Primera Noche "Puertas Adentro. El cartel en la ciudad"Primera Noche de Carteles 2022

AQUÍ, ALLÁ Y EN TODAS PARTES. Por Lorena S. Parra

Entradas y salidas, interiores y exteriores, puertas y ventanas, y también paredes…al momento de ser invitada a esta gran noche su título hizo aparecer un tema que me ha convocado en sus distintas aristas, relativa a los lugares, los modos de estar y de hacer lazo.  A nivel personal, en mis recorridos profesionales, síntomas y atravesamientos institucionales; y a nivel de la práctica analítica, donde nunca dejó de ser una constante mi interés por lo femenino, la clínica de la locura, y las psicosis. Principalmente convocada por lo que Lacan formula con suma  claridad: “¿cómo se puede no ser loco, cuando lo normal es la xenopatía?“¿Cómo es que todos nosotros no percibimos que las palabras de las que dependemos nos son, de alguna manera, impuestas? En este aspecto, lo que llamamos un enfermo llega a veces más lejos que lo que llamamos un hombre con buena salud. Se trata más bien de saber por qué un hombre normal, llamado normal, no percibe que la palabra es un parásito, que la palabra es un revestimiento (…) que aqueja al ser humano.” (2) Ahora bien, sabemos que en la psicosis esto aparece a cielo abierto, el sujeto lo padece y es ese real el que lo impulsa hacia el fuera de lazo en ciertas ocasiones. Como encontré en un libro precioso, el nombre de alienado, como se lo llamó durante mucho tiempo, no se corresponde con lo que efectivamente sucede, y sí por el contrario el de desalienado, ya que la libertad cobra allí la dimensión mortal de la pulsión de muerte. Así, “debe ofrecérsele una posibilidad de lazo indefectible”, “un tratamiento (que) implique una continuidad que trasciende los lugares, una continuidad que hace lazo y que podría llamarse transferencia.” La autora de “Atravesar paredes…” agrega, “Para decirlo de otro modo, el paciente sale de la institución, pero no sale de la transferencia” (3). Una formulación impactante y necesaria para quienes trabajamos en instituciones de salud con internaciones y tratamientos ambulatorios en salud mental,  y requerimos encontrar el buen lugar para hacer pasar el discurso analítico y la apuesta a la singularidad más absoluta.  Ahora, ‘¿qué tiene que ver esto con el cartel? ¿Por qué lo traigo a esta noche en la Escuela? En principio porque la propuesta de la Secretaría de carteles, de “salir de la idea de la extensión como exterior” (4) a la Escuela y de reconocer al cartel como modo de estar ya en su interior, seas o no miembro de la misma, resonó en esa lectura donde el lugar y el lazo se entrecruzan y malentienden.

Me dirijo hacia “El lugar y el lazo” entonces. “Si un psicoanalista no juega su partida en relación con el partenaire-psicoanálisis, no hay psicoanálisis”(5). Caramba. Eso nos conduce a la existencia del psicoanálisis, “que es otra forma de decir que el lugar y el lazo analítico dependen del lazo del analista con el psicoanálisis” (6). En ese sentido, hacerlo existir implica reinventarlo, no guarecerse en un lugar ni una historia o tradición que lo garantizaría. Según Miller, “lo que Lacan aportó bajo el nombre de discurso analítico era su manera de decir: el psicoanálisis ex=siste en su necesidad lógica. No es una casa o una institución lo que lo hace existir, es el discurso analítico, del que hay que “intentar garantizar su efectuación”  en quien se forma como analista. Eso lo extrae de la “Proposición del 9 de octubre del 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”, texto que se centra en la transferencia y donde Lacan menciona al psicoanálisis en extensión como “todo lo que resume la función de nuestra Escuela en tanto presentifica el psicoanálisis en el mundo” (7), y al psicoanálisis en intensión equiparado al psicoanálisis didáctico. No duda unos párrafos posteriores en  aunarlos y separarlos de la psicoterapia. Entonces, el analista o practicante del psicoanálisis es quien lleva el discurso analítico adonde va. Siempre me sirvió tomar la perspectiva de Rubistein en relación a esto, ella decía “la extensión sólo se legitima si los analistas sabemos definir los límites y la perspectiva de nuestro campo, sin proponernos sustituir o reemplazar la práctica propia de otros discursos.  (…) es necesario que tengamos en cuenta la especificidad de cada una de las condiciones de nuestra intervención y encontrar los modos apropiados de interlocución con otras ramas del saber”. “Soportar que “no todo” es psicoanálisis hace (…) a las posibilidades de incidir (…) en las condiciones del malestar en la cultura, tener algo para decirle a los otros campos del saber y de la práctica social, al mismo tiempo que aprender de ellos” (8). Una lección de humildad, diría yo, que como brújula permite conversar con otros discursos, participar de equipos de trabajo interdisciplinarios y aún así, hacer existir al psicoanálisis.

Sabemos que el psicoanalista se autoriza por sí mismo y algunos otros. Y esos otros son aquellos con los que se comparte una misma causa, aun cuando también hay soledad en relación a la causa analítica.  Esos otros generalmente se encuentran o desencuentran en un cartel, órgano de base de la Escuela y  primera implicación con la misma. En mi caso en un recorrido que fue desde la práctica del psicoanálisis en el hospital, la letra y escritura, los modos de hacer con lo femenino, la clínica del exceso/ política del síntoma, la urgencia subjetiva y la institución, la política de la escuela en la ciudad….entre otros rasgos y carteles.

La Escuela, como propone Bassols, no es ni será nunca un lugar turístico (9). Entiendo que alude a un sitio para pasear y contemplar desde afuera. Estar en un cartel y en la Escuela implica tomar la palabra “a riesgo propio” (como la enseñanza), incomodarse, ser interpelado/a, ofuscarse o enojarse en otros momentos. El entusiasmo y la alegría juegan también su partida, afectos que surgen como efecto de las transferencias de trabajo que enlazan, el deseo de saber provocado y los mojones de saber obtenidos.

Notas:

(1) The Beatles, claro.

(2) Lacan, J.: El Seminario, Libro 23, El sinthome, Paidós, Buenos Aires., 2006, pág. 93.

(3) Biagi-Chai, F.: Atravesar paredes. La locura, de la psiquiatría al psicoanálisis, Tres Haches, Buenos Aires., 2021, pág. 35.

(4) Argumento de la Noche brindado por la Secretaría de Carteles.

(5) Miller, J.A.: El lugar y el lazo, Paidós, Buenos Aires., 2013, pág. 16.             

(6) Ibíd., pág. 17.

(7) Lacan, J.: “Proposición del 9 de octubre del 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires., 2012, pág. 264.

(8) Rubistein, A.: “El porvenir de la práctica analítica”, en Un acercamiento a la experiencia, Práctica y transmisión del psicoanálisis, Grama, Buenos Aires., 2009, pág. 159.

(9) Bassols, M.: “La puerta del cartel. Revista Cuatro más uno”. http://www.cuatromasunoeol.com/edicion/001.logica-colectiva.miquel-bassols