CartelesNúmero 10 - diciembre 2017

La clínica en el ámbito penal juvenil

TERCERA NOCHE DE CARTELES: EL PSICOANÁLISIS Y LA PRÁCTICA EN LAS INSTITUCIONES –EOL Sección La Plata, 11 de octubre de 2017

 

3 noche cartel (2)

 

María del Pedro

 

 

Agradezco la invitación a participar de esta Noche de Carteles a Rosana Salvatori y equipo. Llevo veinte años trabajando en lo que hoy se llama “Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil”. Los primeros quince me dediqué a la atención de jóvenes detenidos a partir de la comisión de un delito. Ese largo período tuvo sus impases: momentos dedicados a la supervisión institucional así como a la coordinación de un “Sistema de Intervención Profesional”.

Conociendo la necesidad y complejidad en el sostenimiento de tratamientos individuales es que, en el año 2012, decidí ofrecer un espacio de supervisión y control de la práctica a mis colegas. A eso me dedico.

La propuesta de supervisión hacía hincapié en aquello que el psicoanálisis podía aportar al Sistema: “puede pensarse que las sanciones, penas o imputaciones requieren asimismo de un proceso por el cual se impute un sujeto a un hecho delictivo; lo contrario sería creer que porque un individuo es objeto de una imputación penal, basta ello para que se responsabilice subjetivamente del hecho. En ningún caso se considera que la tarea sea sencilla ni pueden darse garantías, lo que sí puede aseverarse es en qué condiciones ciertos delitos no pueden ser procesados, elaborados, ni asumidos por los autores de los mismos”. (1)

Es un tema largamente discutido en el Organismo si deben llevarse a cabo tratamientos terapéuticos. Algunos colegas consideran que por esa vía se estaría patologizando el delito, ellos sugieren que los jóvenes tengan un tratamiento institucional y que, en caso de requerir atención psicológica, puedan buscarla por fuera de la institución, de modo excepcional.

El hecho de ofrecer un espacio de supervisión clínica, entonces, implica un posicionamiento al respecto: hacer la apuesta con cada joven, “se trata de lograr el alojamiento subjetivo a partir del cual se procurará inscribir el hecho delictivo en cada caso en particular” (2). Se decía allí “de no haber quien escuche, aloje e interprete, es difícil confiar en que la condena cumpla alguna función más allá del castigo. Si no se apunta a la implicación de un sujeto respecto de su falta, se corre el riesgo de que sanción y acto permanezcan desanudados. En tal caso, aquellas determinaciones en las que hubiésemos podido intervenir, conservarán toda su fuerza eficaz, dejando al sujeto condenado a la repetición” (3).  Este fue el modo que encontré de dirigirme al Otro Institucional para hacer valer los tratamientos siempre cuestionados.

Así es que diferentes Equipos Técnicos recurren al espacio y se orientan desde el psicoanálisis. Con el tiempo se van diferenciando espacios grupales, más atravesados por lo institucional, y espacios individuales donde cada practicante controla sus casos.

En los espacios grupales comienza a surgir la necesidad de ciertos lineamientos teóricos. Se parte desde una primera indicación que encontramos en Lacan, Escritos 1(4), la de desrealizar el acto por medio de la palabra, fórmula que nos permite pensar, en particular, el pasaje al acto homicida. El Seminario 10 (5) nos da un marco preciso para diferenciar “pasaje al acto” de “acting out”, modelo con el cual podemos acercarnos al modo en que se presenta la entrada en otro tipo de delitos, robos acompañados generalmente de consumo de sustancias. La compulsión, las impulsiones, las adicciones se presentan en una deriva donde el concepto de goce y sus modos –indirectos– de abordaje deben ser pensados. Ubicamos “Las excepciones” y “Los que delinquen por conciencia de culpa” (de Freud) (6), como contrapuntos. El modelo de las psicosis ordinarias nos orienta. Recalamos en el “Seminario 21”: el “nombrar para” (7) allí vertido por Lacan es una indicación que resulta tan enigmática como esclarecedora cuando es iluminada a la luz de casos que la hacen patente. Recurrimos a ¿A quién mata el asesino? de García y Tendlarz (8), Delito y transgresión (9) y Psicoanálisis sin diván (10) de Irene Greiser. Los delitos sexuales nos llevan más bien a plantearnos la delimitación entre verdaderas perversiones y suplencias de tipo perverso, así como cuestiones más ligadas a cierta irresolución de cuestiones endogámicas.

Existe un tipo de presentación que nos interroga: muchos jóvenes (ellos tienen entre 15 y 18 años) durante las primeras entrevistas casi no articulan palabra, no recuerdan nombres, edades, dirección en la que viven, etc. Por un tiempo, no sabíamos si creer que en la mayoría de los casos se trataba de “psicosis confusionales”, “organicidad”, adicciones severas o debilidad mental. Tiempo después, se ordenan. A veces, podemos ubicar una intervención analítica que tiene por efecto sustraer al sujeto de su debilidad. En otros casos no sabemos cómo ocurrió. Indagamos la relación a la lengua escrita y otras cuestiones que nos resultan de interés. Tenemos una cierta casuística en este sentido. Por suerte, contamos con la hipótesis de una colega de la Sección, Analía Ferreyra, la de “debilidad en el lenguaje”. Me dirán que es el caso de todo sujeto antes de un análisis. Y que en particular, a los adolescentes varones, hay que instarlos –generalmente–, incluso enseñarles, a significar. Pero nos encontramos ante algo alarmante. Pues bien, seguimos la hipótesis de Analía y otras.

Así nos encontramos, investigamos, aprendemos y nos divertimos. La orientación por la clínica despeja los enredos institucionales. Aunque, no siempre. En los espacios grupales, muchas veces, lo institucional gana la partida y se hace necesario tomarse el tiempo para despejarlo. Por estos contratiempos, llegamos al cartel.

Las participantes de estos grupos más interesadas en la investigación teórica y en la formalización de la práctica, me piden armar un cartel. Ellas son cuatro. Yo, Más Uno. El cartel está compuesto por Laura De Nucci, Antonella Maffessoli, Lorena Topor y Nerina Zarranz. Ellas investigan, respectivamente, la “Transferencia analítica”, “La posición del analista”, “El modelo de las psicosis ordinarias” y las “Implicancias de la función materna” en lo penal juvenil. Mi rasgo: “Delimitaciones clínicas en el ámbito penal juvenil”, es un poco lo que vengo haciendo, es el lugar desde el que puedo contribuir a dar cauce a sus producciones singulares y es, ante todo, el modo que tengo de aprender de ellas y de su práctica.                                                                                    

 

                                              

Notas:

(1) Propuesta de Supervisión y control de la clínica / Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil/ (2012).

(2) Ibíd.

(3) Ibíd.

(4) Lacan, J.: “Introducción teórica de las funciones del psicoanálisis en criminología”, en  Escritos 1, Siglo Veintiuno Editores, México, 1966.

(5) Lacan, J.: “El pasaje al acto y el acting out”, en  El Seminario, Libro 10, La angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006.

(6) Freud, S.: “Las excepciones” y “Los que delinquen por conciencia de culpa”, en “Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico” (1916), Tomo XIV, Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1990.

(7) Lacan, J.: “El Seminario 21: Los no incautos yerran”, Clase X, Inédito.

(8) Tendlarz, S. – García, D.: Psicoanálisis y Criminología, ¿A quién mata el asesino?, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2009.

(9) Greiser, I.: Delito y transgresión, Un abordaje psicoanalítico de la relación del sujeto con la ley, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2008.

(10) Greiser, I.: Psicoanálisis sin diván, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2012.