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Leer… Por María Alejandra Gorriz

María Alejandra Gorriz

Leer…

Comienzo contándoles algo que extraigo de la conversación que tuvimos en la previa a esta Noche de Biblioteca. Un verdadero trabajo con esos “algunos otros” para mí en ese momento. Llegué a ese día con algunas cosas leídas, referencias por donde me interesaría andar, pero aun no tenía decidido por dónde abordar esta pequeña contribución. Les cuento un poco cómo fue que me cayó la ficha de por dónde comenzar.

Durante esa previa, se fue recortando la pregunta ¿qué es leer? y dimos algunas vueltas alrededor del “no comprender”, que aborda Lacan en distintos momentos de su enseñanza. En un momento alguien dice: “bueno, tampoco se trata de hacer una ´apología´ del  no comprender.” Para decir algo, hay que poder entender algo. Me produjo sorpresa esa observación. No se trataba de hacer una apología… pero en ese momento decidí dejarlo como pregunta sobre ¿qué había sucedido allí? ¿Por qué se había interpretado eso? Me dejé llevar por esa sorpresa. Tal vez, nos habíamos embarcado en decir sobre esa no comprensión, con una pretensión todista. Luego de un tiempo terminó la reunión. Corté el zoom, contenta (no sé por qué, no había nada para eso), y escribí en un papel: “tampoco se trata de hacer una apología-todo del  no comprender.”. Allí se había decidido un comienzo para mí y detenido la deriva de textos. ¿Qué fue lo que decidió por dónde comenzar a escribir esta vez, para hoy (aquí y ahora)?

El interés de esta Noche no es trabajar sobre lo testimonial, sino sobre algunas citas, así que ahí vamos. Propongo solamente algunos hilos (como gustan decir) por donde ir tirando para tratar estos temas. Pero no sin haber pasado por la experiencia que les conté.

Leer, ¿qué es leer? ¿Qué es leer, para el psicoanálisis?, discurso en el que se sostiene el título de esta Noche “¿Qué se lee en lo que no se comprende?”.

Leer  requiere de lo escrito, que no se reduce a lo impreso en papel. También en la escucha hay una lectura. Resalto la forma en que Lacan, en El Seminario, Libro 20 refiere a la escritura en diversos momentos, en términos de “dimensión”. “Dimensión de lo escrito como tal” (1), en lo que encuentro  una resonancia de un más allá de la letra misma.  

Leer, involucra una dimensión escrita del significante. Significante que la lingüística redujo al sentido, a la relación diferencial de un significante con otro, dejando a un costado el sonido. Y es por el sonido por donde Lacan, intenta introducir la dimensión de goce que será decididamente en plural “goces”. En el Seminario 24 y de la mano del chiste y de la poesía dirá acerca de la “equivalencia entre el sonido y el sentido” (2). Apropósito del sentido y el sonido, recuerdo a Miller en la primera clase de El ser y el Uno, cuando refiere a su posición en el establecimiento de los Seminarios de Lacan, como de intérprete, dice: “En el trabajo no se trata solo de restituir sin más lo dicho por Lacan. Si así fuese, bastaría dactilografiar” (3). Alude a lo que “no dijo –o dijo de manera oscura.” Y menciona, “gestos, actitudes, entonación, y también a esa “alegría” con la que llevaba adelante los seminarios. Eso no dicho que es necesario también leer y que requiere de presencia.

Vayamos un poco a la letra de Lacan en El Seminario, libro 20, afirma “Lo escrito no es para ser comprendido” (4). Y unos párrafos antes había dicho que “lo escrito no pertenece en absoluto al significante”.  ¿Por qué dice eso Lacan en ese momento? Afirmación fuerte, porque trabajamos con eso. Se lee ahí un esfuerzo por diferenciar una dimensión escrita del significante de la dimensión del significante como tal. Hace allí una crítica a la lingüística: que distingue significante de significado estableciendo que no tienen relación y continúa con el estudio del significante, dejando a un lado el significado. Costado que interesa al psicoanálisis.

Interrogando la función de lo escrito, Lacan dice: “si hay algo que nos puede introducir en la dimensión de lo escrito como tal, es el percatarnos de que el significado no tiene nada que ver con los oídos, sino solo con la lectura, la lectura de lo que uno escucha del significante”(5). Escuchamos significantes auditivos, no escuchamos significados. ¿Cómo puede ser que eso produzca efectos de significado? Y dice que el significado se va produciendo por efectos del significante, pero no por estar ahí metáfora y metonimia, sino porque el que escucha lee. Y “esa”, dice, sería la mejor manera de aproximarnos a la dimensión de lo escrito: La instancia de la letra en el inconsciente. Inconsciente, entonces, que no puede reducirse a una lógica regida por la estructura del lenguaje.   

Entonces: dimensión escrita del significante, que se lee. Por esa otra dimensión comenzará a articular el inconsciente: las formaciones del inconsciente tienen también una dimensión escrita (que resaltará especialmente más adelante con la cuestión del equívoco que necesita de lo escrito). Se trata, en la escucha misma, de esa lectura; que –además- implica la letra que es lo que se lee. Toma, a modo de ejemplo las letras que él ha escrito-inventado, solo 3. Y también lo ejemplifica con la barra, a propósito del algoritmo saussureano S/s. Esta vez destaca la barra únicamente: “no hay manera de comprender nada de una barra, aun cuando se le reserve para significar la negación (…) hay una gran variedad de negaciones, imposible de reunir bajo el mismo concepto. La negación de la existencia, por ejemplo, es algo enteramente distinto a la negación de la totalidad.” “La barra, como todo lo tocante  a lo escrito… no es para ser comprendido.”.(6).  En la pureza de lo escrito, no se produce ningún efecto de significado ni ninguna significación por el abrochamiento significante-significado. Resalto la cuestión de que con el campo del significante no alcanza para tener un efecto de lectura. “No pertenece en absoluto al significante”. No dice: sin significante, sino “no pertenece en absoluto”: es otra cosa de la que se trata en la escritura y en la lectura. El goce, los goces, jugarán aquí su entrada.

Dejo subrayado el tema que se abre con la cuestión de la barra de la negación (podemos retomarlo luego si le interesa a alguno), porque es con esa escritura (en la fórmulas de la sexuación) que “lee” el no-todo. “Esa función inédita en que la negación afecta al cuantor, ha de leerse no-todo” (7). Complejo porque no se reduce a una escritura en letras, también hay goce, que ya allí será goces en plural. Es de la mano de lo femenino que avanza en esa escritura, bordeando ya allí algo de lo imposible de escribir con letras. Aparece lo femenino como un goce distinto al fálico, suplementario, que se lee con la referencia a la castración ni a su opuesto binario goce fálico. Es suplementario, se siente en el cuerpo.

En el seminario del año siguiente, donde “recomienza” (8), Lacan produce una otra “escritura” (9): la de los nudos. Allí, a su vez, ubica las letras en lugares precisos  En esa escritura ubica los distintos goces con precisión en las distintas intersecciones de los registros. El goce femenino, en esta perspectiva, queda articulada al goce en el cuerpo, fuera de lo simbólico.

Entonces… retomando un poco el tema que hoy nos convoca: ¿podemos pensar en una dimensión de lo femenino en la lectura? ¿Efectos de lectura bajo una dimensión no-todo?

Sabemos de la importancia que tiene leer a Lacan “al pie de la letra”. Lo decimos rápidamente y ¿entendemos lo que decimos? Lacan nos invita a interrogar esa expresión. ¿Qué es leer al pie de la letra? (10). Tiene su costado fundamental que es poder seguir las argumentaciones, leer en los propios términos, tal como Lacan lo dice del analista que lee lo que dice el analizante en sus propios términos. Pero, no se puede leer todo, tomar todo al pie de la letra. No se trata de tomar al pie de la letra, atados a la letra, sino de leer la “tendencia”, dice Lacan allí, que esa letra tiene hacia lo real. Y a eso no lo tienen todas, hay que ver si esa letra en su literalidad tiende hacia algo real. S(A/), a y fi mayúscula. Son distintas y tiene distintas funciones. Habrá que leer en cada una de ellas, la “tendencia a lo real”. Tendencia que no es “atrapar” y que deja lugar a las resonancias que con la letra se producen en un lugar otro, fuera de lo simbólico.  Sobre el fondo del asunto: lo real como imposible de escribir y la relación sexual que no está escrita. Imposible de escribir.

Con esta tendencia y sobre ese fondo, hago lugar, aquí, a las resonancias que intentan escribir los puntos suspensivos del  “Leer…”.

Notas:

(1) Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, Paidós, Buenos Aires, 1998, pag 45.

(2) Lacan J., “El Seminario, libro 24 L´insu qui sait de l´une bévue s´aile à mourue”, clase del 11 enero 1977, publicada en Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Número 30, noviembre 2021, pág. 13.

(3) Miller J-A., “Curso 2011 El Ser y el Un”, clase inaugural del 19 enero 2011.

(4) Ibíd (1), pág. 46.

(5) Ibíd (1), pág. 45.

(6) Ibíd (1), pág. 45-46

(7) Ibíd (1), pág 89.

(8) Lacan J., “Seminario 21 Les non-dupes errent”, 1973-74,clase inaugural. Inédito.

(9) Ibíd. clase del 19 marzo 1074.

(10) Lacan J., “La varidad del síntoma” en Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Número 25, noviembre de 2018. Pág. 16.