CartelesNúmero 13 - septiembre 2019

Hacer la experiencia del cartel

NOCHES DE CARTELES: ¿QUE ESPERAMOS DEL CARTEL? EOL Sección La Plata 3 de julio de 2019

 

Ana Piovano

 

 

“Me parece que hay algo específico en el análisis que plantea esta cuestión que al fin de cuentas está siempre taponada. Me parece difícil que los analistas no se pregunten lo que quiere decir analíticamente su trabajo en cuanto es un trabajo común; ¿debe el analista permanecer aislado? ¿Por qué no? Prácticamente es lo que pasa. De todas maneras es el caso preguntarse: ¿por qué pasa esto? Es lo mínimo” (1)

Quien habla es Jacques Lacan.

La coyuntura, unas jornadas de carteles de la Escuela Freudiana de Paris en el mes de abril de 1975 y lo está invitando a Mustafá Safouan a que “madure algo para la tarde” (2) respecto de este punto.

Ubico el contexto: durante dos días, puestos sobre el tapete, los fracasos que se sucedían “a menudo” (3) se reducen a un par de escollos. Por un lado “el efecto de imaginario de grupo que bloquea todo” y  por otro, que no hubiera suficiente de lo “en común” como para que  el cartel se sostenga.

La referencia, es una preciosa conversación entre varios, con pasajes a mi gusto exquisitos. En uno de ellos, Mustafa Safouan tras ausentarse a una sesión interpela el funcionamiento de la  permutación: “¿todos están realmente en un cártel? ¿Yo mismo, estoy en un cártel? Yo no puedo afirmar que trabaje en un cártel”  para recibir de Jacques Lacan una respuesta inquietante “En absoluto. No se ha llegado a ninguna verdadera realización del cártel” (4)

Esta noche nos convoca una pregunta crucial:¿Qué se espera del Cartel?

Si acaso sucediese que fuésemos amigos de las respuestas rápidas e inequívocamente correctas  nos sacaríamos de encima el problema con la cita  “Ningún progreso se ha de esperar, salvo el de poner a cielo abierto, periódicamente, tanto los resultados como las crisis del trabajo”(5).

Y claro está, eso no estaría nada mal. Pero trataré de dar un pequeño paso,  de modo que, tomando ese sesgo, el eje trabajo del cartel y esos dos términos “resultados” y “crisis del trabajo” intentaré dar un (mi) pasito.

Partimos de afirmar que la del cartel es una experiencia y que, como tal, hay que hacerla.

En mi caso, caí en la cuenta hace poco, llevo un cuarto de siglo con idas y venidas haciendo uso de ese invento a salvaguarda tanto del aislamiento intelectual como de la incómoda comodidad universitaria.

Durante años (ubico ahí un personal primer tiempo) lo hice, con algunos otros, con cierta disfuncionalidad, que puedo reducir a “no llegábamos a declararlo en la Escuela”.

Si bien debía ser el más uno quien lo hiciese, por alguna razón sucedía que una y otra y otra vez eso no sucedía. Desde ya, beneficio secundario, contábamos con ciertas libertades, por ej. duraban más de dos años, los productos en lugar de presentarlos en jornadas terminaban siendo trabajitos que podíamos decidir dónde publicar o no, etc.

En cada etc. podemos localizar como punto común que en la ganancia lo  que se perdía era justamente el lazo a la Escuela.

Así, años.

Hasta que, en tiempos del MOL, que aprés-coup se constituyese en la previa a la Sección La Plata de la EOL,   cada comisión hizo uso del dispositivo y nuestro cartel se puso a trabajar “carteles”.  El de la dificultad histórica platense de inscripción del trabajo fue, nobleza obliga,  mi rasgo, que habría de ser  presentado en la primera Noche de Carteles   “Cinco variaciones más una sobre la función y utilidad del cartel”.

Ocupaba en esa ocasión el lugar más uno del cartel María Laura Errecarte,  miembro de la EOL que colaboraba en la Secretaría de Carteles, por entonces encabezada por Irene Kuperwajcs.

Las Jornadas Nacionales de Carteles se realizarían en nuestra ciudad y el encuentro produjo una transferencia de trabajo que precipitó que por primera vez, tras 20 años, pidiera mi admisión como miembro a la Escuela.

Luego de aquellas jornadas, cuyo saldo epistémico fue un libro, habría de fundarse esta Sección. Fui una más de los ocho que entraran ese verano del 2014.

En estos años, como integrante o como más uno, he hecho uso (a  veces también abuso) del cartel. He confesado que las más de las veces no fue sin cierto dejo amargo y quizás esa sea la razón por la que me invitaron esta noche.

Dificultades para encontrar en las agendas el buen momento de encuentro, deslizamientos más o menos sutiles a lo universitario, detenimientos, impasses fueron los obstáculos a la marcha en un segundo tiempo de (permítanme la licencia)   “furor cartelizandis”. Allí, en el convencimiento de que muchas de las actividades que llevaba a cabo eran cartelizables me topé con una interpretación…“Ana está muy politizada” dijeron en la huida despavorida colegas del interior a las que les propuse cartelizar el trabajo que sosteníamos hace años!

Sabiéndolo siempre a mano, en un tercer tiempo,  opté por elegir cuándo usufructuar el dispositivo como recurso y cuando dejar pasar la oportunidad.

Tampoco el final es exitoso. El último, si me preguntan, lo considero un buen fallido. Se trató de un cartel fulgurante, para las V Jornadas Cuerpos y Discursos.  ¡La idea era buena! un cartel se suponía que habría de sostener el trabajo epistémico a fin de que la organización no consumiera todo.

Dicho esto: me parece que verdadera reunión de cartel ¡no realizamos ni una!

Hasta acá el testimonio.

Retornemos a la cita inicial; Jacques Lacan está cumpliendo 74 años y se encuentra con  una “muy grata sorpresa” que les leo  “(…) en el ocaso de la vida: saber que no he hablado en vano”.

Las jornadas de 1975 a fin de promover un debate sobre la función de los carteles como tales dentro de la Escuela, giran en torno a dos ejes: el primero, la organización, la “vida del cartel” y el segundo, la producción.

Pierre Martin propone “resucitar”  el texto del Acto de fundación de 1964 y develar sus implicancias. Afirma “El cartel en la perspectiva de la Escuela Freudiana, no es una reunión de personas que se proponen únicamente llegar a una confrontación de ideas, menos aun, un lugar de enseñanza directa o magistral, sea en un grupo pequeño, sea en uno más o menos extenso (…) requisito de admisión a la Escuela (…) es un hecho que la mayor parte de los cárteles que yo he conocido no se formaron ni actuaron dentro de este espíritu ni tampoco dentro de estas formas”
Lacan recuerda que la palabra eje es “cardo” y pone el énfasis en el lugar del más uno “(…) en el funcionamiento efectivo del cártel, esto me parece un punto realmente capital para darle un estilo analítico, si así se puede decir, a las reuniones de un cártel, pues un grupo, al menos por un momento, se pone contento cuando pasa la pelota, por lo menos hay un momento en que tiene la pelota, y en un grupo, sobre todo en un grupo pequeño como ése, habitualmente, y es el caso de decirlo, es un habitus, habitualmente es siempre el mismo y uno se decide a ello sin medir sus consecuencias, yo diría que todo el mundo está muy contento de que haya alguien que haga eso que generalmente se llama el líder, el que conduce, el Führer.”

Justamente es la permutación y las consecuencias de su ausencia lo que hace a la riqueza de la conversación, en  tanto ella se halle advertida del riesgo del pantano imaginario.
En nuestra última noche de carteles, dimos algunas vueltas a las buenas maneras de encarnar la función más uno, para que el cartel opere un nuevo modo de lazo. Desde ya, no se trata de un procedimiento automático que tenga como efecto un producto escrito… aquí como allá se produce por añadidura no es mala fórmula.

De hecho, en la fulgurante experiencia que les relataba hace un rato, los productos no faltaron a la cita. Al menos dos escritos, uno presentado en las jornadas de carteles y  publicado luego en la revista Lacaniana, otro, presentado en las jornadas anuales de la Sección.

Dicho esto, bien haríamos en cuestionarnos en cada ocasión éxitos y fracasos.

Es el mismo psicoanálisis el que nos enseña que  en todo fracaso habita algo bien logrado y que la inversa también es verificable, razón por la cual son tan infructuosas las rendiciones prematuras ante un chasco eventual como los “encaramelizamientos” (el término se lo debo a Belén Zubillaga, en aquella primera noche de Carteles del MOL)  respecto de los mejores resultados, siempre circunstanciales.

Los carteles como el pase, operan a contrapelo del aislamiento analítico.

Para concluir, volviendo a la cita inicial,  un punto crucial. En aquellas jornadas del 75 lo introduce una tal Nicole Papin, quien retomando el cartel como trabajo, analítico, convoca a localizar en él la prueba de que “la estructura del inconsciente sea mantenida”.
Dicho sea de paso, “Hablar del inconsciente, aún”  es el convite de las próximas Jornadas Anuales de la EOL.

Para conversar con ustedes, en la previa de las vigésimo octavas jornadas nacionales de Carteles,  a saber, la tercera en La Plata, una última cita.

Se trata de  las palabras finales de aquellas jornadas, las de la sesión plenaria del domingo 13 de abril de 1975 por la tarde, aquellas que representaran para Jacques Lacan  un  “consuelo tardío”:

“Hagamos ahora nuestro resumen. Un síntoma, ¿qué es? Es algo que tiene igualmente la mayor relación (es lo que se ve con la práctica) con el inconsciente. Entonces, lo que yo querría es que el psicoanálisis, como dije hace un momento, aguante, aguante el tiempo que sea necesario, ni un minuto más por cierto, en tanto que síntoma, porque después de todo, es un síntoma tranquilizador”.

Lo mismo, atisbo, vale para el cartel.

Nada más. Nada menos.

 

Notas

(1)-Lacan, J.: “Jornadas de estudio de los Carteles en la Escuela Freudiana de París”, abril de 1975, inédito, https://es.scribd.com/document/327495329/Jornadas-Cartel-Escuela-Freudiana-de-Paris-1975

(2)-Óp. Cit. n° 1

(3)-Óp. Cit. n° 1

(4)- Óp. Cit. n° 1

(5)-Lacan, J.: “Decolage o el despegue de la Escuela”, sitio web de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, https://www.wapol.org/es/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=159&intIdiomaArticulo=1&intPublicacion=10