Número 1 - diciembre 2013Preliminares a la Sección

Primera Conversación Clínica del MOL -10 de agosto de 2013

Reseña por Marcelo Ale

mol_conversacion_clinicaEn la Apertura, Marcelo Ale –en representación del Cartel de clínica (1) a cargo de la organización de la “Primera Conversación Clínica del MOL”– planteó la pregunta: ¿Cómo definimos la clínica lacaniana?, como posible guía de las dos actividades del día.

Luego, asistimos a la presentación del libro La clínica lacaniana que reúne las ponencias del “Segundo Coloquio-Seminario de la Orientación Lacaniana” realizado en La Plata el 10 de octubre de 2012, en la que participaron Gustavo Stiglitz, Christian Rios y, en la coordinación, Cristina Coronel.

La Conversación Clínica contó con la participación del presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Leonardo Gorostiza, y estuvo apoyada en el relato de tres casos presentados por Yasmina Romano, Gabriela Rodríguez y Sonia Beldarrain Cada una de ella eligió un interlocutor: Yasmina Romano a Florencia Dassen, Gabriela Rodríguez a Enrique Acuña y Sonia Beldarrain a Fernando Vitale. La coordinación estuvo a cargo de Alberto Justo.

En el marco de la actividad, se dio lugar a la conversación sobre varios de los temas que surgieron, tanto de los casos leídos como de las preguntas y puntuaciones establecidas por Leonardo Gorostiza. Surgieron problemas e interrogantes que relanzaron la dialéctica planteada en la apertura entre lo singular de cada caso y la doctrina, y cómo cada uno de ellos permitió poner al tanto la teoría o introducir algo nuevo sobre ella. Dado la variedad y extensión de las intervenciones, presentaré y comentaré lo planteado en cada una de ellas, con un comentario posterior.

Albero Justo presenta a los integrantes de la mesa, les agradece su presencia y pasa la palabra a L. Gorostiza.

Leonardo Gorostiza, antes de pasar a las preguntas y puntuaciones sobre cada uno de los casos, se refirió a la Conversación clínica, comentando que habitualmente se llevan a cabo en ámbitos más reducidos y cerrados y que los asistentes disponen con anterioridad de los casos para poder conversar. Plantea que esto en esta oportunidad no se pudo hacer –al ser una actividad abierta y por razones de confidencialidad– y que, por lo tanto, no será una conversación en sentido estricto, pero si se conservará el espíritu de la conversación.

Respecto del primer caso, de una mujer joven, introdujo una serie de temas que orientaron la conversación. Interrogó por la vida amorosa –tema que se retomará–, por otras relaciones que la presentada en el relato y por la recurrencia de los sueños. Destacó la importancia y el efecto de los controles –cosa que sucedió con los otros dos casos– que permitieron rectificar la orientación de la cura –al punto que, por ejemplo, decidió el paso a diván– y el estatuto del amor en tanto no parece ser un caso en el que permita condescender del goce al deseo. Esto mismo, más la proliferación de sueños hilados –que permiten deducir que hay punto de capitón– introduce el tema del diagnóstico que, en este caso y por esta característica, es una neurosis. También destacó el estatuto de estos sueños, que le permiten a la analizante elaborar el duelo de la muerte del padre y la dirección de la cura hacia la construcción de un padre.

Manuel Carrasco Quintana plantea el tema de la versión del padre gozador, de las versiones del padre en general que aparecen en el caso, y el de la orientación de la cura dirigida a la construcción de un padre.

Belén Zubillaga pregunta, en relación a la proliferación de sueños, si tendrían el estatuto de formaciones del inconsciente o del bla bla bla que nada quiere decir.

Adrián Scheinkestel destaca que el estatuto de lo “no nacido”que en principio se refiere a un aborto, más adelante se desplaza a partir de la frase “no entra ni sale” a un sujeto que no termina de nacer.

José Matusevich retoma un comentario de L. Gorostiza, para plantear: ¿dónde funciona el Nombre del Padre en este caso? Afirma que el Nombre del Padre es algo que se teje y, en este caso, se puede ver que se lo hace desde los sueños, para poder funcionar de punto de capitón que organice la construcción del fantasma.

Celeste Viñal se refiere a la experiencia del aborto a los 17 años, para subrayar que, desde allí, no vuelve a tener una relación hasta después de la muerte del padre, y se pregunta si algo del fantasma se realiza en esa pausa.

Jazmín Torresani se refiere a la dificultad diagnóstica que habitualmente surge cuando no se localiza con claridad el nombre del padre.

Olga Molina comenta que, desde el motivo de consulta, se puede observar una confusión entre el amor y el goce –circunscripta a la relación con los hombres– que conduce al sujeto a una compulsión de repetición.

Tomás Hoffman se refiere a la importancia de la orientación hacia la construcción de un padre, a partir del duelo por la muerte del padre, y a la profesión del mismo, incidiendo en la actividad de confeccionar artesanías de la paciente, como así también a la importancia de los sueños para la elaboración del duelo.

Yasmina Romano comenta que acude al primer control porque el sin salida que plantea el caso cuestiona el diagnóstico,  que el “todo lo que quiero lo digo, después lo rechazo” era algo de lo no podía salir. Al segundo acude porque la joven interpretaba los sueños armando una novela en la que se desvalorizada y no podía estar con ningún hombre. Por este motivo la analista, trataba de desestimar los sueños pero ante lo cual la analizante se angustia mucho porque dice que es lo único que tiene. En este punto destacó la enseñanza del control, en tanto le permitió no desestimarlos, como es el caso de la última intervención en donde sueña con hombres malos y la analista señala con su intervención que anhela hombres malos. La analizante toma la intervención y recuerda que alguien la había tratado bien pero que sin embargo lo rechazó, eso se condice con la frase “me tratan bien pero los sueño malos”.

Yasmina subraya la lectura del hilar los sueños como punto de capitón, y sobre la vía del padre en tanto que ya no hay nada buscando por allí. Que sí se puede ver un gesto de amor cuando el padre la alza de la falda y le da de comer, y que ese y algún otro son los gestos de amor que se pueden encontrar en cuatro años de análisis. También afirma que de niña deja de comer, por la angustia de haber tenido una hermana que le sacaba todo el protagonismo que luego retoma. Yasmina ubica que esta dificultad del acceso al amor justamente se da porque no hay una versión de padre del amor todavía, y efectivamente tendrá que ceder algo de este goce masturbatorio, del goce en general para que pueda tener acceso al deseo

 

Como saldo de las puntuaciones, intervenciones y respuestas, y más allá de sus particularidades, se puede leer en cada una de ellas cierta coincidencia respecto de los temas de discusión, como en este caso han sido el diagnóstico, la función del nombre del padre, el estatuto de los sueños y la elaboración del duelo. Un caso que pone en juego además de estos temas, la manera en la que una dirección de la cura, es rectificada a partir del control. Este tema ha sido retomado también en los casos siguientes.

Leonardo Gorostiza con respecto al segundo caso, comenzó destacando el estatuto de la experiencia homosexual de un joven con un hombre mayor que aparece al comienzo del relato, y la manera en la que esta adquiere una resignificación a partir de una escena en la que el sujeto oye una frase que indicaría que a él no le gustan las mujeres. Plantea que esta resignificación aparta a la experiencia del inicio, de un posible pasaje al acto, y de un diagnóstico de psicosis, diagnosticando en este caso una obsesión con fondo fóbico. También destacó la certidumbre del goce homosexual y la peculiar degradación de la vida amorosa a partir del modo de dividir el objeto en el hombre, ya que el goce queda ligado a los hombres y el amor a las mujeres, el objeto se divide en dos géneros diferentes, no solo en las mujeres. Por último, destacó también la importancia del control en la dirección de la cura, ya que en este caso le permitió girar de los impasses de este sujeto en su vida amorosa del inicio, a su identificación con el falo materno luego, posición que lo asemeja a Juanito en tanto -por un lado- queda en posición femenina, pero con una elección de objeto heterosexual.

Gerardo Arenas plantea el modo en el que pudo hacer contado, para la elección de objeto homosexual, el brillo que pudiera tener el partenaire de la experiencia inicial en la ciudad.

Marcelo Ale afirma que este modo particular de degradación de la vida erótica que divide al goce del amor –goce en relación a los hombres y amor en relación a las mujeres– podría plantearse como la cara del caso que enseña por la novedad y no por la confirmación, ya que es lo que cae del paradigma.

Enrique Acuña plantea que en el trabajo previo del caso, en relación a lo nuevo que puede aportar, surgió por un lado la pregunta por la función de los sueños de abrir o cerrar el inconsciente; como así también la diferencia entre lo legal y lo legítimo en la elección del objeto –tomando en este punto como referencia el comentario de J. Lacan sobre Juanito, en El Seminario Las relaciones de objeto– en tanto lo legitimo del deseo se opone a lo legal del mundo. Por último y ya ligado al tema de la transferencia y el deseo del analista, se refirió al modo en el que lo no relatado del mito de la muerte del padre, al introducirse en la transferencia, produce una deconstrucción del mito y abre a la contingencia.

Gustavo Stiglitz plantea que el modo tan peculiar de degradación de la vida amorosa en este sujeto puede leerse como una astucia que evita la castración del Otro.

Eduardo Benito hace mención a la histeria masculina que puede verse en el caso y a la asunción de la sexuación.

Gabriela Rodríguez comenta que Enrique Acuña había aceptado gentilmente ser el interlocutor del caso y que sus indicaciones le permitieron escandir un texto inicial en bloque y poner a punto el caso final. Plantea que, en la elección, contó el hecho de que el caso pone en juego un elemento que se ubica paradójicamente como anacrónico en una época de diversidades sexuales, alguien que viene asediado por los retornos de una experiencia homosexual. El partenaire de la experiencia homosexual cuenta con su brillo en lo social –popularidad– por lo que esta experiencia, que fue caracterizada como nebulosa por L. Gorostiza, tuvo cierto costado desafiante. Lo que puede aparecer como nebuloso de la experiencia, en la lectura del caso, responde a una operación deliberada que consistió en no prestarle oídos por su parte, por así decir, para no dar consistencia a ese desafío y propiciar lo que después se abrió despegado de aquella experiencia. Sobre la peculiar degradación de la vida amorosa, afirma que si uno se atiene a la descripción freudiana, precisamente, suele ser una tentación propia de estas instancias de presentación de casos, convertir esta mesa en el lecho de Procusto; es decir, producir un forzamiento aquí y deshacerse de lo que sobra allá para que todo encaje. Por último, acentuó la función de los sueños, si abren o cierra la relación del sujeto al inconsciente –que se debe instalar–; en el caso se puede deducir de una frase de uno de los sueños, que da una clave de la relación del sujeto con su órgano fálico.

 

La coincidencia estuvo dada en el modo en el que se presenta la degradación de la vida erótica, que la manera de dividir el objeto es lo “nuevo” que introduce; como así también, en la función de los sueños y cómo la sexuación se construye en el sujeto. Por último, también en la manera en la que el control reorienta la cura. Lo “nuevo”, en este caso, queda ligado a la vida erótica, ese “no sabido” –que fuera destacado en los textos preparatorios enviados por el cartel organizador– como eso que se espera que surja en una conversación.

Leonardo Gorostiza, sobre el tercer caso, comenzó haciendo referencia a los cortes en el cuerpo con los que la paciente aparece en escena, siendo ese el motivo inicial de la consulta y a una intervención del analista que lejos de ser equívoca es imperativa. En ese punto recuerda a J-A Miller cuando en su conferencia en Brasil titulada «Una fantasía» afirmaba que en la interpretación se trata de poner el cuerpo, de elevar la interpretación a la potencia del síntoma.

Continuando con el tema del cuerpo, se refirió a los efectos de una frase oída por por la madre “hacé dieta” que funciona –para el sujeto– no como significante amo, en lugar de la ausencia del padre, sino como discurso universitario que, con el saber que implica, ordena parte de la vida de esta mujer. Aparece de este modo, el saber de la dieta en el lugar del padre.

Respecto del diagnóstico, planteó que la falta de recuerdos, el predominio del goce oral, la insatisfacción y la frase “tengo ganas de querer pero no quiero” llevan a incluir el caso en la estructura histérica.

José Damiano subraya la primera intervención del analista como importante para instalar la transferencia en la cura y pregunta cómo sacar el síntoma de la compulsión a comer ante la presencia del padre, síntoma de mucha gravedad, y es, sin embargo, disuelto en el tratamiento. ¿A qué atribuye –la analista– esta curación?

Irene Greiser resalta las distintas versiones del padre que aparecen en el caso y allí igual que en los dos primeros, la relación del sujeto al goce y sus límites.

Fernando Vitale plantea, al igual que L.Gorostiza, la clara inserción de la paciente en el discurso universitario cuando llega a la consulta, dice que lo que el caso enseña es la imposibilidad de poder alojar, en la tiranía infernal de las evaluaciones, su cuestión en tanto mujer, y que los síntomas ligados a la alimentación –que hoy se presentan como una epidemia, sobre todo en pacientes jóvenes– pueden leerse a partir de esas coordenadas, más allá de las particularidades del rasgo de goce que encarna el padre. Por último, resalta que lo que se ha encarnado del padre para este sujeto, fue la confrontación al trauma sexual en tanto tal, al modo en que Freud lo planteaba en Estudios sobre la histeria.

Sonia Beldarrain: Primeramente hizo mención al síntoma de los atracones al cual se refirieron varias de las intervenciones, comentando que fueron cediendo a partir de preguntas y escansiones, provocando un detenimiento en su discurso metonímico; más precisamante que empiezan a ceder  cuando –después de un control– le hace saber sobre sus dificultades en el amor. Además, esto llevó a un despliegue de interrogantes que hasta el momento no se habían producido, llegando a manifestar que se encontraba desorientada en su sexualidad, advirtiendo que no puede unir amor y sexo. Su recorrido a partir de allí, transitará en el sentido de ir verificando los límites de su cuerpo. Finalmente aclara, respecto de la rectificación en la dirección de la cura, que durante los primeros años sus preguntas apuntaban a establecer un recorrido edípico, lo que genera en la paciente detención en su discurso y extrañeza. Es recién en el último tramo del análisis que logra ponerle palabras a partir de preguntas tales como ¿Qué me puede decir mi padre de amor y sexo? La enseñanza recogida es que allí nada iba a encontrar.

En este caso, en la generalidad de las intervenciones, se vuelve a coincidir en la importancia de la función del diagnóstico, en las figuras que toma el padre y en las versiones del cuerpo en psicoanálisis; es distinto el de la dieta ligado a la imagen del yo, que el que surge en la compulsión a comer ligado al goce pulsional. Sobre esta última versión recae el costado de remisión del síntoma, por la vía del desciframiento significante en transferencia. También se señala, como en los dos primeros casos, la importancia del control sobre la dirección de la cura.

Alberto Justo agradece a los participantes, al público presente y comenta que quizás la verdadera conversación empiece a partir de ahora

 

Notas:

(1) Marcelo Ale, Manuel Carrasco Quintana, Alberto Justo, José Damiano y Belén Zubillaga (más uno).