Ecos y reseñasLecturasNúmero 13 - septiembre 2019

Un libro que hacía falta

LECTURAS: LACAN ENTRE LAS FEMINISTAS. LA OBJECIÓN DE LA MUJER— EOL Sección La Plata, 14 de junio de 2019

 

Brígida Griffin

 

 

El viernes 15 de junio, en la Sección E.O.L. La Plata, en el marco de Lecturas, se realizó la presentación del libro “Lacan entre las feministas” (La objeción de la mujer) de Gabriela Rodríguez.

Para esta oportunidad, fueron invitadas Florencia Dassen, psicoanalista, miembro de E.O.L.  AMP, editora del libro y Mercedes Araujo, abogada, escritora, poeta.

Audacia fue la palabra con la que Gabriela Rodríguez abrió la interlocución.

En medio de un clima de inauguración, emoción e intimidad, contó que el libro llevó mucho tiempo escribiéndose como piezas sueltas hasta que tomó cuerpo y llegó el momento de la publicación.

Enfatizó que “la lectura es un asunto de subrayado, por lo general se hace en soledad”. Para compartir, eligió las lecturas de dos amigas que proceden una del psicoanálisis y la otra de las letras, como interlocución privilegiada para la ocasión.

Comenzó Florencia Dassen reconociendo algún gusto por los riesgos, al tiempo que destacó el esfuerzo que exige el primer encuentro con esta lectura. Subrayó la necesidad de un trabajo y una concentración que exige detenerse una y otra vez, volver sobre los párrafos,  pensar. Asimismo, señaló “que atrapa la erudición que porta Gabriela Rodríguez”, un recurso a las referencias rico y original.

Consideró que el mérito  del libro, que forma parte de la colección de psicoanálisis de Tres Haches, es acercar a las feministas leyendo a Lacan y el feminismo interpelando el psicoanálisis. Adelantó que “va a hacer ruido”.

Enfatizó del prólogo de Graciela Musachi,  “el ineludible y constante trabajo de producir el límite del psicoanálisis cuando éste se intersecta con otros campos, especialmente cuando es usado para pensar contra”. Precisando que de eso se trata, de cómo soportar ese límite, ni en contra de, ni para producir una coincidencia que no conviene, sino de soportar las diferencias exquisitamente.

Luego destacó aspectos del libro, tales como el valor del armado, la dimensión poética de la lengua, el tratamiento del femicidio y la ira femenina,  pero eligió detenerse especialmente en un capitulo al que consideró casi un ensayo. “Emplazadas, para escribir la mujer de la multitud” o de las multitudes de mujeres que inflaman todas las plazas. Destacó allí el trabajo que Gabriela Rodríguez se tomó para interpretar al señalar que en los modos de enlazarse  hay algo que no es la masa sostenida por el Ideal. Nuevos modos de enlazarse, que la remitieron a Eric Laurent cuando trabaja el parlétre político en el “Reverso de la Biopolítica”.

Para finalizar eligió una cita del libro: “A tono con la feminización del mundo (…) Los motivos diversos y razones políticas disímiles que hubieran tendido a configurar una explicación de conjunto, se diluyen a la hora de situar “eso” que las liga en multitud, al mismo tiempo que hace crecer el interrogante acerca de si esta “nueva” configuración constituye en alguna medida una suerte de pulsión nueva, inactiva en toda otra circunstancia, para decirlo freudianamente; o para decirlo con los términos de Judith Butler, qué sucede cuando “los cuerpos se juntan, se mueven, se comunican, y reclaman un determinado espacio como espacio público , qué “mantiene juntos en ese lugar” a los cuerpos que con Jacques Lacan hemos de llamar hablantes”.

Por su parte Mercedes Araujo contó que no era lectora de Lacan, y que por lo tanto iba a hablar desde la reflexión del lenguaje literario y poético. Resaltó que el horizonte contemporáneo exige, pide la desambiguación del lenguaje, lo que pone en aprieto a la poesía que discurre por la ambigüedad.

Celebró que el libro se abriera con una reflexión en relación al lenguaje y a lo femenino.  Destacando en el escrito “La lengua fundamental de Las Preciosas” su procedimiento para erradicar vocablos, a la vez que tejen “una trama de eufemismos tendiente a la exclusión de lo obsceno”.

Destacó que Gabriela Rodríguez “lee desde un lugar sutil y profundo” a partir del cual   el libro interroga y responde sin reducir la complejidad en cuestión. Siguiendo el eje del feminismo sobre el lenguaje sugirió indagar cómo aborda el tema del lenguaje inclusivo. Por su parte, consideró la necesidad de aceptar el problema, expresando que para la poesía es un verdadero aprieto, un desafío. Dado que  “el poema comprende pero no explica”, la apuesta sería la desambiguación para crear, que la literatura pueda comprender las distintas demandas que están en juego, pero no explicar.

Insistió con la pregunta que le sugieren “Las preciosas” ¿Hasta dónde podemos mandar al destierro las palabras, las formas de contar, narrar, poetizar?

En el cruce entre feminismo y lenguaje, dio un paso más, y se preguntó qué hay del goce en la porfía de reclamar un lenguaje que pueda nombrar a quienes lo están reclamando.

Para concluir eligió una cita para destacar que una mujer objeta el universal “ella se desdobla (…) cuando se vuelve otra para sí misma no hay ideal de tipo que valga” (…) “Una. Mujer. Crea agujero en el género, dibuja el lugar de una “zona” no habitada del todo, que permanece vacía, tanto con relación al cuerpo, el que por pura petición de principio puede llamar propio, el que tiene, como en relación con el lenguaje que habita por ser hablante. Allí se juega el trazo ilegible de un goce sin nombre, que la ausenta, la divide, permanece indescifrable para sí misma pero es seguro que lo siente. Es la perspectiva que se podría sostener con Lacan.

Desde el público, realizaron comentarios algunas lectoras que fueron invitadas por Gabriela Rodríguez a leer diversos capítulos durante el tiempo de armado del libro. Mónica Boada, propuso que se despliegue el valor del subtítulo y la imagen de tapa. Gisel Ringuelet acentuó lo oportuno de esta publicación y la consideró una guía de lectura. Brígida Griffin lo situó como texto de consulta, esclarecedor en este momento de cierta confusión. Rosana Salvatori expresó que lo considera un programa de investigación que consuena sin proponérselo con temas de Enapol. Verónica Escudero subrayó la forma en que trabaja la cuestión de la incidencia social de la sexualidad femenina, y el estilo distintivo del tratamiento de las referencias. Laura Arroyo, remarcó que el libro nos ubica y marca el camino. Destacó la inspiración de la imagen de tapa tomada de la película Metrópoli de Fritz Lang haciendo hincapié en el costado irónico que supone el personaje de la mujer/robot, aquella que produce desarreglo por más que el Amo se empeñe en neutralizarla. Adriana Fanjul señaló que más allá de lo exhaustivo y preciso, lo distintivo es que hay en el libro una toma de posición.

Gabriela Rodríguez, expresó su agradecimiento al directorio de la Sección E.O.L. La Plata, por la posibilidad de presentar el libro en el espacio de Lecturas. Y rindió homenaje a Graciela Musachi, especialmente a la investigación abierta en su texto, “Mujeres en movimiento”, al que considera un libro fundante para todo lo que se ha escrito, antes y después. Contó que detrás de cada capítulo de “Lacan entre las feministas” hay una pequeña historia, que describe el recorrido personal, hasta llegar a las que se insertan en el campo de conversaciones y discusiones que se dieron en la Sección.

Recordó también que tanto el psicoanálisis como los feminismos, se ocupan del famoso “Otro goce” fuera de discurso. Y que hablar, con Lacan, de incidencia social de la sexualidad femenina, nos enfrenta a la cuestión de interrogar cómo, de qué manera, por ejemplo el colectivo N.U.M. (Ni Una Menos) sigla que se ha vuelto un nombre,  da cuenta de esa incidencia,

Por lo tanto, concluyó “no está dicha la última palabra, las palabras están por venir”.

Para finalizar, Paula Vallejo, Directora de la Sección, manifestó su agradecimiento por partida doble, a Gabriela y a quienes participaron de la noche de Lecturas. En lo personal como lectora y en nombre del Directorio, al considerar que este libro “es muy valioso porque pone en la mesa un debate que hace falta tener” pero fundamentalmente, porque introduce una modalidad de trabajo y un lazo que sostiene la affectio societatis en la Escuela.