CartelesNúmero 13 - septiembre 2019

¿Qué se escribe en un cartel?

NOCHES DE CARTELES: ¿QUE ESPERAMOS DEL CARTEL? EOL Sección La Plata 3 de julio de 2019

 

Ana Paula Streitenberger

 

 

En 1964 en el acto de fundación Lacan dice “para la ejecución del trabajo, adoptaremos el principio de una elaboración sostenida en un pequeño grupo. Cada uno de ellos (tenemos un nombre para designar esos grupos) se compondrá de tres personas como mínimo, de cinco como máximo, cuatro es la justa medida. MAS UNA encargada de la selección, de la discusión y el destino que se reservará al trabajo de cada uno.” El nombre que le dará a estos pequeños grupos es el de cartel, y no es casual que lo nombre por primera vez en el punto cinco de la nota adjunta que se titula “Del compromiso en la escuela”.

Va a plantear el cartel como órgano base de la escuela, y va a darles ciertas características que van a ser las específicas de éste dispositivo. Los participantes de estos pequeños grupos deben permutar, debe haber un Mas Uno que no se añade al cartel más que descompletándolo, es quien se va a encargar de que cada uno de los miembros  obtenga un rasgo propio de trabajo, singular, y esto debe dar como resultado un producto, un trabajo donde se pueda leer la escritura singular de cada uno de los cartelizantes.

Entiendo el trabajo del cartel en una doble vertiente. Una de ellas, si se quiere, es más epistémica. Se elige un tema de trabajo que convoca a los miembros del cartel, y a partir de esto comienza el recorrido donde cada uno de ellos deberá poder recortar qué es aquello que lo convoca a poner en juego algo de su no saber. El trabajo del cartel es la elaboración de un saber a partir de un agujero, y que para cada quien es diverso.

Es un trabajo en soledad, cada uno tiene su lugar, cada uno trabaja en su nombre, pero en el que no se está completamente solo. Y esto no es sencillo de sostener, fácilmente se puede caer en la identificación al grupo, o puede producirse que algunos de los miembros del cartel no pueda ocupar el lugar al que se lo está convocando, pueden ocurrir variedad de cosas para que esto no suceda, lo que es seguro es que no hay garantías de que un cartel vaya a funcionar. Llamar a este pequeño grupo cartel no es asegurarse de que lo sea, hay que hacer la experiencia, es una apuesta y como tal, implica apropiarse de un  lugar donde, en este caso, se cede algo de goce a favor del lazo colectivo. El cartel es el lazo social que permite la producción de un saber no acabado, permite el lazo de cada uno con los otros.

De ésta manera Lacan esperaba el progreso de su escuela, poniendo a cielo abierto no solo los aciertos sino también las crisis de trabajo. El cartel interroga el deseo del analista, obliga a poner en tensión la teoría con la práctica. Que esto de por resultado un producto, que se presente a los otros, permite que se siga preguntando sobre ello, que se dé cuenta de que no hay un saber acabado.

Anteriormente hablé de entender el cartel desde una doble vertiente, la que llame epistémica, por decirlo de alguna manera, y la otra, que no sabría cómo nombrarla, pero que es aquella donde se jugó mi singularidad en relación al lazo con la escuela.

El primer cartel en el que estuve conmovió esto. No llevábamos mucho tiempo de trabajo, pero había un Mas Uno que nos hacía funcionar, al punto que las cuatro cartelizantes presentamos nuestros estados de trabajo en las jornadas. Ocupaba verdaderamente la función de “provocador” como la nombra Miller  en “Cinco variaciones sobre el tema de la elaboración provocada”, supo presentarse con puntos de interrogación y así encausar la transferencia de trabajo.

Ahora había que escribir. No hace mucho escuché a Mauricio Kartun, director de teatro, hablar en un noche de biblioteca de la escuela y dijo que para él escribir es hacerlo desde las ideas, las convicciones, y esto solo se puede hacer desde lo propio, desde lo que uno tiene adentro. Esto implica asumir una posición.

Desde que me acerque a la orientación lacaniana, no tuve dudas de que era por ahí por donde quería formarme, por lo cual me resonó fuertemente, y lo sigue haciendo, cuando leí lo que dice Miller acerca de que la idea de Lacan era que uno se vuelve analista porque no puede hacer otra cosa, que ésta elección tiene valor cuando es forzada, es decir, cuando se ha hecho un recorrido por otros discursos y se volvió a él, se volvió a ese punto donde todos los otros discursos parecen débiles, y uno sólo se arroja en el discurso del analista porque no puede hacer otra cosa.

Hasta mi encuentro con el dispositivo del cartel, mi relación a la escuela era la de “asistente”, asistía a jornadas, noches de directorios, de bibliotecas, seminarios diurnos, una gran variedad de cosas, pero el lugar siempre era el mismo. Ahora había que hacer otra cosa.

Escribir, y presentar mi trabajo en unas jornadas de carteles de la Escuela, me saco de ese lugar.

El psicoanálisis es una experiencia de palabra, no puede hacerse por escrito, sin embargo necesita de la escritura, hay una dimensión de la palabra que siempre se escabulle, que es inasible.

En su libro Escrituras del indecible. De lo real y la letra en la experiencia analítica  Paloma Blanco escribe que “algo se dice calladamente en la escritura, un silencio que queda entre los dichos y del que la letra, es marca, huella de un real que está por fuera de la significación, del sentido y casi del querer decir. Hay un irrepresentable del objeto que escapa a lo que puede nombrarse, un irrepresentable que no cesa de no escribirse”El encuentro con la escritura, no había dudas, de que ponía en juego mi posición respecto del lazo con la escuela. Era mi propio texto el que se presentaba a otros, y con eso, por lo menos, había que intentar saber-hacer algo.

Encontrarme con mi texto enlazado al significante de la escuela, tuvo casi un efecto de anudamiento, mi deseo estaba decidido, no solo era el deseo de ser psicoanalista, sino que aparecía el “deseo de escuela”. En algún lugar leí, no recuerdo cual, que el deseo de escuela es aceptar y en consecuencia mantener a cielo abierto la docta ignorancia que implica saber que no hay el significante del analista. Entender esto es aceptar el trabajo con otros, con otros que son diferentes, que tienen distintas posiciones, distinto  recorrido en su formación, pero que lo que une una causa, la Causa Freudiana.

 

Bibliografía:

-Blanco, P. “Escritura del indecible. De lo real y la letra en la experiencia analítica”, Miquel Gómez Ediciones, Málaga 2016

-Goroztiza, L. “Lógicas colectivas – La invención colectiva”. Revista Cuatro más Uno. Edición N° 3.

-Lacan, J. “Acto de Fundación”, en Otros Escritos, 1° Ed. Buenos Aires: Paidós, 2012

-Lacan, J. “El señor A”, www.wapol.org

-Lacan, J. “Decolaje o despegue de la Escuela”, www.wapol.org

-Millas, D. “El espíritu del cartel en la gestión”. Revista Cuatro más Uno. Edición N° 5.

-Miller, J. “Cinco Variaciones sobre el tema de la elaboración provocada”. Intervención en l´ecole de la Cause Freudienne, 11 de diciembre de 1986.

-Miller, J. “El cartel en el mundo”.www.wapol.org

-Tarrab, M. “En el cartel se puede obtener un camello”. Revista Mas uno N° 3, Octubre 1998.