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Hacia el IX ENAPOL

Tercera actividad preparatoria rumbo al IX ENAPOL

Ropajes de la cólera en el lazo social.

La tercera actividad preparatoria rumbo al IX Enapol, realizada el 17 de Julio de 2019 en la EOL Sección La Plata, se centró en el tema de la cólera bajo el título: “Ropajes de la cólera en el lazo social”. La misma se desarrolló en una sala colmada de público.

Los invitados: Esteban Rodríguez Alzueta, Abogado y Magister en Ciencias Sociales (UNLP) y Cecilia Fasano, Miembro de la EOL Sección La Plata.

Coordinó la mesa: Manuel Carrasco Quintana, Miembro de la EOL Sección La Plata.

Cecilia nos presentó su trabajo titulado “Fuera de sí”.

Nos puso en clima con un pasaje de la Divina Comedia de Dante Alighieri “Vi gente inflamada en ira, con piedras matar a un jovencito unidos en un solo y fuerte grito: ‘Mátalo, mátalo, mátalo”.

Nos recordó los aportes clásicos tomados por Lacan al reorientar su enfoque del afecto a las pasiones, su lectura de la clínica, que propuso “ni psicologizarlas, ni reducirlas al cuerpo”.

Nos contó de la huella en su formación por parte de Germán García con relación a su insistencia en la exploración de las pasiones.

Tomó dos asociaciones que se le presentaron al ser convocada para dilucidar la cólera e intentar diferenciarla del odio. La primera: Una publicación de Jan Gross, del año 2000, intitulada “Vecinos” que desmonta un relato de la historia oficial acerca del martirologio del pueblo judío de Jedwabne, donde 1500 personas fueran quemadas vivas, acto adjudicado a la Gestapo hitleriana y a la gendarmería, pero que en realidad fueran asesinadas por sus propios vecinos, católicos, los otros 1500 que componían el total de 3000 habitantes de dicha población.

La segunda asociación: Una intervención artística llamada “Diarios del odio”, del 2014, de Roberto Jacoby y Syd Krochmalny, que consistió en expresar en carbonilla negra, en una pared de la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, la recopilación de expresiones de hostilidad radical publicadas diariamente por redactores anónimos en el sector “comentarios de lectores” de los diarios Clarín y La Nación.

En su reflexión, Cecilia recorrió las cuatro escasas ocasiones en las que Lacan se refirió específicamente a la cólera y concluyó que el significante no alcanza para nombrar eso indecible que el Otro despierta y que en consecuencia, la acción violenta ocupa el lugar vacante dejado por el significante ausente, pudiendo ésta llegar al pasaje al acto, tal como lo sucedido en Jedwabne, por ejemplo.

Esteban, que recientemente publicó su libro “Vecinocracia. Olfato social y linchamientos”, comentó que el mismo se halló vertebrado por las pasiones: vecinitas, hostis y tumultus (irreflexividad apasionada, degradación moral y difamación expulsiva). Se preguntó, siguiendo las reflexiones de Tocqueville si la ira no será un tipo de pasión “atrápala-todo” como pasión prevalente de nuestra era. Él “clavó cinco tesis en la puerta de nuestra Sección”:

Primera: La ira es una de las expresiones de la crisis del estado, tanto política como judicial, para procesar las conflictividades sociales.

Segunda: Existe una continuidad entre las violencias institucionales y las violencias sociales, entre la exclusión estatal, y la exclusión social, entendiendo ésta exclusión como una incapacidad para alojar al otro. Las organizaciones sociales en torno a identidades se consolidan expulsando violentamente al distinto.

Tercera: No hay cólera sin victimización. El “dispositivo-víctima” es un recurso que habilita a las pasiones impunemente. Ostenta una potencia unificadora aunque frágil y precaria, que deriva en soluciones biográficas para problemas sistémicos.

Cuarta: La ira es el sustento de la justicia vecinal, de la justicia mediática, de la justicia difamatoria que tiene lugar en lugar de la justicia intelectual y abstracta.

Quinta: Cuando no se puede hacer política se hará justicia difamatoria o vecinal.

Concluyó que la ira está vinculada a la defensa agresiva del espacio físico o psíquico y que funciona compensando una afrenta a la autoestima.

Manuel reflexionó sobre ambas exposiciones, encontrando que, a pesar de venir de miradas distintas tienen muchos puntos de convergencia, como ser la dificultad para situar la diferencia entre las pasiones cólera y odio. Retoma la diferenciación efectuada por Eric Laurent, que señala que la cólera no implica necesariamente llevar al otro hasta su destrucción como sí implicaría el odio.

En común también, la relación entre cólera, injusticia y venganza. Asimismo, la importancia de la contextualización de la época. Señala que ambos pensaron la cólera desde lo social y no como un afecto subjetivo y que además implica la “vecindad”, la proximidad física.

Aportó que la cólera implica un cuerpo, en movimiento, un afecto en él, una agitación en éste. Y que tal vez, la falta de esa descarga, derive en odio.

Luego abrió el comentario a la sala, lo que dio lugar a una entusiasta y numerosa participación.

Finalizó este encuentro que nos dejó apasionados… para seguir en el próximo ENAPOL.

Reseña realizada por Marina Rodríguez