BibliotecaNúmero 12 - diciembre 2018

Un curso editado siempre es un discurso renovado. Comentario del Curso de J.-A. Miller

SEGUNDA NOCHE DE BIBLIOTECA. PRESENTACIÓN DE: EL SÍNTOMA AL FANTASMA. Y RETORNO—EOL Sección La Plata, 19 de septiembre de 2018

 

 

 

 

Débora Nitzcaner

 

Agradezco al Directorio de la Sección por esta invitación y el gran honor de presentar el reciente curso editado de J.-A. Miller; y en especial a Manuel Carrasco Quintana, Secretario de Biblioteca.

“Un curso editado siempre es un discurso renovado”, es el título que elegí para esta presentación. Hace un tiempo atrás, en el marco de mi responsabilidad con la edición de El Caldero de la Escuela, tuve la idea de acercarme a J.-A. Miller y comentarle sobre mi interés por entrevistarlo acerca de lo que era –para él– escribir los seminarios de Lacan.

Así, tal como se escucha le dije “escribir”. Su respuesta fue amable, frunció muy afectuosamente su nariz y me dijo “mejor no. Hoy, con la lectura de este curso encontré una respuesta más a su “mejor no”. Es por lo que aquí se lee de su devenir analista y en el encuentro de lo que fue para él su propio saber a cerca de la enseñanza y escritura de Lacan. Este Curso es un curso testigo, mientras Miller dictaba este curso se leían las huellas del establecimiento del seminario que Lacan no alcanzó a editar La Ética del psicoanálisis.

Luego de dos años de interrupción en su enseñanza, luego de la muerte de Lacan y la disolución de la ECF, Miller se propone hablar en este curso del goce, retomando la huella de lo que había sido en Caracas una conversación que él mismo mantuvo con Lacan sobre lo que significaba “oponer al deseo la fijeza del fantasma”.

El instante de ese momento, en la “juventud de su práctica, recurre, a mi parecer, al Lacan que funda la clínica del objeto a, “al Otro Lacan”, como él lo dice, porque allí retoma los hilos de lo que funda el deseo del analista.

¿Qué se puede deducir del binomio presentado como síntoma y fantasma? Son varias las vueltas, entre ellas destacaría una, la pareja alienación (del lado del síntoma) y separación (del lado del fantasma) por esa vía se establece un nudo fundamental, es por donde se juegan –a mi entender– las cartas de este curso: entre la represión originaria, el fantasma fundamental y el masoquismo primordial.

Entiendo la lectura de un curso como un trabajo minucioso de estudio y es por eso que voy a situar algunos “puntos ciegos”, tal como Miller los nombra cuando se detiene en algunos de sus impasses. Bajo la pretensión de una lectura lógica, elegí detenerme en dos impasses que hacen referencia a los dos movimientos implícitos en el título de este libro. Un movimiento precede al otro, y si bien el primero recae sobre el fantasma, el segundo recae sobre el síntoma.

 

Primer impasse

El primer impasse es cuando Miller deduce que Lacan abordó el final del análisis a partir del fantasma y no a partir del síntoma. Cuestión que lo lleva a decir que “no se obtendrá nada –del fantasma– sino no se lo hace valer junto al término síntoma”, como el término que no está dicho por Lacan. (1)

Se sirve de la entrada de un análisis como el momento por donde el síntoma se precipita bajo el enganche con el sujeto supuesto saber, tanto por la prisa como por su cristalización. Razón por la cual Miller parte –en su título– “del síntoma al fantasma”.

Para este primer impasse es necesario detenerse en la segunda fórmula del fantasma, ya que ahí queda situada –por Miller– una suerte de paradoja cuando se pregunta qué puede querer decir “que el sujeto del inconsciente se encuentra situado en el fantasma”. (2)

Implica que el fantasma para el sujeto “llama a colmar el agujero del sujeto implicado a través de la cadena significante”. (3)

Entonces, “¿Cuál es el resultado de descubrir que el efecto significante es un sujeto barrado? (4) . Es una interpelación presentada por Miller y a la que responde clínicamente, como el aspecto más entretenido para el psicoanálisis, porque es barrando al sujeto que este se desliza en la cadena significante y es desde allí que comienzan los derroteros de un análisis. Se trata del hallazgo de una nueva inercia que encuentra en la escritura del fantasma, y que la repetición muestra que se opera con un sujeto vacío de la cadena significante. Es decir, que se trata de “instituir un agujero donde alojarse” (5) presentado bajo la emergencia del objeto a, el “elemento heterogéneo que en relación a la cadena tanto indica como al mismo tiempo tapona ese lugar vacío”. (6)

Si volvemos al inicio del curso, él allí anuncia que hay una novedad que compete a la experiencia, y es “que el fantasma concierne al sujeto como sujeto del significante” (7). En tanto que el fantasma no se articula al sujeto del reconocimiento del deseo, sino que es previo se articula al sujeto de la palabra. Definido como sujeto pleno ya que se realiza íntegramente en la nominación, satisfecho con encontrar su nombre (8) que, por intermedio del Otro le vuelve el nombre de lo que es.

En términos de Miller “cada vez que el sujeto se encuentra en la imposibilidad de conducir sobre un escenario al Otro del Otro” (9), cada vez que para un sujeto una identificación fundamental es alcanzada, se puede leer con sus enseñanzas que estamos inmersos en la escritura del fantasma.

“Hay que saber interpretar a partir de la falta en el Otro, y no a partir de la posición del supuesto saber para que pueda emerger en el sujeto su estatuto de sujeto barrado”. (10) Es una preciosa indicación milleriana que destaca la posición del analista haciendo semblante de objeto a.

 

Segundo impasse

Ubicadas las coordenadas del segundo tiempo del fantasma se puede proponer el hallazgo del segundo impasse: el retorno del fantasma al síntoma.

En el preciso capítulo XX Miller examina sobre el alcance de lo que es hacer síntoma(11), aquí se sirve de la psicosis y se ve llevado a distinguir “dos modos de poner en funcionamiento la castración, que es por donde se inscribe el espacio mismo de la experiencia analítica” (12). De este modo subraya la disyunción que Lacan hace en “El atolondradicho” entre la significación y el sentido. (13)

Mientras la metáfora paterna le permite a un sujeto acceder a la significación de la castración, no va de suyo que esta metáfora le permita acceder al sentido de la castración. Deduciendo, que la significación de la castración no conlleva al “no hay relación sexual”, en cambioel matema del sentido de la castración”, sí. De este modo, la significación de la castración se sostiene “en la impotencia” y el sentido de la castración “en lo imposible.

Una diferencia muy importante para aquellos sujetos que no han podido alcanzar algún sentido posible y necesario de acceso a la castración. Entonces, para que haya una salida, es necesario “que el sujeto este tomado en cierto ángulo del significante” (14) lo que tiene por ventaja fijar algún goce, localizarlo. Siendo que –lo señala Miller– de un modo general, el efecto significante es “un desierto de goce” y en consecuencia fijarlo da una brújula posible, que opere al menos alguna identificación.

 Es, por la implicación de la castración en el fantasma y su comparación con la psicosis que nos vemos conducidos al encuentro de una clave lacaniana, “el sesgo por donde se realiza el acontecimiento del síntoma(15). Así distinguir la opacidad del síntoma del síntoma como mensaje, abre una interrogación para Miller “¿Qué quiere decir esta opacidad subjetiva del síntoma?”. (16)

Aparentemente el retorno al síntoma desde el fantasma es el encuentro con eso opaco, que se subjetiva con el síntoma. Por eso Miller formaliza en este “retorno” el camino de lo imposible de saber. Y “operar en el campo del saber que no se sabe –señala– es un límite”. (17)

 

 

 

Notas:

(1) Miller, J.-A.: Los Cursos psicoanalíticos. Del síntoma al fantasma. Y retorno, Paidós, Buenos Aires, 2018, pág. 14.

(2) Ibíd., pág.108.

(3) Óp. Cit. n ° 1, pág. 110.

(4) Óp. Cit. n ° 1, pág. 61.

(5) Óp. Cit. n ° 1, pág. 112.

(6) Óp. Cit. n ° 1, pág. 113.

(7) Óp. Cit. n ° 1, pág. 60.

(8) Óp. Cit. n ° 1, pág. 61.

(9) Óp. Cit. n ° 1, pág. 63.

(10) Óp. Cit. n ° 1, pág. 63.

(11) Óp. Cit. n ° 1, pág. 365.

(12) Óp. Cit. n ° 1, pág. 369.

(13) Óp. Cit. n ° 1, pág. 370.

(14) Óp. Cit. n ° 1, pág. 373.

(15) Óp. Cit. n ° 1, pág. 376.

(16) Óp. Cit. n ° 1, pág. 379.

(17) Óp. Cit. n ° 1, pág. 387.