Fanáticos o afectados

Fanáticos y afectadosII Jornadas Anuales EOL Sección La Plata: El cuerpo y sus fanatismos, 31 de Octubre de 2015

Apertura

 

Silvia Baudini

 

¿Cómo pensar el fanatismo del cuerpo? Este título que me parece un hallazgo de la Sección. Podemos decir que si el síntoma es iteración del mismo Uno, eso es fanatismo; es decir, pulsar una, una y una la tecla. La que conduce al goce, como la rata que pulsa una y otra vez el botón hasta la muerte.

¿Qué nos diferencia de la rata? El significante. Jacques-Alain Miller nos dice que el significante es real. Ese que marca la carne, el cuerpo, pero un cuerpo que tiene agujeros por donde eso resuena. Cito a Lacan en El Sinthome: “las pulsiones son el eco en el cuerpo por el hecho que hay un decir”. (1) ¿Qué lugar para el analista en la época de los desorientados del cuerpo?

La última enseñanza de Lacan nos revela una pragmática de las curas de la que aun no podemos dar cuenta con precisión. ¿Cómo dar cuenta de lo que hacemos en la práctica con la psicosis, por ejemplo, pero no solo? La psicosis, en la que –tal como nos enseña Freud– no hay afectación, el afecto no se anuda en el falso enlace, ni se deriva al cuerpo en la conversión.

En la psicosis la construcción de lo imaginario tiene un papel preponderante. La primera versión del imaginario lacaniano, que resumo a–a´, nos ha servido para entender la clínica de lo extraordinario, de la esquizofrenia, por ejemplo. En el Seminario 3, Lacan ubica una estabilización imaginaria con el semejante, referencia tomada de Helen Deutch y su elaboración del como sí. Pero esto que sirve para explicar la clínica no nos da la clave de la práctica con el sujeto psicótico en la época.

¿Cómo introducir la relación con el cuerpo afectado? Lacan dice: “la psicosis es una suerte de falla en lo que concierne el cumplimiento de lo que llamamos “amor””. (2) Falla ética que no permite la dirección al Otro o la dificulta en su estatuto de semblante. Entonces, la vía de acceso al Otro puede ser el campo de las actuaciones, pasaje al acto, violencia, consumo. Iteraciones fuera de la norma que hacen que el ingreso del Otro sea por la vía de lo social, por ejemplo. Dicha vía está completamente abierta en la época donde el parlêtre solo dispone de identificaciones horizontales y donde el saber ya no se liga al Otro encarnado al que se dirige para aprehenderlo, sino al alcance de cada uno con un click del mouse.

En El sinthome, Lacan trabaja esta construcción de un imaginario, dice “imagen confusa que tenemos de nuestro cuerpo”(3), pero agrega que no es sin que conlleve afectos. Pone como ejemplo a Joyce y el testimonio de su separación del afecto del cuerpo. Su imaginario se construye como una ambición megalómana que lo hará ser estudiado por 300 años.

Entonces, siendo simbólico-imaginario dos categorías solidarias en la época, queda el recurso de anudar lo real por medio de la construcción de un imaginario que conlleve afecto.

Es así que la intervención del analista en la psicosis deberá ser apta para producir RSI, un anudamiento que incluye el afecto del cuerpo. Esa intervención comporta que el analista preste cuerpo, semblante no de objeto sino de cuerpo afectado, que podrá producir una resonancia imaginaria en el sujeto que anuda cuerpo.

Un hombre delira sentado en la cama de hospital, habla de los horrores que sufre, con un tono monocorde, delirios cenestésicos, alucinaciones, etc. Lo escucho y en un momento, tomando mi brazo, digo: “se me pone la piel de gallina”. Ahí me mira por primera vez, se calla y sonríe.

Una joven llega luego de un pasaje al acto, confusa, con cierto empuje a las mujeres, dispersa, en acting. No viene a sus entrevistas, cuando viene relata sus actuaciones, el alcohol, las salidas. Intervengo: “M, dame algo de qué agarrarme, no tengo nada de que agarrarme”. Me dice: “bueno”, y a partir de entonces no faltará a su tratamiento.

El desmontaje de la defensa –dice Gueguen– supone que otra construcción ocupará el lugar que ha quedado vacío y permita mantener RSI. La posición del analista como semblante de cuerpo afectado permite que el afecto se localice y le haga borde al cuerpo.

El afecto es satisfacción, y la satisfacción experimentada en el cuerpo propio, y no la satisfacción alienada en el espejo; es lo que la construcción de un imaginario que tome el cuerpo en su afectación de goce produce con su consecuente vitalización, y algo se puede escribir aunque de manera precaria.

 

 

Notas:

(1) Lacan, J.: El Seminario, Libro 23: El Sinthome, Paidós, Buenos Aires, 2006, pág. 18.

(2)Lacan, J.: “Conferencia en la Universidad de Yale”, 24 de Noviembre de 1975. Inédito. Publicado en Scilicet 6/7 (francés), Seuil, París, 1976.

(3) Ob. Cit. (1), pág. 147.

 

 

 

 

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