviene ubicar en cada momento su posición exacta en el proceso de su formación, con relación a las coordenadas fundamentales que la determinan” (10). Se trata de saber dónde está la Escuela y ubicar su posición, siendo necesario plantearlo en la comunidad misma.

Es en ese momento donde Miller comunica una teoría de la Escuela: la “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”, retomando lo que Lacan planteaba en el Seminario 17 (11), donde cada uno se halla en soledad respecto de la causa, estando separados pero a su vez reunidos bajo el Ideal de la causa analítica.

“Subjetivar la Escuela”: según Miller se trata “para cada uno, uno por uno, adoptar la Escuela como significante Ideal, pero esto implica que cada uno mida el salto entre la causa particular de su deseo y la causa freudiana como significante ideal” (12). También convoca a cada uno a la soledad de su propia relación con la Escuela. Así armada esta comunidad, se produce la Escuela misma como un sujeto barrado que, como todo sujeto, está determinado por los significantes de los cuales es efecto. Pensar la Escuela como un sujeto es concebirla como producto, como efecto de los significantes que allí se enuncian, lo que posibilita interpretarla. Por esto Lacan situaba al AE en el lugar de analizar la Escuela como sujeto.

El lugar del Ideal no desaparece en la Escuela, también está necesariamente presente allí. La diferencia radica en el modo de enunciación que se practica, lo que produce efectos diferentes. El tipo de discurso que se emite desde el lugar del Ideal, se basa en la sugestión y resulta masificante.

Otro discurso que puede emitirse desde el lugar del Ideal consiste en interpretar al grupo. Hay un Ideal, pero no hay una identificación del sujeto a ese lugar, sino que se trata de una relación de un sujeto con el Ideal. El discurso enunciado desde este lugar, tiene efecto de disociación y reenvía a cada miembro de la comunidad a su soledad. No hace masa, hace comunidad de soledades. Tal como lo hizo Lacan al fundar la Escuela.

En la Escuela, debería saberse de la naturaleza de lo colectivo y de la soledad. Así, no quedaría excluido un saber sobre el padre, lo que permitiría servirse del padre para ir más allá de él.

Me interesa retomar dos cuestiones y mantener la separación-tensión entre ambas para ponerlas a trabajar:

Por un lado, la Escuela con sus estatutos y legalidades que arma un costado de la Escuela que se constituye a partir de su fundación y que corre el riesgo de hacer creer que existe sólo por haber sido fundada, respondiendo a la lógica universal. Por otro lado, lo que abre a la posibilidad de que la Escuela funcione efectivamente como una Escuela, con un trabajo de Escuela. Una escuela a la que se podría hacer existir por momentos, bajo la lógica del no-todo, preservando la inconsistencia.

Y nosotros, ¿dónde nos encontramos? ¿Dónde se encuentra cada uno en su soledad en relación con la causa? ¿Interpretamos la Escuela analíticamente?

Para abrir el debate y que cada uno pueda tomar la palabra, propongo discutir lo que serían “momentos de Escuela”: “Actos de escuela” y “Acontecimientos de escuela”.

 

 

Notas

(1) Lacan, J.: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1987.

(2) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

(3) Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

(4) Miller, J.-A.: “El banquete de los analistas”, Paidós, Buenos Aires, 2000.

(5) Miller, J.-A.: “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”, en ¿Qué política para el psicoanálisis?, Colección Orientación Lacaniana, Buenos Aires, 2003.

(6) Lacan, J.: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1987.

(7) Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

(8) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

(9) Lacan, J.: “La partenaire desvanecida”, en El Seminario, Libro 19,…o peor,  Paidós, Buenos Aires, 2012.

(10) Miller. J.-A.: “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”, en ¿Qué política para el psicoanálisis?, Colección Orientación Lacaniana, Buenos Aires, 2003, pág. 12.

(11) Lacan, J.: El Seminario, Libro 17, El Reverso del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992.

(12) Miller, J.-A.: “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”, en ¿Qué política para el psicoanálisis?, Colección Orientación Lacaniana, Buenos Aires, 2003, pág. 18.

 

 

Bibliografía

Lacan, J.: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires., 1987.

Lacan, J.: El Seminario, Libro 17, El Reverso del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992.

Lacan, J.: El Seminario, Libro 19,…o peor,  Paidós, Buenos Aires., 2012.

Lacan, J.: “Acto de fundación”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires., 2012.

Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires., 2012.

Miller, J.-A.: “El banquete de los analistas”, Paidós, Buenos Aires., 2000.

Miller, J.-A.: “Teoría de Turín sobre el sujeto de la Escuela”, en ¿Qué política para el psicoanálisis?, Colección Orientación Lacaniana, Buenos Aires, 2003.