Jornadas y CongresosNúmero 12 - diciembre 2018

Mishima: creer para crear un cuerpo

XXVII JORNADAS ANUALES DE LA EOL: EL PSICOANÁLISIS Y LA DISCORDIA DE LAS IDENTIFICACIONES. VÍNCULOS, CREENCIAS Y NOMINACIONES —Buenos Aires, 29 de septiembre de 2018

 

 

 

Claudio Spivak

 

En 1970 Yukio Mishima se realiza un seppuku, luego de un fallido intento de levantamiento militar en honor al Emperador y Soberano Celestial. Antes había escrito un manifiesto y fundado un ejército, defendiendo la figura del Emperador como la mayor señal de identidad del Japón.

Para ese momento Mishima tenía publicadas 240 obras y había acariciado la posibilidad del Nobel. Nada mal para alguien de 45 años.

Hay otra tarea que había realizado en ese tiempo. Él, que había sido un joven de cuerpo débil, tuvo la voluntad de transformarlo. Y mientras su apariencia corporal se endurecía en músculos, a partir del body builing, comenzó a fotografiarse a repetición. De aquellas fotografías se destaca la que replica al San Sebastiánde Guido Reni. También el film “Patriotismo”, del cual fue artífice, donde pone en escena un sepukku.

Más cerca en el tiempo, Eric Laurent orientaba a pensar el caso de Mishima y su trabajo de hacerse un cuerpo, donde algo amenaza con deshacerlo.

Asombra que ciertas creencias han estado presentes en el sostenimiento del cuerpo de Mishima.

 

Una confesión

Una escena de Confesiones de una máscara (1) es ocasión de un comentario de Lacan. (2)

La escena es en la que el púber y futuro Yukio Mishima se enfrenta a una reproducción del “San Sebastián” de Guido Reni.

Es una captura.

La estampa muestra a un apolíneo mártir, apenas atado a un tronco, atravesado por flechas de madera. Sus ojos observan lo alto. Todavía no hay sangre y el cuerpo, blanquecino, es causa de erotismo. Mishima escribe que en ese encuentro todo su ser se estremeció de goce pagano. Su parte monstruosa, el pene, parecía estallar. Otro estallido, el de la eyaculación, trajo consigo una cegadora embriaguez.

 

El comentario de Lacan

El fragmento en el que se introduce el comentario de Lacan es complejo. Tomaremos algunos aspectos. Por un lado, señala que el goce del cuerpo queda en identidad con el goce de la vida. En esta línea dirá que el goce fálico se vuelve anómalo al goce del cuerpo (y por ende al goce de la vida).

Luego pasará a hablar de Mishima y de su primera eyaculación. Lacan dice que debió pasmarlo. Lacan toma el ejemplo de todos los días, de los tipos que cuentan que nunca olvidarán su primera masturbación, eso que hace estallar la pantalla. Agrega que eso que hace estallar la pantalla no es del interior del cuerpo. En la cadena borromea lo exterior al cuerpo es el goce fálico, caracterizado como fuera-del-cuerpo. El cuerpo tiene por fuera al goce fálico.

Resaltamos una distinción relativa al goce fálico. Por un lado, como anómalo al goce del cuerpo (y de la vida) y por otro como aquello que hace estallar la pantalla-imagen del cuerpo.

 

Otra confesión

Mishima escribe acerca de su cuerpo en El sol y el acero (3). Allí recuerda como comenzó a hacerse un cuerpo, mientras elaboraba un lenguaje del cuerpo.

Señala que en su vida primero llegaron las palabras. No tiene recuerdos infantiles de su carne. Estima que, para otros, el cuerpo precede al lenguaje. En su caso, cuando la carne vino, ya estaba malograda por las palabras.

Entiende que las palabras tienen una doble función: por un lado, son un medio reductor, productor de abstracciones, conceptos; por otro, algo corrosivo, comparable a jugos gástricos.

Relata sus inicios con la escritura, donde era evidente su interés por las leyes del lenguaje. Estas leyes le permitían mantenerse en un registro puro, fuera de confusión. Era la única alternativa: mantener una vigilancia constante sobre la acción corrosiva de las palabras.

En aquellos años se identificaba con las palabras. Incluso no concebía tener un cuerpo. Esta determinación se afincaba en su incomprensión sobre la confusa naturaleza del cuerpo, la realidad y la acción. Su negativa obstinada a percibir el cuerpo era sostenida en la creencia que éste debería haberse manifestado como una existencia, clara e inequívoca.

Llamativamente, cuando su cuerpo se manifestó sintió pánico y lo odió: ya estaba corroído por la palabra, malogrado.

El cuerpo esperado era uno ideal, de concepto, tomado del mundo griego, y también con un destino trágico o romántico. Con esa creencia, y ayudado por el sol y el acero, comienza su voluntad de hacerse un cuerpo, afín a la dureza del metal. Sin embargo, asociado al cuerpo de la idea estará la muerte trágica.

 

Goces en discordia

En el “Seminario 21” (4) Lacan despliega las complejas disarmonías que afectan al cuerpo hablante. También nos da una pista de porqué el goce fálico es anómalo al goce del cuerpo y al de la vida. El cuerpo del que habla ya había sido definido como sustancia gozante, un cuerpo que goza de sí mismo.

Tomando una referencia de Aristóteles, Lacan dirá que el cuerpo está puesto en una corriente de goce. Y que ese goce está ligado a la lógica de la vida. Sin embargo, esa vida se avería y se varía al punto de diversificarse en semas. Estos semas son algo que se encarna en lalengua. Entonces la vida queda fragmentada y encarnada en semas.

Agrega una precisión interesante. Es de lalengua que procede la animación del cuerpo. Se trata de una animación en sentido de un revolver, un cosquilleo, un rascado, un furor. La procedencia de esa animación no es del goce del cuerpo. Proviene del goce fálico, un goce parásito. El goce fálico es el aportado por los semas y, siguiendo el razonamiento, por lalengua. En este sentido lalengua y el goce fálico aparecen como solidarios. Ambos quedan caracterizados por Lacan como parásitos. La relación entre ellos es la misma que hay entre un árbol y sus ramas.

Algo varía en cuanto a la intensidad. Dirá que cualquier elemento de lalengua, respecto al goce fálico, es una brizna de goce. Además, el goce fálico, intenso y privilegiado, queda aparte de los otros goces y de los placeres del cuerpo, como pueden ser el de correr o saltar o hacer gimnasia.

 

Goce del cuerpo

Mishima recuerda una felicidad. Se encuentra haciendo entrenamiento militar. Su cuerpo ha saltado y corrido. Está exhausto. El sol se cuela entre los árboles y toca su piel. Una sensación de embriaguez lo invade. No hay confusión de palabras ni estallido. Sólo conceptos puros.

Mishima escribe: Yo existía.

 

 

 

Notas:

(1) Mishima, Y.: Confesiones de una máscara, Alianza editorial, Buenos Aires, 2010.

(2) Lacan, J.: “La tercera”, en Revista Lacaniana de Psicoanálisis N° 18, Grama, Buenos Aires, 2015, pág. 9.

(3) Mishima, Y.: El sol y el acero, Alianza editorial, Buenos Aires, 2010.

(4) Lacan, J.: “El Seminario 21: Los no incautos yerran”, inédito.