El objeto a y el plus de vida

9-el-poder-de-los-objetos-simultaneas-cvIII JORNADAS DE LA EOL SECCIÓN LA PLATA: EL PODER DE LOS OBJETOS. EL RÉGIMEN DE LA PULSIÓN EN LA SOCIEDAD VIRTUAL, 3 de diciembre de 2016

 

por Cecilia Valfiorani

 

Habitamos una época delineada por el empuje hacia lo ilimitado, en la que se rechaza la castración y el vacío que encierra la relación sexual que no existe. Época en la que falta la falta y en la que los objetos a han perdido sus velos.

Me interesa retomar lo planteado en el argumento de las Jornadas donde se propone que el objeto a no es neutro, sino que empuja, determina, causa, permitiendo el acceso a un goce parcial que nunca será todo; y pensar también qué intervención en relación al objeto conviene al analista, sin desconocer las particularidades de nuestra época.

E. Laurent plantea que, si bien a lo largo de su enseñanza Lacan opera modificaciones constantes de las relaciones del sujeto con el objeto, su perspectiva “ontológica” se mantiene. “El sujeto es determinado, no a partir de la identificación, sino a partir de su modo de gozar”(1). El ser del sujeto se funda allí, y es así que el fantasma será definido como la estofa del sujeto.

A la altura de El Seminario, Libro 16, el objeto a, nombrado como plus de gozar, constituye la soldadura que otorga consistencia, unidad al sujeto. Frente a la indeterminación, al borramiento del sujeto del lado del significante, el objeto se revela como lo que sería capaz de otorgar un ser, ser de goce que fija y detiene la deriva subjetiva. En la fórmula del fantasma, el a es lo que funciona como congelamiento que permite unificar al sujeto borrado por el significante.

En este sentido, en Extimidad, Miller plantea que, si a nivel del significante, el sujeto se encuentra borrado, mortificado, la posibilidad de introducir lo viviente será por una vía diferente, la vía del objeto. De este modo, afirma que la falta en ser del sujeto a nivel del significante necesita una contrapartida que puede obtener de lo que es como ser vivo, es decir, del objeto, siendo lo que escapa a esta lógica significante.

La topología de este objeto se define por la estructura de la extimidad, el objeto a, lo más próximo para el sujeto, es, a la vez, lo más ajeno y desconocido. Allí donde el sujeto se encuentra implicado íntimamente se ubica un punto de desconocimiento.

Es posible situar una dimensión en la que el objeto introduce algo de lo vital, a condición de localizarlo y recortarlo. Será el trabajo de un análisis extraer de las vueltas dichas la presencia del a en juego para el sujeto, apuntando a que logre estar concernido allí, en el propio modo de goce, para poder restarlo del campo del Otro, que se vuelve inconsistente. Hacer de ese hueco, de ese vacío propio y desconocido que representa el a, un anillo, posibilita otra relación con el goce y otro lazo con el Otro.

Se trata así, de quitarle consistencia corporal al fantasma al extraer el objeto. Al recortar el objeto se lo extrae del cuerpo, se le quita la consistencia corporal que tenía, haciendo de él puro recorrido.

Oscar Ventura plantea que transitamos una época en la que se ha construido un lazo social inédito en la historia de la civilización, que pone en cuestión un modo de estar en el mundo que tiene una tradición milenaria, lo que condiciona las subjetividades y los modos de presentaciones sintomáticas que encontramos en la clínica. Asistimos, nos dice, a la soledad en su peor forma, ya que los tipos de goce contemporáneos se alojan en el campo más degradado de la soledad, en un modo de soledad del goce de los Unos solos, inscripta del lado del autismo subjetivo.

Nos advierte acerca de lo inútil de la posición nostálgica que nos llevaría a rescatar el ideal de una soledad no atravesada por el discurso de la ciencia ni por los objetos tecnológicos actuales. Se trataría en cambio, de proponer otro modo de la soledad, un buen encuentro con la soledad, aquella que “se desprende del discurso analítico, y que tiene que ver con el rasgo de autenticidad de la soledad, es la necesariedad de habitar su experiencia como aquello que hace lazo de un modo posible para encontrar un saber-hacer con la ausencia de relación sexual”. (2)

El acto analítico apunta a introducir el vacío necesario para provocar esta buena forma de la soledad, que es puesta en relación con la vitalidad del sujeto. “No es sencilla la maniobra que invente el vacío necesario para provocar la buena forma de la separación. Pero sin embargo ella es necesaria. Va implícita en el acto analítico”. (3)

La maniobra analítica de extracción del objeto a en un análisis como modo de instalar este vacío, sería entonces una vía posible para recuperar un plus de vida, en oposición al régimen de la pulsión de muerte al que nuestra civilización actual invita.

Como dice Marcus André Viera en uno de sus testimonios de pase: “Traer un poco de goce del objeto a la vida, hacerlo pasar de resto a causa, lo que supone reconfigurarse. Vivir ese lugar de objeto en lugar de morirse de vergüenza por él”. (4)

 

Notas:

(1)Laurent, E: “Los objetos a”, Conferencia en la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 2008, en http://psicoanalisislacaniano.blogspot.com.ar/2007/07/los-objetos-eric-laurent-en-la.html

(2)Ventura,O.: Las redes sociales en la clínica (¿Qué se teje?¿Qué se atrapa?)”, en Revista Consecuencias Nº 17, Buenos Aires, 2016, en http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/017/template.php?file=arts/Derivaciones/Las-redes-sociales-en-la-clinica.html

(3) Ibíd.

(4) Vieira, M.A.: “El grito, el tambor y el griterío”, en Bitácora Lacaniana Nº 4, Buenos Aires, 2015, pág.41.

 

 

 

 

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