Jornadas y CongresosNúmero 10 - diciembre 2017

Sinthome y fantasma: hacia la identificación del síntoma

XXVI JORNADAS ANUALES DE LA EOL: FANTASMAS FICCIONES MUTACIONES. EL PSICOANÁLISIS Y SUS RELACIONES CON LA REALIDAD–Buenos Aires, 15 y 16 de septiembre de 2017

 

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Fabián Schejtman

 

1. Al menos una vez Lacan se refirió a la psicopatía. Sorprendentemente la asoció con el sinthome, dando la clave de la relación de éste con el fantasma. Nueve días antes de iniciar El Seminario, Libro 23, en noviembre de 1975 (1), señaló: “no es inoportuno querer hablar de [la psicopatía] […] bajo el nombre de sinthome […] el sinthome es sufrir por tener un alma”. Y bien, la etimología generaliza la psicopatía: pathos de la psyché, pasión, sufrimiento del alma. ¿Pero por qué el sinthome se definiría de este modo?

 

2. En “RSI” Lacan adjudicó a Freud una cadena borromea en la que lo simbólico, lo imaginario y lo real se enlazan por un cuarto término: complejo de Edipo, nombre del padre o realidad… ¡psíquica! (2). Pero si desde junio de 1975 (3) denominó sinthome, justamente, a ese cuarto elemento que enlaza los tres registros, ése es el antecedente más próximo de su definición como pathos de la psyché.

 

3. Luego, puede recordarse que, en Aun, arrimó el alma al fantasma (4) indicando que “sólo podría llamarse alma lo que permite a un ser –al ser que habla […]– soportar lo intolerable de su mundo, lo cual la supone ajena a éste, es decir, fantasmática” (5). El alma, es decir, el fantasma, nos posibilita tolerar lo real, del que nos adormece la realidad… psíquica. Así, la definición de sinthome como sufrimiento por tener un alma lo amarra al fantasma: éste deviene precursor de aquél. Ya lo revelaba el “arco elegante” (6) que Miller trazó en Los signos del goce entre diversos “compuestos” lacanianos: la identificación y la imago, el falo, el fantasma y … el sinthome. Como se recordará, llega a proponerlo allí como compuesto de síntoma y fantasma.

 

4. Por lo demás, si en el grafo del deseo el fantasma es solución para la falta del Otro, el sinthome comporta una función enteramente análoga: repara el lapsus del nudo. El primero aporta el marco “animado” que otorga estabilidad a la realidad; el segundo, el re-anudamiento de los registros, sueltos por aquel fallo del anudamiento. Suplencias ambas que no eximen del costo aludido: sufrir por tener un alma.

 

5. Que tal sufrimiento sea compatible con el principio del placer no lo vuelve menos sufrido, pero sí extendido en el tiempo: el instante del fantasma (7) se sigue en la eternidad del sinthome (8). En aquél, el tiempo se espacializa (9) soportado por la coagulación de un goce-sentido [jouis-sens] (10) que detiene el despliegue del deseo. En éste, la eternidad se pesca en contrapunto con el síntoma [symptôme], del que el sinthome ya es tratamiento.

 

6. En julio de 1978, Lacan definió al síntoma –la etimología otra vez– como lo que cae (ptoma) junto (sym), pero sin hacer conjunto (11). De una co-incidencia proviene, es acontecimiento (12). La contingencia es su régimen (13), la hereda del trauma: marca de goce que deja en el cuerpo el encuentro del viviente con lalengua. Ahí el síntoma grita que no hay relación. Viene de lo real e impide que las cosas anden (14). No enlaza, sólo goza y … goza solo (15). En cambio, el sinthome –ni producto exclusivo de un psicoanálisis llevado hasta su término, puesto que Lacan lo localiza ya en Joyce, quien no sólo no culminó un análisis, sino que ni lo inició; ni vertiente real del síntoma, pues se define (16) como el elemento cuarto que anuda, precisamente, real, simbólico e imaginario– (17), no es caída, aunque lo parezca (18). Es, más bien, asýmptōtos: lo que no cae, no co-incide, no encuentra: continúa ¡asintóticamente! (19). Renueva así su pacto con el fantasma: estática del fantasma, eternidad del sinthome. Remedia la caída del síntoma, repara el lapsus del nudo (20). Donde no hay relación, la vuelve existente (21): hace con-iunctus, re-une, empareja hasta el con-yungo. Donde el yugo hace yunta y ¡a tirar del carro!: filia. De sexo ¡ni hablar!, amor eterno.

 

7. Aquí llega la advertencia de Lacan: “es preciso librarse de la idea de eternidad” (22). Se entiende entonces que plantee asimismo “liberar el sinthome” (23) que la soporta. Y que el equívoco interpretativo devenga un “arma contra el sinthome” (24). ¿En el curso de la cura? ¿Y qué de su final? Que se repita que la identificación “con” (25) el síntoma lo sanciona, no debe esconder esas “garantías de una especie de distancia” que Lacan prefería interponer (26). Que se destaquen las ventajas de un “saber-hacer-ahí-con”, no puede desconocer que aseguraba que ese pragmatismo “es corto” (27).

 

8. Opongámosle pues, la identificación “del” síntoma. Si identificarse “con” él, supone saber desembrollarlo, manipularlo –utilitarismo no desdeñable del funcionamiento sinthomático postrero, pero insuficiente para abordar el fin del análisis y sus frutos–, identificarlo comporta, más bien, ceñir el resto de “no-saber-hacer-ahí” (28) que ningún psicoanálisis llevado hasta su término elimina. Esta identificación se suma así a la operación de un inconsciente real –del que no hay ningún desabono terminal– que, sacudiendo (29) cualquier “saber-hacer”, hace Witz de aquel sinthome del final.

 

9. Es que es preciso, en efecto, torcer su ortodoxia (30). Y si hay sinthome herético, no proviene más que de este forzamiento: disyunto respecto del fantasma. Pero sólo calan su pantalla –es su atravesamiento– los fragmentos de real que Freud aisló como restos sintomáticos -que no se confunden con el sinthome y su mentado saber-hacer-. La significación coagulada del fantasma sólo se rebate con el síntoma, que persiste en el analizado por más sinthomado que se lo suponga (31).

 

10. Es eso, o un fin de análisis edulcorado, un happy end que retomaría en lacanés el fortalecimiento yoico –recuérdese que Lacan no dejó de asociar la identificación con el síntoma “con lo que el hombre sabe hacer con su imagen” y con el “narcisismo secundario” (32)–, normalismo delirante que siempre criticó. Un psicoanálisis no cura la relación sexual que no hay y los restos sintomáticos son su testimonio. Tomar nota de ello, esa es la identificación del síntoma.

 

 

 

Notas:

(1) Sólo 9 días antes del inicio de El Seminario, Libro 23, en las “Conclusiones de las Jornadas de estudio de la EFP”, 9-11-75, inédito.

(2) Lacan, J.: “El Seminario 22: RSI”, 14-1-75, inédito.

(3) Lacan, J.: “Joyce el síntoma I” (16-6-75), en Uno por Uno, Revista Mundial de psicoanálisis, N° 44, Eolia Paidós, 1997, págs. 9-16.

(4) Ello deja al alma del lado masculino de la sexuación: búsquese sus antecedentes en la Grecia clásica.

(5) Lacan, J.: El Seminario 20: Aun, Paidós, Barcelona, 1981, pág. 102.

(6) Cf. Miller, J.-A.: Los signos del goce, Paidós, Buenos Aires, 1998, pág. 256 y sigs.

(7) Cf. Lacan, J.: “Posición del inconsciente”, Escritos 2, Siglo XXI, Buenos Aires, 2002, pág. 795.

(8) El sinthome promueve el tiempo circular: en eso “Joyce, después de haber testimoniado cuidadosamente el sinthome de Dublín, que sólo cobra vida a partir del suyo, no deja […] de caer en el mito de Vico que sostiene Finnegans Wake”– eterno, pues comienza donde termina: “se da vueltas en círculos”. Ese es el tiempo de la historia, “el más grande de los fantasmas”. Cf. Lacan, J.: El seminario 23: El sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, pág. 122-123.

(9) Cf. Miller, J.-A.:  La erótica del tiempo, Tres Haches, Buenos Aires, 2001.

(10) Cf. p. ej. Lacan, J.: “Televisión”, Psicoanálisis. Radiofonía y Televisión, Anagrama, Barcelona, 1977, pág. 94.

(11) Cf. Lacan, J.: “Conclusión del 9° Congreso de la EFP”, 9-7-78, inédito.

(12)… de cuerpo: cf. Lacan, J.: “Joyce el síntoma II” (20-6-75), en Uno por Uno, Revista mundial de psicoanálisis, N° 45, Eolia Paidós, 1997, págs. 9-14.

(13) Contrariamente a lo que en otras oportunidades Lacan señala. ligándolo con lo necesario.

(14) Cf. Lacan, J. (1974): “La tercera”, en Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1988, pág. 84.

(15) Puede recordarse al respecto el contrapunto que Lacan produce en “La angustia” entre el síntoma y el acting out: “En su naturaleza, el síntoma no es como el acting out, que llama a la interpretación, puesto que […] lo que el análisis descubre en el síntoma, es que el síntoma no es llamada al Otro, no es lo que muestra al Otro; el síntoma, en su naturaleza, es goce […] no los necesita a ustedes como el acting out, se basta a sí mismo” (Lacan, J., El seminario. Libro 10: La angustia, Paidós, Buenos Aires, pág. 139).

(16) Cf. Lacan, J.: “Joyce el síntoma I”, óp. cit. y Lacan, J.: El seminario. Libro 23: El sinthome, óp. cit., cap. VI.

(17) Cf. Schejtman, F.: Sinthome. Ensayos de clínica psicoanalítica nodal, Grama, Buenos Aires, 2013, pág.16-18.

(18) Cf. Lacan, J.: “Conclusión del 9° Congreso de la EFP”, óp. cit. n° 11.

(19) Cf. Vicens, A.: “Síntoma y asíntota”, en Ornicar? Digital 44, 1998, http://bit.ly/2AitTCY.

(20) Cf. Lacan, J.: El seminario, Libro 23: El sinthome, (1975-76), óp. cit., caps. V y VI,

(21) “Donde hay sinthome, hay relación” (cf. ibíd., p. 98-99) y el ella es “intersinthomática” (Lacan, J., “Conclusión del 9° Congreso de la EFP”, óp. cit.).

(22) Cf. Lacan, J., El seminario, Libro 23: El sinthome, (1975-76), óp. cit., pág. 146.

(23) Cf. ibíd., pág.18.

(24) Cf. ibíd., pág.17.

(25) Conviene esto que el galicismo extendido: identificación “al” síntoma.

(26) Cf. Lacan, J.: “Seminario 24”, inédito, 16-11-76. Objeción a cualquier identidad reforzada que de allí pudiese pretenderse.

(27) Cf. ibíd.

(28) Cf. Lacan, J.: El seminario 20, óp. cit., pág. 145 y “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1988, pág. 131.

(29) Una-equivocación y una-equivocación y una-equivocación: fecundas zancadillas del inconsciente-femenino-conjunto abierto.

(30) De sinthome madaquin a sinthome rule, diríamos con Miller (Cf. “Nota paso a paso”, en El seminario 23, óp. cit., pág. 203-204).

(31) Por lo demás, la eternidad que la función sinthomática promueve no conlleva ninguna eternidad para el propio sinthome. Sólo una idealización delirante del fin del análisis puede suponerla.

(32) Cf. Lacan, J., “El seminario. Libro 24: L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre”, 16-11-76, inédito.