CartelesNúmero 13 - septiembre 2019

Siempre es tiempo del cartel

PRESENTACIÓN DE LAS XXVIII JORNADAS DE CARTELES – EOL Sección  La Plata, 10 de abril de 2019

 

Walter Capelli

 

 

El cartel es una modalidad de trabajo, propuesta por J. Lacan en el acto de fundación de Escuela Freudiana de Paris, en 1964, dice: “Para cumplir un trabajo que en el campo abierto por Freud restaure el filo cortante de su verdad.” (1) ¿Qué es lo que comprometió la verdad del psicoanálisis y desvió sus prácticas?  La respuesta a esta pregunta la encontramos en el escrito “Situación del psicoanálisis” en 1956. Allí Lacan dice que, entre cosas, lo que comprometió la verdad del psicoanálisis fueron los efectos de masa que se produjeron en el modo de agrupamiento de los analistas, modo heredado, de S. Freud.

Lo que Lacan pretendía con el cartel en 1964 y que reactualiza en 1980 con la fundación de la Escuela de la Causa Freudiana en 1980 es evitar esta unificación, apuntar a que los individuos permanezcan heterogéneos unos a otros con sus propias preguntas. Inventa el cartel como pequeño grupo para combatir la identificación a un ideal.

La propuesta de Lacan no reniega ni de las iniciativas personales, ni del grupo; pero los pluraliza en pequeños grupos, tampoco de la existencia del líder, pero lo asimila a una función, la función más uno. Inventa un dispositivo que no desconoce ni las identificaciones, ni los liderazgos, ni los grupos, pero los pone a funcionar en una dinámica diferente. Es una forma por llevar al mínimo posible los efectos de grupo que siempre son efectos de segregación.

En “Cinco variaciones sobre el tema de la elaboración provocada”, Miller dice que él hace un uso del cartel que está en relación con el saber, aunque admite que puede haber otros usos: «El cartel no me ha interesado nunca más que con propósitos de saber»(2).  Seminarios, grupos de investigación, cursos, son lugares donde también puede producirse una elaboración de saber que contribuye a la formación.

Pero en tanto se entra al cartel con un rasgo propio, ese rasgo será elegido en función de un punto de interrogación que, bajo distintas formas, insiste en los recorridos de cada uno de los cartelizantes.

Cada uno entra a un cartel con un rasgo propio, con un S1 “puesto en valor” como tal. Se entra al cartel sin programa, o ese programa se ira trazando de acuerdo a los obstáculos con los que encuentra, a sus detenciones y al deseo que lo anima.

Es decir que cada cartelizante podría situar en la lectura de los rasgos que fue eligiendo, en qué momento, en qué tiempo se encontraba respecto a su práctica, a la teoría y a su trayecto singular como analizante.

F.Ansermet(3) sitúa  que lo que  caracteriza a lo simbólico en el siglo XXI es el registro de una nueva relación al tiempo: un tiempo de Todo junto, todo al mismo tiempo. En resonancia con este tiempo hipermoderno, no sorprende que la hiperactividad y el déficit de atención devengan en problemas predominantes, paradigmáticos del mundo del que provienen.

Si pensamos en los carteles que duran en el tiempo podemos -no está garantizado- hacer del dispositivo una serie, cuya seriedad radique en situar el punto de interrogación que, bajo distintas formas, insiste en los recorridos de cada uno de los cartelizantes.

No está demás, recordar que, juntarse y separarse para evitar el pegoteo, es coherente con la idea de temporalidad y pulsación que son para Lacan las características fundamentales del sujeto.

Si los tiempos de la hipermodernidad son los tiempos de todo junto y al mismo tiempo, “los tiempos que hacen desaparecer lo único para reemplazarlo por lo típico, el envés que el discurso analítico ofrece como resistencia es el del calígrafo que hay en cada sujeto” (3).

El cartel participa de esos principios al proponer un encuentro con el saber que aloja el hallazgo y la sorpresa.

La vigencia del cartel desde su invención por parte de Lacan, obedece a que en el centro de ese dispositivo se encuentra lo que no se sabe. Es precisamente ese vacío lo que estimula la puesta en práctica de esta singular experiencia de grupo. Hay que formar parte de estos pequeños grupos para propiciar la experiencia del cartel.

No hay una esencia del cartel, un ser en tanto tal, sino que es un lugar en el cual se intenta rodear algo del horror al saber que nos constituye como seres hablantes.

Por eso estas Jornadas, al igual que todas las jornadas anteriores que se ha realizado a lo largo de la vida de la Escuela, constituyen una escansión, un momento de conclusión, que nos da la posibilidad de verificar el trabajo en la Escuela.

Las Jornadas Nacionales de Carteles es el espacio que brinda la Escuela a sus miembros y no miembros para que el saldo de saber que el cartel produjo en cada uno sea puesto a cielo abierto.

Una forma de continuar el deseo de J.Lacan cuando enuncia que quiere una escuela critica, sometida al debate y dispuesta a evaluar sus resultados.

 

Notas

(1) LACAN, J.: (1991). “Acto de Fundación”, en El Cartel en el campo Freudiano Buenos Aires,1991, pag 5-8.

(2) MILLER ,J.-A.:  (1991). “Cinco variaciones sobre el tema de la elaboración provocada” en El cartel en el  campo Freudiano ,Buenos Aires,1991,pag 13-16

(3) ANSERMENT,F.:  http://www.nelmexico.org/articulos/seccion/radar/edicion/81/451

 

Bibliografía

Lacan,J.: El Seminario, libro 18, De un discurso que no fuera del semblante,  Paidós, Buenos Aires, 2009.

Lacan,J.: “Acto de fundación”, en El cartel en el campo Freudiano, Eolia, Buenos Aires, 1991.

Miller,J.-A.: ”Cinco variaciones sobre el tema de la elaboración Provocada”, en El cartel en el campo Freudiano, Eolia, Buenos Aires,1991.