Pregunta del blog. Responde Gerardo Arenas (de la Comisión Científica)

ecos_I_jornada_anual_sección_pregunta__arenasI Jornada Anual de la EOL Sección La Plata: “de la verdad al goce: reformulaciones de la práctica”

 

-Blog de la Sección: El recorrido de un análisis lleva, al final, a salir de la verdad supuesta al inconsciente transferencial y encerrada en el fantasma ¿Implica dejar de creer allí? ¿Sobrevive algún tipo de creencia al término de un análisis?

 

-Gerardo Arenas: Cerca del final de Matrix, el protagonista atraviesa el fantasma: capta el modo en que todas las apariencias están sostenidas por (y al servicio de) las cifras de un programa mediante el cual “eso” –la Matriz– goza. El fantasma es precisamente la apariencia dramática que vela un programa cifrado de goce (al cual sirve) comandado por un puñado de significantes amo. Atravesar el fantasma lleva a confrontarse con esos maquinales significantes insensatos al desnudo, por así decirlo. Es una revelación decepcionante, al estilo de “¿Eso era todo?” El conjunto de nuestra existencia y de nuestra realidad, dependiente hasta entonces de esa significación fantasmática, muestra no haber sido más que una historia, una trama, destinada a perpetuar un absurdo programa de goce. Allí podemos dejar de creerle a la interpretación fantasmática de esos significantes amo, y con ello dejar de creer que “Eso quiere decir”. Sabemos que “Eso quiere gozar”.

¿Acaso ése es el fin de la verdad supuesta? No exactamente. Freud decía que una posición libidinal nunca se abandona con facilidad. La significación fantasmática no deja de asecharnos. Pero en ocasiones podemos sustraerle nuestro consentimiento.

Bien lo muestra el final de otra película, “Una mente brillante”. Luego de recibir el Nobel, el protagonista se topa con los tres fantasmas que lo acompañaron durante su delirio. Éstos lo miran en silencio, como invitándolo a volver a las andadas juntos. Pero él les da la espalda, y se aleja del brazo de su mujer. Es una bella imagen. Cada vez que el fantasma se nos presenta con su doloroso encanto, es posible responder a su asechanza con un “¡Hace chanza!”, y reírnos de él. Esto no se produce de una vez y para siempre, sino que constituye un desafío ocasión tras ocasión.

No me gusta la expresión “creer allí”, traducción literal del francés “y croire”, que significa “creer en”. La diferencia entre croire quelqu’un (creerle a alguien) y croire à quelqu’un (creer en alguien) es igual en francés y en castellano. Si un amigo toma un cuchillo y me dice “Te mataré”, puedo tomarlo en broma porque, como “creo en él”, no “le creo”.

Si queremos hablar de creencias una vez terminado el análisis, podríamos decir que dejamos de “creerle” al inconsciente transferencial.

 

 

 

 

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