Jornadas y CongresosNúmero 12 - diciembre 2018

Fanatismo: El goce de la discordia

XXVII JORNADAS ANUALES DE LA EOL: LA DISCORDIA DE LAS IDENTIFICACIONES.VÍNCULOS, CREENCIAS Y NOMINACIONES –Buenos Aires, 30 de septiembre de 2018

 

 

 

 

Eduardo Suarez

 

Para dar cuenta de la locura fanática no alcanza con la teoría de la adhesión a un símbolo, por oscuro y maligno que supongamos su origen, así como tampoco a una ideología particular, sea cual fuese su contenido. Si volviésemos al dualismo aristotélico, por el cual se extravía aún la psicología en el análisis de estos fenómenos, diríamos que, para el psicoanálisis, el secreto hay que buscarlo en el cuerpo y no en el alma.

Recordemos que, para Lacan, incluso la idealización de la raza en el nazismo era un hecho secundario, y que la verdadera cuestión era cómo entender el viraje a la radicalización segregativa. Por eso avanzó sobre el tema siguiendo a Freud en su propuesta de pensar con el modelo de la hipnosis y no con el del amor y agregó, por su parte, a la representación significante, la fascinante presencia del objeto en la identificación constituyente de la masa. Lo hizo desde las célebres páginas de El Seminario 11, a las que hay que añadir la tesis siguiente en El Seminario 18:  “… algo incita a una identificación camuflada, secreta, que no es más que esa con este objeto enigmático que puede no ser nada en absoluto, el pequeñito plus de gozar de Hitler, que quizá se limitaba a su bigote. La cosa bastó para amalgamar personas que no tenían nada de místico, que estaban de lo más comprometidas en el proceso del discurso capitalista”. (1)

El capitalismo, en la medida en que incita a cada uno a abandonar su goce singular para reencontrarlo bajo la forma de un plus, se constituye en la condición para la formación de un nuevo tipo de masa: aquella en la que el ideal se subsume bajo el objeto elevado al cenit. Las ideologías son ficciones, lo decisivo es el plus de goce ahora encarnado en el líder, que le promete a cada uno que “tendrá su pedacito” (2), y el fenómeno segregativo que de ahí se desprende: el otro con minúscula se vuelve el que amenaza mientras que el ideal ya no funciona como mediación.

 “Quienquiera que se interese un poco –continúa Lacan– en lo que puede sobrevenir hará bien en pensar que todas las formas de racismo, en la medida en que un plus-de-gozar alcanza para soportarlo, están hoy a la orden del día, son una amenaza para los años futuros” (3). Más allá de la profecía, se trata de una tesis crucial a la hora del debate actual por la desradicalización. Ningún cambio es esperable operando con el sentido, más bien, para Lacan se trata de cómo pensar en un ejercicio del psicoanálisis que pueda favorecer una distancia del sujeto con el plus de goce. (4)

Las paulatinas intervenciones de J.-A. Miller a propósito de los atentados en París en el año 2015, nos acercaron los debates entre distintos discursos alrededor de la interpretación de las manifestaciones del fundamentalismo islámico, y nos condujeron hasta el punto en donde se precipitan los datos para intervenir analíticamente en la discordia de esos discursos. Precisamente, aquellos que permiten circunscribir el efecto de goce en el cuerpo del fanático.

En estos textos, dirigidos a la opinión pública, Miller diferencia la relación del cristiano y el musulmán con Dios, considerando el pasaje del Uno universal al Uno del goce que toca al cuerpo de cada fiel. Borges tenía una idea parecida a propósito del Corán: “Se ve siempre en el libro a un sucedáneo de la palabra oral, pero luego llega del Oriente un concepto nuevo, del todo extraño a la antigüedad clásica: el del libro sagrado. Vamos a tomar dos ejemplos, empezando por el más tardío: los musulmanes. Estos piensan que el Corán es anterior a la creación, anterior a la lengua árabe; es uno de los atributos de Dios, no una obra de Dios; es como su misericordia o su justicia”. (5)

El Uno cristiano es un semblante, en el fondo, sostenido por el sentido paterno. En cambio, el Uno islámico, es algo que atraviesa el plano del sentido, y, en esa medida, llega al cuerpo con un efecto de goce imposible de elucubrar simbólicamente.

Es posible hacernos así una idea de los elementos implicados en la gradación identificatoria, que va de lo simbólico a lo real, llegando al fanatismo, y captarlos en sus expresiones. Sea en los cánticos, en las salmodias, o en las arengas de los rituales más variados, puede oírse, sólo, fraseado sin sentido, al Uno del goce repetirse en la jaculatoria fanática agitando los cuerpos, comunicándolos por resonancia en un éxtasis común. Queda por pensar con estos nuevos términos la formación de la masa. Aventuré en broma alguna vez, a propósito de la pregunta que Miller deja planteada en su texto “En dirección a la adolescencia”, que era necesario establecer una nueva corpología de las masas (6). La referencia era este párrafo: “Me preguntaba si –dice Miller– en el fondo, el cuerpo del Otro no se encarna en el grupo. La pandilla, la secta, el grupo, ¿no dan un cierto acceso a un gozo del cuerpo del Otro del que formo parte? Eso puede efectuarse bajo las formas de la sublimación: cantamos en grupo, gozamos de su acuerdo, hacemos música juntos, eso trasciende, etc. Pero evidentemente, yendo hacia la sublimación, no se satisface directamente la pulsión. ¿Sería posible una nueva alianza entre la identificación y la pulsión?”. (7)

Aislamos el goce del Uno, pero ¿qué ocurre con el goce del Otro en esta nueva masa? ¿qué tipo de coalescencia se prefigura allí?

Se verá, lo más importante –como lo testimonia la realización de estas Jornadas– es que cuando en el fundamento del lazo social lo que prima es el goce, el psicoanálisis extiende su compromiso y tiene la ocasión de ofrecer una alternativa a la deriva fanática hacia la pulsión de muerte. Después de todo, es inherente a la formación analítica el hacer algo con un fanatismo del cuerpo que se llama síntoma.

 

 

 

Notas:

(1) Lacan, J.: El seminario, libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Buenos Aires, Paidós, pág. 29.

(2) Ibid., pág. 29.

(3) Óp. Cit. n°1, pág. 29.

(4) Óp. Cit. n°1, pág. 29.

(5) Borges, J.: Obras completas, Emecé, Buenos Aires, 1987, pág. 715.

(6) Suarez, E.: “El cuerpo hablante y lalengua”, en El cuerpo hablante: Parlêtre, Sínthome, escabel, Grama, Buenos Aires, 2015.

(7) Miller, J.-A.: “En dirección a la adolescencia”, El psicoanálisis Revista de la ELP N° 28, http://elpsicoanalisis.elp.org.es/numero-28/en-direccion-a-la-adolescencia/.