CartelesNúmero 9 - julio 2017

¿Qué tratamiento para los autistas?

 

PRIMERA NOCHE DE CARTELES: LA PRÁCTICA ANALÍTICA –EOL Sección La Plata, 17 de mayo de 2017

 

noche carteles (1)

 

Laura Arroyo

 

Esta pregunta es el título que se inscribe como rasgo del cartel. Se trata de una pregunta que hasta hoy, podría decir, lleva tres momentos.

Primer momento: tiempo de ver, apunta a la clínica psicoanalítica en cuanto tal y llevará a un complejo recorrido por la llamada última clínica lacaniana y las nuevas formulaciones teóricas, tales como, “retorno de goce sobre un borde”, “función del doble”, “islote de competencia”, “la forclusión del agujero” … por nombrar algunas de ellas.

Este primer momento se acompaña de una primera producción que dio a luz un trabajo presentado en las Jornadas de Carteles del año pasado, también en las Jornadas de la EOL Sección La Plata.  Este primer trabajo, tomado por el sesgo “¿Qué tratamiento para los objetos en el autismo?”, estaba más bien orientado a entrever qué posición ética tomamos desde el psicoanálisis frente al uso particular que hacen los autistas de los objetos que los acompañan. ¿Se trata de separar a los autistas de estos objetos o más bien de construir algo alrededor de los mismos?

Es frecuente que los niños con autismo manifiesten un gran apego a ciertos objetos, en algunos casos este apego puede darse frente a las pantallas, smartphones, tablets, computadoras, etc. Resulta difícil separarlos de los mismos sin que hagan alguna crisis.

Se suele tomar a estos objetos como una anomalía en el comportamiento que hay que corregir, pero muchas veces se comprueba que al quitarles estos objetos los niños quedan sumidos en un profundo desamparo. Por esta razón, en psicoanálisis, se trabaja no solo con el niño, sino con la familia. Para el psicoanálisis el objeto autista cumple una función fundamental en tanto que forma parte de lo que llamamos “caparazón autista”. A falta de cuerpo en el autismo, se conforma este neoborde corporal, que dará cuenta que esa relación al objeto, no es una relación deshumanizada. Eric Laurent en La batalla del autismo, sostiene que este objeto funciona como un órgano. Un órgano cuyas funciones el sujeto mismo irá inventando y es por medio de esas invenciones que logrará articular ese órgano suplementario a su propio cuerpo. Pretender separar a estos niños de sus objetos, así como pretender que abandonen cierto tipo de conductas repetitivas, es creer que el autismo es meramente un trastorno donde solo serían admisibles métodos educativos, centrados en el aprendizaje de conductas adaptativas: las TCC (Terapias Cognitivo Comportamentales) y las neurociencias, son un claro ejemplo de ello.

Esto me llevará al segundo momento: tiempo de comprender. Este tiempo apunta a lo político. La misma pregunta cobra un sentido ampliado, ya que abarca a otros tratamientos en relación al autismo y entraña una nueva pregunta que compartimos con algunos miembros del cartel. ¿Qué instituciones hoy en día y qué tipos de terapias encontramos en nuestra ciudad?

Tuve la oportunidad de asistir el 11 de abril pasado a la presentación del Observatorio de políticas en autismo de la Federación Americana de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana –FAPOL– en la EOL. Allí Marita Manzotti señalaba cómo a partir de la década de los ‘90 empezó un avance muy decidido en contra de los abordajes psicoanalíticos. Tomó como ejemplo a la Dra. Ruth Sullivan, quien en 1994 en una visita que realizó a nuestro país, propuso a los padres de niños con autismo que se defendieran de las propuestas psicoanalíticas que acusan a las madres del padecimiento de sus hijos. A pesar de la falta de fundamento para estas acusaciones, esto generó que muchas de estas asociaciones, comenzaran a rechazar al psicoanálisis como práctica, algo que no había sucedido hasta ese momento.

En la misma época se dieron cambios a nivel legislativo que incidieron en el abordaje clínico tal como era hasta entonces. Esto tuvo que ver con la aparición del DSM IV y su diagnóstico de Trastorno Generalizado de Desarrollo (TGD) que afectará tanto al sistema de salud pública como al privado.

Tres años después, en 1997, se sanciona la ley de discapacidad, que garantiza la cobertura de toda práctica reconocida a quienes tengan certificado de discapacidad.

Esto tuvo como consecuencia un aumento desmesurado del diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) en los hospitales públicos de nuestro país y en el sistema privado de salud a partir del primer año de vida, a través de la aplicación de protocolos de evaluación. La inclusión de neurólogos pediatras en los equipos de evaluación y detección temprana tanto en hospitales como en los sistemas de salud privada, incrementó notablemente la derivación a tratamientos cognitivos conductuales y aprendizajes neurolingüísticos en los últimos años.

Se señala en la misma presentación cómo en la actualidad, padres y docentes se encuentran enfrentados con niños imparables, por lo que recurren en muchas oportunidades al freno que aportan los medicamentos. Si bien el discurso médico sigue sosteniendo que no hay una medicación específica, el uso de psicofármacos en niños a partir de los dos años de edad ha mostrado un notable aumento. Y con la extensión indiscriminada de certificados de discapacidad para niños diagnosticados tempranamente con TEA, el autismo se constituyó en una problemática equivalente a un trastorno del desarrollo, lo que propicia que proliferen modos de intervención conductuales en pro del desarrollo “normal”.

Estos tipos de tratamientos intentan reducir al sujeto a un cuerpo, expropiándole así toda responsabilidad y competencia en lo referente al conocimiento de su propio padecimiento. Pensar el autismo como un trastorno favorece un modo de abordaje terapéutico que privilegia los dispositivos y programas educacionales. El abordaje pedagógico ignora las particularidades del sujeto autista, tomando a su cargo el educarlo y adiestrarlo. El psicoanálisis parte de la hipótesis inversa. Nadie puede enseñar a los clínicos tanto como el sujeto acerca de su propio funcionamiento.

¿Cómo nos inscribimos los analistas frente a esta situación en la actualidad?

Tercer momento: momento de concluir. Lacan concebía la posición del psicoanalista en la sociedad como la de un exiliado en el interior. ¿Qué sentido darle en nuestra época a la posición de extimidad del analista? Como señala Miller en Un esfuerzo de poesía, “Qué puede, junto al acto analítico –tal como Lacan lo ha definido–, tomar lugar como acción analítica” (1).  Es decir ¿cómo puede la interpretación hacer pasar las consecuencias del acto analítico al Otro social?

Por tanto, sé que estoy lejos de llegar a un momento conclusivo desde la episteme, lo expuesto ha abierto una larga lista de interrogantes nuevos para mí. Pero puedo decir que concluyo con el acto que me ha llevado a inscribirme en un nuevo colectivo, esta vez local,  se trata del Observatorio de políticas sobre el autismo: Antena La Plata.

 

 

Notas:

(1) Miller, J.-A.: Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016, pág. 171.

 

Bibliografía:

Laurent, E.:  La batalla del autismo. De la clínica a la política, Grama ediciones, Buenos Aires, 2013.

Miller, J.-A.: Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016.