BibliotecaNúmero 6 - diciembre 2015

Una invitación a la lectura

Una invitación a la lecturaNoche de Biblioteca, Presentación de El ultimísimo Lacan  – EOL Sección La Plata, 24 de junio de 2015

 

Mónica Boada

 

“…quisiéramos llevar al lector a una consecuencia en la que le sea preciso poner de su parte”.

J. Lacan (1)

El Ultimísimo Lacan es un seminario dictado por Jaques-Alain Miller entre los años 2006 y 2007, durante el establecimiento de los seminarios XXIV “Línsu que sait de la une-bévue s’aile a mourre” y  XXV “Momento de concluir” de Jaques Lacan. Fue publicado en español en el 2012.

Aquí Miller nos anticipa que serán los últimos seminarios de Lacan que se establecerán como tales, entendiendo a partir del título “Momento de concluir”, que allí él lo dio por terminado. En todo caso, ese también fue el último seminario que Jacques-Alain Miller fue a escuchar. Luego decidió dejar de asistir.

Aunque Lacan haya tomado la palabra por algunos años más, los que solemos llamar seminario XXVI “Topología y Tiempo” y seminario XXVII “Disolución” serán publicados en otro formato.

El ultimísimo Lacan es un modo de nombrar un período de su enseñanza que no hace serie con el resto (de nuestros antecedentes, primera enseñanza, última enseñanza), sino que es un suplemento, un agregado a la última, que Miller ubica a partir del Seminario 20, Aun. Es un “momento”  de la enseñanza que no se deja capturar del mismo modo que el resto, no se deja esclarecer, elucidar, ordenar, del mismo modo en que Miller lo había hecho hasta aquí.

Parado en un borde

Leo dos citas, a modo de ejemplo, que dejan ver el tono, el pathos y me animo a decir el efecto de atravesamiento de algo que se lee retroactivamente como un umbral. La primera:

“La última vez, me dejé llevar por cierto pathos (la soledad)…no es mi costumbre ya que tiendo más al matema. Pero así es: este pathos me llevó. Yo soy actuado, no actúo yo.

Uno no llega impunemente al reverso de Lacan, al reverso de su enseñanza… Algunos fundamentos tiemblan, llega a generar efectos de pánico. Uno se pregunta lo que queda, y aquello que queda, se lo llama, junto con Lacan, trozos de real.

Este momento, el momento en que esto se capta, no se presta mucho a la interpretación. Digamos incluso que cuando se lee y se descifra este “ultímisimo Lacan”, no tiene más sentido. Muy difícilmente tiene sentido, y se termina ejércitándose en darle sentido, es decir en profesar un discurso continuo, argumentando con lindas simetrías. Se insiste forzosamente en hystorizar esta historia, y al final de cuentas se experimenta lo que es fabricar una historia con trozos de algo que no se entiende. Esto repite eso a lo que uno se somete en un análisis”. (2)

La segunda cita es del comienzo de la clase siguiente, dos meses después:

“Me dije que hay que renunciar al Uno. En el punto en el que estoy ahora, tengo que renunciar al Uno cuando les hablo de Lacan. Me tengo que convencer que estoy parado en un borde, en el que se deshace lo que llamaré el sistema de Lacan. Por eso postergué el mayor tiempo posible el momento de abordar esta región de su ultimísima enseñanza.

El sistema ya no se mantiene unido, y me doy cuenta -¿por qué no decirlo?- de que a mí también me cuesta renunciar al Uno del sistema, no sustituirlo por otro: la única forma en que logro progresar es mediante intentos de remiendo. Por eso tropiezo con estos heteróclitos esbozos, con estos insólitos destellos que aparecen en este ultimísimo período.

Para abordar este período, sin duda hace falta elaborar un modo distinto al que yo mismo he practicado y he enseñando. Hay que tener mucha tolerancia a la contradicción; sin embargo, soy el que soy, por lo tanto, sigo tratando de disolver las contradicciones estratificándolas, pluralizando los puntos de vista. Acepto con ello ajustarme a la variedad de Lacan, a la variedad de sus verdades”.(3)

De qué borde se trata, se esclarecerá en una de las últimas clases cuando finalmente se cierre.

Al comienzo de este seminario Miller comenta el que “por ahora es”, dice, “el último escrito” de Lacan Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11. Allí pone en tensión las nociones de inconsciente (real), transferencia, interpretación, historia, que surgen de ese escrito, con la de los primeros escritos de Lacan (“Respuesta al comentario de Jean Hyppolite…”, “Función y campo…”, “El seminario de La carta robada”, “Cuestión preliminar…”, entre otros). Con lo cual, efectivamente el efecto de reverso, de estar en las antípodas, de contradicción entre un momento de la enseñanza y otro es notable, perturbador…

 

Lectura (distancia) o rutina del significante (disancia)

Esto me interrogaba un poco, porque me parecía un forzamiento… Hasta que en una de las últimas clases(4) Miller nos reenvía al “Índice” de los Escritos publicados en 1966.

Este “Índice razonado de los conceptos principales” es su primera intervención como “lector” de la enseñanza de Lacan, incluso es anterior al establecimiento del primer seminario que se publicó en 1973, el Seminario 11. Este índice lo escribió junto a una pequeña introducción llamada: “Esclarecimiento”.

En uno de sus puntos, el último, dice: “sabemos cerrado al entusiasmo el discurso lacaniano, por haber reconocido en su “apertura” el progreso de una sistematización cuya coherencia ha sido, para el Discurso de Roma, definitivamente establecida y asegurada su clausura. Por ello, según el concepto que tenemos de esta lectura (en itálicas en el original), algo se gana estudiándola en sistema, a pesar de la elipse del estilo, necesaria según Lacan, a la formación de los analistas”. (5)

Así se cierra el borde, en el cual en el Ultimísimo Lacan, Miller dice estar parado: “Me tengo que convencer que estoy parado en un borde, en el que se deshace lo que llamaré el sistema de Lacan”.

Me parece fundamental situar y contar con ese borde para poder trabajar el Ultimísimo Lacan. De ese modo nosotros también tomamos cierta distancia de la disancia de su texto.

Así empieza el primer capítulo del Ultimísimo, “me encontré marcando la distanciafrente a la disancia lacaniana”.(6) Agrega, incluso, que sobre esta distancia va a fijar su posición para el trabajo de ese año.

La disancia es la lengua tal como es hablada por gente de la misma profesión. Tiene que ver con la rutina del significante, con un sentido previo, eso anda sin tropiezos.

Lo opuesto de la disancia, es la lectura al pie de la letra. Se trata de ubicar sus impasses y forzar al texto a responder por ellos. Tomar el texto sin automatismo, sin un sentido previo, eso incluye tomar al texto en sus tropiezos, en sus lapsus.

El esp de un laps (el espacio de un lapsus), así rebautiza el último escrito de Lacan.

Entonces, con Miller, voy a tratar de hacer una lectura, tomando cierta distancia, de lo que podría ser la noción de inconsciente, en esta ultimísima enseñanza.

 

Del inconsciente real a la  una-equivocación

Jaques-Alain Miller no entra de lleno en la ultimísima enseñanza. Pasa un tiempo en el umbral.

En las primeras clases comenta el último escrito de Lacan, llamado “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, escrito un par de semanas después de concluido el Seminario 23, Joyce el Síntoma. Aquí ya no es tanto Lacan con Freud, sino más bien Lacan con Joyce.

De hecho, su primera operación de lectura es ubicarse a cierta distancia de la disancia lacaniana, para dejarle su “decir a Lacan” y es así que rápidamente nos sitúa en el punto en que Lacan dice que “lo real es su propia respuesta sintomática al descubrimiento freudiano del inconsciente”, y eso vale sólo para él.

Miller juega con la idea de que toda la enseñanza de Lacan puede ser leída como una respuesta a lo traumático de su encuentro con el decir de Freud.

Lacan también toma distancia, y lee a Freud.

En un riguroso ejercicio de la disciplina del comentario, Miller desbroza este breve escrito, poniendo en tensión algunas de sus proposiciones con fragmentos del Seminario 23 (es de resaltar la lectura de la clase IX, “De lo inconsciente a lo real”), y también con los primeros escritos de Lacan.

De ello resulta, lo reduzco mucho, la distinción entre Inconsciente real e Inconsciente transferencial.

Esta es una de sus “bellas simetrías”, una distinción muy productiva conceptualmente, que hemos trabajado en nuestra comunidad bastante, así que no me voy a detener allí. Sólo me interesa situarla en el umbral, en el borde del comienzo de la ultimísima enseñanza.

Es un estatuto del inconsciente que ya no es freudiano. Y que implica una revisión de las nociones de interpretación, de transferencia, de saber, del fin de análisis…del psicoanálisis todo.

“Hay que manejar esta idea del inconsciente real con precaución: uno sólo se pone a su nivel a su propia costa”, “Es una definición que hace agujero a su enseñanza. Es un agujero a través del cual toda su enseñanza puede llegar a evacuarse”. (7)

En continuidad con esta distancia (que supone la lectura), de Lacan con Freud, me interesa poner de relieve algunas puntuaciones del “Seminario XXIV, L’insu…”, particularmente de la primera clase.

Une-bevue, resuena a nivel de lalengua con Unbewusst (inconsciente) y es a partir de ese juego de palabras que Lacan sitúa lo que quiere introducir con el título de su seminario de ese año: “algo que va más lejos que el inconsciente”.

Pero también equivoca con equivocación, con acto fallido, lapsus, etc. Con las formaciones del inconsciente.

Incluso se pregunta si al final del análisis se trata de identificarse con el inconsciente, a lo cual responde: “No, porque el inconsciente resta –no digo eternamente, porque no hay ninguna eternidad– resta el Otro. No veo que se pueda dar un sentido al inconsciente, si no es el de situarlo en este Otro portador de significantes que tira los hilos de lo que se llama imprudentemente el sujeto…”. Renglón siguiente, se pregunta: “¿En qué consiste ese punto de referencia que es el análisis? ¿Es que eso sería o no, identificarse, tomando sus garantías de una especie de distancia, a su síntoma?”.(8)

 

La buena distancia o el saber-hacer-con

Confieso que fue una grata sorpresa reencontrar en esta cita el término “distancia”.

Vemos así, como desde la primera clase, Lacan separa esta dimensión del síntoma (sinthome) de la dimensión del  inconsciente. Uno y otro suponen saberes distintos.

El inconsciente, como Otro portador de significantes, queda del lado de la elucubración de saber, en la dimensión de la verdad-mentirosa.

La identificación al síntoma es definida como saber-hacer-con ese síntoma, saber desembrollarlo, saber manipularlo.

Este es un saber no conceptual. Es más un “conocer”, dice Lacan: el síntoma es lo que se conoce mejor, en el sentido en que se dice que un hombre conoce a una mujer. El síntoma puede ser el partenaire sexual. También corresponde a “lo que el hombre sabe hacer con su imagen”, eso nos permite “imaginar” la manera en la cual se desenvuelve con el síntoma.

Miller en la clase llamada “Inconsciente y sinthome”, lo lee de este modo: “¿Se trata, con esta suerte de distancia, de poder saber hacer algo con su ser de sinthome? ¿Se trata, como dice Lacan, de saber desembrollar, manipular, su ser de sinthome?”. (9)

Aquí introduce un matiz entre desembrollarse y manipular. Se trata de desembrollarse de lo verdadero, de la elucubración, etc. De “extraerse del embrollo”. Manipular implica el cuerpo, saber hacer con la imagen.

Llegado a este punto en un análisis, efectivamente no se trata de desciframiento, pero tal vez sí se trate de cierto saber-leer para extraerse del embrollo.

Termino con una cita del Seminario XXV, “Momento de concluir”, que creo va en este sentido.  Allí define el saber como lo legible y la transferencia como un “supuesto-saber-leer-de-otro-modo”.(10)

Miller termina su seminario hablando de la transferencia negativa de Lacan respecto a su saber, y es justamente por ese desapego, “exfoliación” de su propia elucubración de saber que “deja todo el espacio necesario para la invención”. (11)

 

Notas

(1) Lacan, J.: “Obertura de esta recopilación”, en Escritos 1 Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, 1988, pág.4.

(2) Miller, J.-A.: Cap. VII, “Un-cuerpo”, en El ultimísimo Lacan, Ed Paidós, Buenos Aires, 2013, pág. 103.

(3) Op. Cit. (2), Cap. VIII: “Varidad de Lacan”, pág.117.

(4) Op. Cit. (2), Cap. XIII: “Períodos de la enseñanza de Lacan”, pág 206.

(5) Lacan, J.: “Índices”, en Escritos 2, Siglo XXI, Buenos Aires, 1988, pág. 874.

(6) Op. Cit. (2), Cap. I: “El esp de un laps”, pág. 9.

(7) Op. Cit. (2), Cap. VI, pág. 95 y 96.

(8) Lacan, J.: Seminario XXIV: “Línsu que sait de l’une-bévue…”, clase 1 del 16/11/76 Inédito.

(9) Op. Cit. (2), Cap. IX: “Inconciente y sinthome”, pág.141.

(10) Lacan, J.: Seminario XXV “Momento de concluir”, clase 4.del 10/01/78, Inédito: “Imposible pues saber quién lee. Hay seguramente escritura en el inconsciente, no sería más que porque el sueño, principio del inconsciente —eso es lo que dice Freud—, el lapsus e incluso el chiste se definen por lo legible. Un sueño, uno lo hace, no sabe por qué y luego, retroactivamente, eso se lee; un lapsus igual, y todo lo que Freud dice del chiste es bien notorio como estando ligado a esa economía que es la escritura, economía en relación a la palabra.

Lo legible, es en eso que consiste el saber. Y en suma, es escaso. Lo que digo de la transferencia es que la he adelantado tímidamente como siendo el sujeto —un sujeto es siempre supuesto, no hay sujeto por supuesto, no hay más que supuesto— supuesto-saber . ¿Qué es lo que eso puede querer decir? El supuesto-saber-leer-de-otro-modo (Le supposé-savoir-lire- autrement).”

(11) Op. Cit. (2), Cap. XVII: “Elaboración sobre el tiempo”, pág. 276.

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*