Psicoanálisis y feminismos

TERCERA ACTIVIDAD PREPARATORIA DE LAS V JORNADAS ANUALES DE LA EOL SECCIÓN LA PLATA: CUERPOS Y DISCURSOS Facultad de Psicología Universidad Nacional de La Plata, 11 de octubre de 2018

 

 

 

 

Christian Ríos

 

En primer lugar, debemos decir que el “Argumento”(1) de las próximas Jornadas de la EOL Sección La Plata, propone de entrada el plural para abordar la temática del cuerpo en su articulación con el discurso.

A mi entender, esto supone al menos dos dimensiones. Por un lado, diferenciar el “Un Cuerpo” del cuerpo ya atrapado en un discurso, es decir en la articulación significante que implica el campo del Otro, y por otro lado explorar la dimensión del plural en el punto que atañe a los cuerpos y los discursos actuales.

En relación con este último aspecto, me interesa retomar una de las preguntas planteadas por la Comisión Científica, y plasmada en el “Argumento”. ¿Es posible encuadrar los discursos que proliferan en nuestra época, y que pretenden legislar el goce de los cuerpos, en algunos de los discursos que Lacan escribió en su Seminario 17?

Para ello, tomaré uno de esos discursos: el feminismo, específicamente una autora que me resulta de sumo interés: Judith Butler. Me interesa poner en consideración cómo esta autora piensa el cuerpo con relación al discurso, a partir de allí cómo pensar los objetivos políticos del feminismo desde Butler, y en qué discurso de los que escribió Lacan, y a partir de qué fundamentos, podríamos ubicarlo.

El feminismo, en tanto teoría y movimiento político, ha conformado históricamente un campo heterogéneo. La sexualidad, el género y las relaciones de poder han constituido los ejes centrales sobre los cuales las diferentes perspectivas elaboraron sus doctrinas y sus políticas de acción.

En esa larga tradición, los planteos y objetivos de militancia no han sido siempre los mismos. Hay una distancia importante entre aquellas organizaciones de mujeres, de fines del siglo XIX, que luchaban por defender los valores e ideales familiares, amenazados por el goce que los hombres encontraban en el alcohol y en los burdeles, a los planteos de Shulamith Firestone, allá por el año 1967, quien bregaba, desde su colectivo New York Radical Women, por una sociedad anticapitalista, antirracista y anti-supremacía masculina.

Las primeras se encontraban, claramente, en la perspectiva de un orden conservador, ya que velaban por la buena salud del patriarcado. Las segundas, al distinguir dos tipos de opresión –la capitalista y la masculina–, aspiraban a un proyecto de feminismo radical que tienda a liberar a las mujeres de la servidumbre biológica de la maternidad, base y sustrato de las demás dialécticas de opresión, para avanzar hacia una revuelta de las mujeres destinada a apropiarse de los medios de producción.

Las primeras se esforzarán en controlar los cuerpos y los goces que pudiesen dañar los ideales familiaristas; las segundas, en su propuesta de retorno al estado polimórfico infantil, pretenderán su desregulación normativa y allí encontrarán sus sueños de plena libertad y satisfacción sexual.

Por otro lado, a finales de los ‘80 surge un nuevo colectivo, autodenominado Queer, en el cual podríamos ubicar a Judith Butler. Dicho movimiento intentara subvertir el orden de la diferencia sexual binaria, proponiendo la proliferación de prácticas paradójicas de género. En dicho sentido, sostendrán el carácter performativo de la sexualidad y considerarán que la postulación de dos sexos diferentes es consecuencia de la experiencia y no condición de ésta.

Hay que destacar que la idea de performatividad planteada por Butler, no se refiere a un simple acto de nombrar, no responde a un sujeto voluntarista que de un día para el otro decide por su género, sino más bien a un proceso, donde la repetición de una serie de prácticas, regidas por un ideal normativo, materializan el sexo de un cuerpo.

Hay en Butler un desplazamiento de la mera construcción social hacia una concepción donde las restricciones normativas no sólo producen, sino que además regulan los diversos seres corporales.

“El sexo no solo funciona como norma, sino que además es parte de una práctica reguladora que produce cuerpos que gobierna, es decir, cuya fuerza reguladora se manifiesta como una especie de poder productivo, el poder de producir –demarcar, circunscribir, diferenciar– los cuerpos que controla. De modo tal que el sexo es un ideal regulatorio cuya materialización se impone y se logra (o no) mediante ciertas prácticas sumamente reguladas. En otras palabras, el sexo es una construcción ideal que se materializa obligatoriamente a través del tiempo.

Es un proceso mediante el cual las normas reguladoras materializan el sexo y logran tal materialización en virtud de la reiteración forzada de esas normas”. (2)

Debemos agregar que esta materialización nunca es completa, algo resiste, y por ello es posible introducir acciones que produzcan un cambio. Para Judith Butler lo masculino y lo femenino constituyen efectos, o productos, de lo social histórico. Butler reconoce el efecto del significante, y la palabra, en la determinación de ambos aspectos, y en la materialización de los cuerpos, pero articula a dicha variable el ideal normativo y las relaciones de poder.

Desde allí es posible pensar tanto los cuerpos que importan, aquellos cuya materialización responden al ideal normativo, de aquellos forcluidos, arrojados al terreno de lo prácticamente inhumano.

Cuestionar la construcción de la identidad de género en términos binarios (masculino- femenino), reconociendo en ello un poder normativo hegemónico, tendría como función trastocar ese ideal normativo, poner en cuestión los cuerpos que importan desde ese ideal.

La propuesta de Butler apunta a la proliferación de las prácticas de género en las que se den un entrecruzamiento de género, sexo, roles sexuales de modo tal que desestabilicen la identidad de género, confundan el binarismo, desplacen sus normativas y expongan su no naturalidad. Butler apunta a deconstruir los géneros, dislocar las identidades.

Eric Laurent nos orienta al momento de reflexionar sobre esta perspectiva y sobre los puntos de diferencia con relación al psicoanálisis. Quisiera mencionar algunos de ellos.

En primer lugar, hay que señalar que esta perspectiva, si bien conlleva una crítica a toda norma, al mismo tiempo introduce una norma que se plantea como una especie de utilitarismo del goce articulado al utilitarismo de la civilización de la ciencia. (3)

Esta articulación la leemos en la enunciación “Tú puedes gozar como puedas, puedes hacer todas esas experiencias, pero como estás en la civilización de la ciencia es necesario que goces más” (4). Queda planteado aquí el problema del límite del goce.

Por otro lado, se evidencia en los desarrollos de Butler cierto rechazo de lo real. Por ello, Miller nos habla de la embriaguez de la identidad que domina esta perspectiva. Butler rechazar todo tipo de identidad y de universal, tanto para la mujer como para el hombre, en favor de la nominación como consecuencia de los actos. No hay elemento invariable, no hay real que funcione como límite. (5)

Este punto también nos lleva a considerar, no solo la embriaguez de la identidad, sino una utopía del semblante que permite situar estos desarrollos dentro del discurso universitario. Al ubicar al S2 en el lugar de agente, hace del objeto a un semblante y produce el $, un sujeto no identificado. (6)

A fin de cuenta de eso se trata de sujetos no identificados.

Al mismo tiempo Butler plantea la posibilidad de un psicoanálisis compatible con estas teorías y que apuntaría a un ideal pre-edípico, perverso polimorfo en términos de Freud.

Claramente, Laurent nos indica que nosotros no la seguimos en esta utopía; que ello solo se trata de un sueño, ya que el mundo que habitamos es un mundo post-edípico: “… en el cual coexisten el amor al padre, la perversión paterna y el rechazo más o menos generalizado de los padres; como lo dice Lacan, estamos en el punto en que la excepción está en todas partes”. (7)

Desde el psicoanálisis de la orientación lacaniana el sexo no está regido por un ideal, sino por lo real del goce. Partir del axioma “no hay relación sexual”, implica que no hay complementariedad de los goces, que el discurso es un tratamiento del mismo y que este mundo post-edípico tiene imposibles. “… Lo imposible en el centro del discurso del goce es que no hay goce último que pueda aliviar definitivamente la angustia. El sujeto estará sometido a ese agujero en el universo del sentido sexual en el que quiere vivir, y que no dejará de angustiarlo”. (8)

 

 

 

 Notas:

(1) Mildiner, K., Lachevsky, J. y Perazzo, A.: “Argumento de las V Jornadas Anuales de la EOL Sección La Plata”, Resonancias #2, http://www.eol-laplata.org/Jornadas-y-eventos/005/Boletines/V-Jornadas-News002.html

(2) Butler, J.: Cuerpos que importan, sobre los límites materiales y discursivos del sexo, Paidós- Entornos, Buenos Aires, 2012, pág. 18.  

(3) Laurent, E.: “Subversión de la subversión”, en Virtualia n° 35, Revista Digital de la EOL, 2018. http://www.revistavirtualia.com/articulos/801/destacado/subversion-de-la-subversion

(4) Ibíd.

(5) Óp. Cit. n°3.

(6) Óp. Cit. n°3.

(7) Óp. Cit. n°3.

(8) Óp. Cit. n°3.