Reformulaciones de la práctica

Ecos_I_jornada_anual_apertura_baudiniI Jornada Anual “De la verdad al goce. Reformulaciones de la práctica” – EOL Sección La Plata, 25 de Octubre de 2014

Silvia Baudini

 

Introducción

Conceptualizar el síntoma como un funcionamiento marca un cambio de rumbo profundo en la praxis. Que sea un funcionamiento, una solución y que por eso marche, es lo que hace obstáculo a la idea de curación, de eliminación. También coloca al analista en una posición más prudente. Al anunciar el tema del próximo congreso, en abril último, Miller afirma que “en la época del parlêtre se analiza a cualquiera”.

Me interrogué sobre esta afirmación. ¿Qué diferencia al parlêtre del sujeto del significante?, que el parlêtre incluye el cuerpo. Miller se pregunta, clase 12 de “El Ser y el Uno”, si el sujeto lacaniano no tenía cuerpo y responde que sí, pero que era un cuerpo visible, reducido a su forma. “Antes de la última enseñanza de Lacan, el cuerpo del sujeto era siempre un cuerpo significantizado, vehiculizado por el lenguaje”. A partir de la última enseñanza es un cuerpo sede del acontecimiento sintomático, del trauma que produce la inserción de lalengua en su choque con el cuerpo.

La época del parlêtre es la de los cuerpos traumatizados; con el desfallecimiento del orden simbólico, la elaboración no pasa por la verdad o por el mecanismo represión-retorno, con su trabajo de las formaciones del inconsciente que hacía que la indicación estuviera dada por la posibilidad que el sujeto tenía de leer esas formaciones. En ese sentido, la psicosis quedaba fuera del campo de las indicaciones.

En esta época se produce un embrague directo del goce en el cuerpo, de lo que dan suficiente cuenta las prácticas que se realizan hoy en ese cuerpo y que Marcelo Veras, director de la EBP, mostró en un video que pudimos ver en las recientes Jornadas de la Sección Rosario. El cuerpo es hoy sede de prácticas inéditas que intentan enganchar el goce a la imagen, estando diluido el campo del significante como vía de articulación. Eduardo Suárez, director de la Sección, dio recientemente un reportaje para el diario “El Día” de La Plata, donde da cuenta de la relación entre sexo e imágenes a partir del tema de la pornografía; cabe destacar el interés del periodista por el tema de la adicción, y el intento de ubicar el uso de pornografía como desviado, es decir no como un uso común fuera de conflicto. Eduardo, muy bien ubica allí que el problema es que no hay problema. Justamente no hay el problema que implica el lazo con Otro cuerpo, sea este hétero u homo, si hay otro cuerpo en juego lo hétero tiene altas probabilidades de ponerse en juego.

Entonces todo sujeto hablante está en condiciones de beneficiarse en el encuentro con un psicoanalista. Pero para ello hace falta que el psicoanalista esté formado en el propio real que amasó en su análisis y en los impasses de su acto que pudo captar en el trabajo de control.

 

El síntoma verdad

Lacan nos enseñó que la verdad es un efecto, efecto del significante, de su articulación. Para que haya verdad debe existir la palabra. La verdad implica que el dicho puede recubrir al hecho, que hay una superposición de lo simbólico y lo real.

El discurso de la ciencia no se preocupa por la verdad, esta no es un valor. La cuestión de la verdad queda en suspenso. La relación con la verdad revelada se deshace, y hay un pasaje del saber erudición al saber lógico, es decir un saber articulado en una cadena significante. Freud se interesa por el efecto de significado de esa cadena y sus perturbaciones en relación con el saber. La verdad se presenta con forma de síntoma que perturba el saber. Lo reprimido es la verdad y su retorno el síntoma. Para  Freud una vez revelada la verdad se desvanece el síntoma.

 

Una clínica sin conflicto

Cuando Lacan incluye lo real en la práctica, lo real que es sin ley, queda por fuera el conflicto, se trata de una clínica sin conflicto donde se privilegia lo real de la satisfacción, donde se trata de obtener un nuevo arreglo del funcionamiento más o menos costoso para el sujeto. Podríamos decir que a partir de allí todo sujeto esta fuera de la norma, en el punto de la satisfacción o, lo que es lo mismo, que toda satisfacción es normal. En su presentación en el teatro Sorano, que pueden ver en “Entrelibros”, publicación virtual de la secretaria de biblioteca del Directorio de la EOL, Miller dice: el “Edipo formalizado y ese Nombre del Padre, es lo que Lacan elaboró para dar cuenta de las psicosis, de las perversiones, incluso de las neurosis, pero ciertamente no de la normalidad. En el fondo el Nombre del Padre no se pone en función de manera efectiva más que en razón de esas diferentes maneras de estar mal.”.

Lo real entonces toma la forma de la contingencia, es decir lo que cesa de no escribirse, lo que puede escribirse y es incalculable. Miller dice “estamos obligados a pasar de los fastos de la necesidad narrativa a la humilde contingencia”. Pasamos del campo del azar al campo de la verdad mentirosa, es decir una verdad que se construye en lo simbólico para producir un sentido en lo descabellado, se trata de una mentira que produce sentido.

En “La tercera”, año ‘74, Lacan nos dice que la verdad se olvida, y el psicoanálisis si tiene éxito, es decir si logra darle sentido a lo real, no será mas que un síntoma olvidado. Tiene que fracasar para triunfar.

El significante y su potencia combinatoria, el significante que mata la cosa, que mortifica el goce del cuerpo tomado en su relación con el registro de lo simbólico, deviene causa de goce. Introduce goce en el cuerpo del hablante; eso, como dice Lacan, porque el cuerpo tiene orificios, agujeros que el lenguaje produce en lo real (1) y por esta función, el lenguaje opera su aprensión de lo real.

Hay una profunda antinomia entre lo real y el sentido.

¿Hasta qué punto el sentido es susceptible de introducirse en el goce?, ¿hasta qué punto el desciframiento del sentido es susceptible de modificar el modo de goce? Miller dice que el sentido gozado es un intento, fallido, por parte de Lacan de articular sentido y goce, de insertar sentido en lo real.

El síntoma para Lacan al final de su enseñanza es un dispositivo cuya finalidad es producir goce, la producción de sentido del síntoma es solo una cobertura, una defensa para su finalidad mayor: la satisfacción, es decir la producción de goce. Los tres elementos que forman parte del discurso analítico: S1, S2 y $, son elementos para gozar, no para producir sentido ni efectos de verdad, son  elementos de un aparato de goce.

A diferencia del fantasma, el síntoma y su satisfacción no se atraviesan sino que se opera a partir de él, se muestra más que se demuestra.

Todo esto incide en la posición del analista y de la interpretación.

Siguiendo a Lacan en su último tramo de enseñanza; no es una clínica del conflicto sino de los arreglos, privilegiando lo real de la satisfacción, nada verdadero puede decirse de lo real, cuando se habla de eso, se miente necesariamente, “hace ver la falsedad de cualquier historia”. El síntoma es el único sentido en lo real, satisfacción que produce un sentido en lo real. Una satisfacción que no le debe nada a la verdad, un goce que no precisa de ningún permiso o prohibición para existir y ex-istir a la verdad. Cito el último escrito de Lacan: “… ¿por qué no someter esta profesión a la prueba de esa verdad con que sueña la función llamada inconsciente, y con la que hace chanchullos (tripote). El espejismo de la verdad del que solo cabe esperar la mentira (del cual cortésmente se dice resistencia), no tiene otro término más que la satisfacción que marca el final del análisis”(2).

 

Notas:

(1) Lacan, J.: Le Seminaire Livre XXIII, Le Sinthome, Seuil, París, 2005, pág. 31.

(2) Lacan, J.: “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, Barcelona, México, 2012, pág. 600.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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