Extraordinario – II parte - diciembre 2020

¿Qué partenaire para la urgencia?

ANALISTAS ESENCIALES EN LA CIUDAD- EOL, Sección La Plata, 3de diciembre 2020

Por Soledad Salvaré

“Escribo… en la medida en que creo deber hacerlo, para estar al día con esos casos, para hacer con ellos el par”(1)

La invitación a escribir sobre la experiencia de la práctica en el hospital en tiempos de pandemia y ASPO, se anudó con mi deseo de “estar al día” con algunos de los interrogantes que emergen de la práctica, cuando es empujada por la urgencia subjetiva.

En estos tiempos pandémico-hospitalarios los criterios para el uso de la virtualidad fueron variando y las urgencias nos empujaron a la invención, permitiendo alojar en ocasiones, al uno por uno en su singularidad.

Lo que rebasaba, empujó en ocasiones a la formulación de la demanda, por fuera de los dispositivos y tiempos institucionales.

Un paciente transitaba su primer tiempo de internación en aislamiento por covid, con episodios de falta de aire, taquicardia e insomnio. Quería irse. Su médica le ofrece hablar con una psicóloga de la institución. El aire que le faltaba obedecía a otro cuerpo.

Sabemos que la urgencia, “entendida como la modalidad temporal que introduce el trauma” (2), es localizada por Lacan en términos de eso que empuja a un sujeto a dirigirse a un analista. En este caso consentir a hablar por teléfono con una profesional psi.

Si bien hay algo de la potencia y oportunidad que conlleva en sí misma la urgencia: nada de lo creado que no aparezca en la urgencia, nada en la urgencia que no engendre su superación en la palabra”(3), me pregunté: ¿Cómo hacer el par con esta urgencia? ¿Qué modo de presencia allí era posible?

La falta de aire, la sensación de ahogo y la necesidad urgente de salir daban cuenta de una irrupción en el cuerpo incontrolable, “insistencia de la parte excedente de un goce…que hace que el cuerpo mantenga un lazo con una parte afuera.” (4)

Lo inédito y sinsentido se presentaba para este paciente en “eso que se cortaba de repente adentro”, y  que lo dejaba sin aire, algo inmanejable e imposible de soportar.

Acontecimiento sinsentido que adquiere uno al poder nombrar lo insoportable de estar “internado-encerrado”. Obediencia deshabitada, detrás de la cual descubre su dificultad para separarse.

¿Cómo maniobrar entonces para inventar allí, el vacío necesario que provoque la buena forma de la separación?

Quedarse en casa o permanecer internado en aislamiento, son los S1 que han ordenado durante los primeros meses de la pandemia, los tratamientos posibles del virus. Elección forzada para todos, en tiempos de confinamiento. Para tener la vida, perder la bolsa puede implicar perder la libertad, distanciarse de los afectos, aislarse, o soportar el miedo a solas, como él supo decir.

Su consentimiento a hablar permitió iniciar esa estructuración espontánea, como dice Miller (5), en la cual no faltó la historización de sus modos de respuesta ante las separaciones y pérdidas, así como la localización de  su “saber hacer” ante lo que se le ha puesto en cruz en la vida.

Los silencios, los cortes, el ritmo y el tono fueron también modos de hacer del objeto voz un semblante para orientarse frente a ese real, y que algo del cuerpo pueda ser tocado.

Los “cortocircuitos internos” y el insomnio cedieron, dando lugar al surgimiento de la angustia, una nostalgia reflexiva”.  Pasaje del encuentro con lo real sin ley en esa angustia constituyente, a una angustia enmarcada. Movimiento topológico que él lee retrospectivamente como sacarle algo que tenía adentro y no sabía, y darle aire cuando no podía respirar.

Operación de extracción que puso a jugar el objeto aire en tanto semblante y separador, a diferencia del vacío que ex_ siste al aire que aspira y anula toda posible efectuación del sujeto” (6).

Recuperar el aliento y habitar un encierro aireado fueron los efectos terapéuticos, pero también oportunidad para encontrarse con algo nuevo.

Un fallido coronó el pasaje al inconsciente transferencial. Lo señalé, se escuchó, supuso allí un saber. Preservar entonces el agujero sin terapiar ni tapiar al trauma con el sentido común, fue la política. Ocupar el lugar del analista como partenaire que traumatiza el discurso común para autorizar el discurso del inconsciente”(7).

Entonces el inconsciente…aun. Apuesta cotidiana en el hospital, también en tiempos de pandemia.

Notas

(1)Lacan, J, “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en Otros Escritos, Argentina, Paidós, 2012, pág. 601

(2)Miller, J-A, Más allá del narcisismo, “El lugar y el lazo” Ed. Paidós, Buenos Aires, 2013,  pág. 62

(3)Lacan, Jacques. «Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis», Escritos 1, México, Siglo XXI Editores, p. 231

(4)Miller, J-A, Más allá del narcisismo, “El lugar y el lazo”, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2013,  pág. 62

(5) Miller, J-A, Cap. Clínica del sinthome. “Sutilezas analíticas”. Ed. Paidós, Buenos Aires 2012, pág. 88

(6) Samuel Basz. “El objeto aire…y otras intervenciones en psicoanálisis”. Ed. Gramma, Buenos Aires, 2012, pag 16

(7)Eric Laurent, “El revés del trauma” Ehttp://www.revistavirtualia.com/articulos/696/destacados/el-reves-del-trauma