Extraordinario - septiembre 2020Noches de Directorio - La formación del analista

Transformaciones en la formación

NOCHE DE DIRECTORIO: TRANS-FORMACIÓN DEL ANALISTA. PERSPECTIVASEOL Sección La Plata, 3 de junio 2020

Daniel Millas

Dos perspectivas

Podemos diferenciar dos perspectivas en la formación que a su vez se corresponden con dos concepciones del síntoma y del inconsciente. La primera, orientada por lo simbólico, se sostiene finalmente en la creencia en que es posible saber que es un analista y cómo debe formarse. Fue este punto de vista el que en 1920 dio lugar a la primera Comisión Didáctica de la IPA, que impuso las mismas reglas de formación, creyendo que el saber analítico puede delegarse a una instancia que se atribuye una enunciación colectiva. Desde esta perspectiva, que responde al estándar del “Para todos” igual, la formación tiene como sustento y horizonte la identificación con el analista.

La segunda orientación se sirve en cambio del inconsciente para constatar que hay un real en el saber que permanece inaccesible. El análisis entonces no culmina en una identificación totalizante, sino que opera una transformación subjetiva que, por el contrario, destituye las identificaciones que se encontraban amarradas al fantasma. De manera que no hay formación analítica sin consecuencias sobre la subjetividad del practicante. Sus incidencias no cesan y trazan un recorrido marcado por acontecimientos que establecen discontinuidades.

El analista no es el dueño de la “forma”, no encarna un modelo, ni domina una técnica.

Se pone de relieve así otro tipo de saber. En el Seminario 24,(1) Lacan diferencia entre el “saber hacer” que remite al howto do it, como técnicas tipificables y estandarizadas, del “saber hacer con” (savoir y faire), que introduce lo contingente, lo que no es aprehensible y requiere de la invención. Se trata de un saber hacer con la palabra que deja en evidencia un rasgo singular que deviene estilo.

La Escuela fundada a su vez en un “no saber qué es un analista”, se anuda como concepto, al trípode freudiano del análisis, el control y la enseñanza, permitiendo enlazar cada modalidad singular con lo colectivo de una elaboración. Porque hay escuela, es posible pensar la formación como un síntoma. El síntoma con el que cada uno tiene que arreglárselas para construir un lazo entre la soledad del acto analítico y la relación con la Escuela en tanto comunidad de trabajo.

El inconsciente es la política

Quiero introducir aquí algunos de los desarrollos hechos por J.A. Miller sobre este punto. Parte de la conocida afirmación de Lacan en La lógica del fantasma: “No digo la política es el inconsciente, digo simplemente el inconsciente es la política.» (2)

Esta expresión pone de relieve la dimensión transindividual del inconsciente, a partir de radicalizar la definición del Witz como vínculo social. Afirma Miller: «El inconsciente es la política… es transportar el inconsciente fuera de la esfera solipsista, para introducirlo en la Ciudad, hacerlo depender de “la Historia”, de la discordia del discurso universal en cada momento de la serie que de él se efectúa. El inconsciente es del orden del vínculo social.”(3)

Esta perspectiva nos permite considerar la Escuela desde la dialéctica transindividual en la que están comprometidos los sujetos. A su vez, la Escuela misma entendida como sujeto no constituye un Todo, ni tampoco un bloque homogéneo impermeable a los acontecimientos que inciden en una época y en un lugar determinado.

Esta cuestión, especialmente señalada en el Comunicado de las reuniones del Consejo de la AMP en enero de este año,(4) nos lleva a tomar en cuenta el anudamiento existente entre la intensión y la extensión, así como las relaciones entre la Escuela y la ciudad.

Si admitimos un anudamiento entre ellas es porque efectivamente la extensión se sirve de la intensión y a su vez incide sobre ella. Esto quiere decir que no se trata de dos registros diferentes que podrían estar representados por especialistas en cada uno de ellos. Por esa razón, constituye una cuestión inherente a la formación analítica, saber cómo dirigirnos a los representantes de otros discursos de manera de poder entablar un intercambio con ellos. De acuerdo con lo expresado por Miller, de lograr “ser sumisos a sus condiciones, pero volvernos subversivos con nuestra influencia.” (5)

Solo es posible avanzar con esta difícil tarea si los efectos de retorno sobre la Escuela se constituyen en efectos de formación en el sentido analítico del término. Por este motivo es necesario seguir atentamente sus consecuencias en los dispositivos específicos de la Escuela: la admisión, la garantía y el pase.

Los tiempos de la pandemia

El impacto producido por la pandemia del COVID 19 irrumpió como un real cuyos efectos se hicieron sentir en todo el planeta. Este acontecimiento imprevisto nos ha conmovido de diferentes maneras y nos ha convocado a dar una respuesta, que no es otra que disponernos a llevar adelante un trabajo de Escuela. Lo notable es que para poder hacerlo debemos recurrir hoy a un uso sin precedentes de las plataformas virtuales.

Por esta razón, en La Noche del Consejo del jueves 14 de mayo sobre “La Escuela en los tiempos de la pandemia” uno de los temas más discutidos estuvo relacionado justamente con la práctica analítica online. Si bien hay un acuerdo respecto a la importancia de sostener los análisis en esta coyuntura en la que no quedaría otra alternativa que interrumpirlos, no deja de plantearse la pregunta acerca de cuáles serán las consecuencias de esta utilización generalizada una vez superada la pandemia.

El uso del teléfono y más recientemente de las plataformas virtuales no es algo nuevo, pero siempre se lo consideró un recurso reservado para situaciones excepcionales muchas veces ligadas a urgencias subjetivas. Sin embargo, a partir de la situación actual se plantea la cuestión de cuáles serán los alcances de la práctica online en el futuro. Si enrolados en las modalidades del trabajo a distancia que propicia la época daremos por hecho que podemos prescindir del encuentro presencial en la sesión analítica. ¿La voz y la mirada mediadas por la pantalla pueden suplirlo efectivamente?

Como es sabido la función de la presencia corporal resulta especialmente acentuada en la última enseñanza de Lacan. Los efectos de resonancia de la interpretación analítica son correlativos a la transformación que se opera sobre el estatuto del inconsciente y del síntoma.

En este sentido, ya en 1999 Miller se preguntaba “¿Por qué no hacer un análisis por teléfono, puesto que al menos se cuenta con la voz, y además, un día de estos tendremos la imagen. ¿Por qué no se hacen análisis en video conferencias, por qué no un video psicoanálisis?”(6) Responde en forma contundente que es necesaria la presencia en carne y hueso del analista. El analista no se dedica solo al desciframiento del inconsciente, sino que encarna la parte no simbolizada del goce.

En Sutileza analíticas, (7) Miller retoma este punto de vista sobre la interpretación analítica, refiriéndola ahora al concepto de defensa”. La defensa califica una relación directa con la pulsión que, a diferencia de la represión, no recae sobre un significante. Explica que lo real en juego es el goce del traumatismo, del encuentro primero y contingente con lalengua.  Diferencia también aquí dos momentos en el análisis: el de la exploración del inconsciente y sus formaciones, que pueden ser descifradas, y un momento que da lugar a lo singular de un acontecimiento de cuerpo que no tiene como referencia al sentido sino al goce mismo. Por este motivo afirma, la interpretación entendida como perturbación de la defensa, requiere que el analista sostenido por el sin sentido, aporte el cuerpo y represente el acontecimiento corporal, el semblante del traumatismo. Sin duda, estas son cuestiones que tenemos que estudiar detenidamente a la luz de los acontecimientos actuales.

De todas maneras, en función de lo que desarrollé anteriormente, debemos considerar que cuando nos referimos a la formación no solo está en juego la práctica analítica. Se conjugan también aquí el control, las enseñanzas, los carteles, las Conversaciones, y muy especialmente la Conversación Clínica y los espacios en los cuales se tiene la oportunidad de dar cuenta de la práctica ante la comunidad de la Escuela.

Por otra parte, la importancia del encuentro de los cuerpos que se movilizan y se hacen presentes al ser convocados a un determinado lugar, cumplen una función esencial en la affectio societatis que le da sustento y dignidad a lo que hacemos juntos. Como sabemos no hay Escuela sin ese componente libidinal que excede los estatutos y los acuerdos simbólicos. Esto nos lleva a reflexionar sobre el valor de algo que quizás no habíamos captado antes en todos sus matices. Es justamente cuando nos vemos privados de ello que toma relieve su incidencia en aquello que anima la transferencia de trabajo.

Sin duda la experiencia que estamos realizando nos permitirá aprovechar mejor las ventajas que nos ofrecen las conexiones virtuales, pero para eso debemos poder ubicar también cuáles son los límites de la virtualidad cuando se trata de la formación.

Si la formación analítica no cesa, si deviene un imperativo ético, es porque también sabemos que no todas las transformaciones son buenas. No dejamos de estar expuestos a la inercia de la rutina, al olvido del acto, a la infatuación, a la caída de los lazos transferenciales, al retorno de las identificaciones grupales, por mencionar algunas, entre otras posibles transformaciones que atentan contra el discurso analítico.

Miller se ocupa de mantener abierta una pregunta: “¿Hacia dónde va el psicoanálisis?”(8) Si es preciso formularlo es porque evidentemente no nos dirigimos hacia la realización plena de un destino ya trazado. El saber analítico es un saber fundado en una falla y requiere de una elaboración permanente.

La cuestión entonces es poner a trabajar las preguntas que nos formulamos, de alojar lo nuevo admitiendo el punto de no saber en el que nos encontramos. Dejarnos guiar por los principios del psicoanálisis de la Orientación Lacaniana nos convoca a una elaboración de saber sobre estos puntos. Es el recurso que tenemos para evitar la peor de las transformaciones, la de caer en un dogmatismo que termine por imponer un nuevo estándar.

Notas

(1) Lacan, J.: “Seminario 24.L´insu que sait de l´une-bevues´aile a mourre”, clase del 16 de noviembre de 1976. Inédito.

(2) Lacan, J.: “La lógica del fantasma” Clase del 10 de mayo de 1967

(3) Miller, J.A.: Conferencia pronunciada en Milán el 12 de mayo de 2002, Publicada con el título “Intuiciones Milanesas” en https://sobrevolandolacanquotidien.blogspot.com/2017/09/intuiciones-milanesas-por-jam.html, Retomada en su curso “Un esfuerzo de poesía”, Edit. Paidós, Bs.As., 2016, pág. 202.

(4) Comunicado de las reuniones del Consejo de la AMP Paris, 24, 25 y 26 de enero de 2020.

(5) Miller, J.A.: Pronunciado a modo de introducción en la tarde de la Garantía de l’École de la Cause freudienne (ECF), el 21 de enero de 2017. Publicado en francés en L’Hebdo Blog, nº 94, el 29 de enero de 2017, disponible en: http://www.hebdo-blog.fr/jazm/

(6) Miller, J.A.: “Los usos del lapso” Edit. Paidós, Bs.As. 2004, pág. 22.

(7) Miller, J.A.: “Sutilizas analíticas” Edit. Paidós, Bs.As., 201, pag. 89.

(8) Miller J.A. “Sutilezas analíticas” Edit. Paidós, Bs.As., 2011, pág. 33.