CartelesNúmero 10 - diciembre 2017

Indecible pero localizable

SEGUNDA NOCHE DE CARTELES DE LA EOL SECCIÓN LA PLATA: CUERPO, IMAGINARIO Y GOCE –EOL Sección La Plata, 23 de agosto de 2017

 

noche carteles

 

Verónica Di Batista

 

Partiendo de la pregunta: si el goce del cuerpo es el fundamento del acontecimiento de cuerpo y del resto sintomático ¿cómo se verifica esto en la clínica y en los testimonios?

Este camino, no será sin pasar por el cuerpo, el goce y el sinthoma.

Eric Laurent –en El reverso de la biopolítica (1)– hace un recorrido por los diferentes estatutos del cuerpo desde Freud y en Lacan. Dice que la cuestión del cuerpo en Freud lleva la marca del narcisismo, que ya sea primario o secundario, es la relación con la imagen del cuerpo, y este concepto prevalece en su enseñanza con un aura irreductible como fundamento del cuerpo.

Lacan, a partir del Estadio del espejo, toma al narcisismo no ya primario, por presuponerle una operación: “Cuando esta operación se produce, un agente, el padre que sostiene al niño en el espejo, debe autorizar al niño a identificarse con su imagen, que se le presenta en una relación de alteridad –estando esta intervención con el júbilo que la acompaña– marcando el impacto del reconocimiento o el rechazo” (2). Se pasa del cuerpo fragmentado al cuerpo alienado a la mirada del Otro.

Luego, en “Radiofonía” (3), Lacan propone un dispositivo en el que el cuerpo le adviene al sujeto sin mediación de ningún agente. “Ya no hay ningún padre que garantice la operación mediante la cual la carne, con la impresión del signo, deja al desnudo por un lado, el cuerpo como conjunto vacío y, por otro lado lo incorporal y lo fuera-de-cuerpo del objeto a, en tanto objeto o subconjunto de goce. Este órgano separado no se acopla a la imagen, escapa a lo especular”. (4)

Finalmente, en “Joyce, el síntoma” (5) encontramos otro ensamblaje, el cuerpo ya no es conjunto vacío, sino que está directamente conectado con el goce. Tomado en las tres dimensiones “RSI”, como máquina de goce, más allá de lo imaginario, marcado de entrada por la disimetría de la sexuación.

Laurent dice: “De entrada hace falta un cuerpo como superficie, donde se inscriba el goce. Luego cuando la palabra haya pasado al decir, vendrán los efectos de significante”. (6)

Y desarrolla los tres tiempos en los que, según Lacan, esto se produce:

1. Emergencia de goce, “eso se siente” ya que es traumatismo, impacto de goce que se escribe como síntoma en la superficie del cuerpo chorreada por las nubes significantes.

2. Una palabra pasa al decir, que no puede atrapar el primer tiempo sin equívoco. La escritura del trauma está siempre entre escritura y palabra (hiato irreductible, cuna de los equívocos).

3. Tiempo del saber, hablar con su cuerpo sin saberlo. El fuera de sentido del inconsciente –según Lacan– es lógico: está vinculado al traumatismo de lalangue y la efracción de goce en el cuerpo, que da lugar a la forma lógica del síntoma.

Me interesa ver este pasaje en la clínica y en los testimonios de pase, para intentar esclarecer cómo ese goce del cuerpo, irrupción que llamará acontecimiento de cuerpo, sostén del síntoma, fuera de sentido, refractario a la intervención por la palabra, se sostiene siendo el soporte del resto sintomático.

Eric Laurent, cita a J.-A. Miller en “El inconsciente y el cuerpo hablante” y dice: “ese goce que se deporta fuera del cuerpo, goce de la palabra que Lacan identifica, con audacia y con lógica, con el goce fálico en cuanto que éste es disarmónico con el cuerpo” (7), acaba prescindiendo del padre. El goce del cuerpo como tal sigue siendo el sostén del resto sintomático… después del tratamiento mediante la hipótesis del sentido, quedaran los restos de goce del sinthome, eso que el cuerpo hablante teje y separa, el punto irreductible con el que delira.

En el testimonio de Luis Tudanca, “Concluir de través” (8), hallé algunos párrafos que tal vez nos iluminen.

Allí cuenta que en la gramática, más exactamente en los signos de puntuación, encuentra una manera de llegar al máximo de reducción que se obtiene en la lógica de una vida. Dado que localiza allí la ausencia de sentido, cosa que no sucede con la palabra, portadora siempre de algún sentido que nos enreda.

“Quizás podría incluir el silencio dentro de los paréntesis, el obtenido en mi análisis producto de una salida de la dialéctica mortificante hablar-callarme en la que me pase gran parte de mi vida.

Pero corro el riesgo de transformar el silencio en palabra y enredarme de nuevo.

¿Y si meto la disfonía? Algo que no cesa, resto sintomático. Pero el silencio es activo y la disfonía es pasiva, la padezco. Suena un poco patético.

Mejor dejo los paréntesis vacíos de contenido”. (9)

Gran esfuerzo por localizar lo que no puede nombrarse.

Pienso que en el goce del cuerpo, como marca indeleble del choque de la carne con el significante, reside lo más puro del argumento del psicoanálisis como “reverso de la biopolítica”. Aquello que descompleta radicalmente al ser hablante y que la lógica del no-todo intenta nombrar como lo más singular.

Un esfuerzo por resistir al aplastamiento totalizante de la biopolítica vertido por discursos que equiparan el cuerpo al yo y el ser al dueño de sí mismo.

 

 

Notas:

(1) Laurent, E.: El reverso de la biopolítica, Grama Ediciones, Buenos Aires, 2010.

(2) Ibíd., pág. 59.

(3) Lacan, J. “Radiofonía”, en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2016.

(4) Óp. Cit. n° 1, pág. 59.

(5) Lacan, J.: “Joyce el Síntoma” en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2016.

(6) Óp. Cit. n° 1, págs. 74/75.

(7) Óp. Cit. n° 1, pág. 241/242.

(8) Tudanca, L.: “Concluir de través”, Revista Lacaniana Nº 18, Grama, Buenos Aires, 2015, pág.98.

(9) Ibíd.