Ecos y reseñasNúmero 3 - junio 2014

Sincronía y diacronía del control en la formación del analista

ecos_amo_2014_ana_piovanoEcos del IX Congreso de la AMP: “Un real para el siglo XXI”

por Ana Laura Piovano

 

No va de suyo. A veces algo “pasa” y una mesa de un congreso conmueve.

Tomaré las ponencias desde la posición de “controlado”, en la segunda plenaria del jueves, como testimonios del valor de uso del control en la formación del analista. A tal fin, invitando a escuchar los trabajos de Laura Petrosino y Félix Rueda y la discusión en http://www.radiolacan.com/es/topic/118, haré el esfuerzo de hacer a un lado los casos presentados, para enfocar la cosa del lado del analista.

Laura Petrosino aborda la experiencia desde un punto de vista sincrónico. Presentándose como alguien que, gracias a su propio análisis, pudo autorizarse a recibir pacientes como analista en formación y que demanda control a otra persona distinta de su analista, lo hace postulando cada control, único, con valor específico. Recorta tres “un control”, agregando lo que extrae de cada encuentro: una apuesta, un insoportable, un saber.

Dos intervenciones de la analista que controla resultan fundamentales. La primera, desde una posición “sin memoria” la lleva a comenzar de cero con el caso cada vez; la segunda, una frase: “Estás muy apurada, querés ir demasiado rápido”, que subraya como “necesario que se diga muchas veces”.

Con honesta frescura, Laura Petrosino muestra cómo, más allá del caso, el objeto del control es la posición del que controla y que sólo cuando ésta es conmovida, el efecto opera en la práctica…por añadidura.

Es que el control, no es asunto de psicoanálisis aplicado sino de psicoanálisis puro.

De ahí justamente parte Félix Rueda, retomando referencias lacanianas. Aborda el par clásico “entrada en análisis-rectificación subjetiva” en resonancia con “entrada en control-corrección del deseo del analista” para probar, a partir de su experiencia, cómo en el análisis de control, no se trata de rectificar la posición del sujeto desbordado por su acto sino de la corrección del punto en que el analista cede sobre el deseo del analista.

Ubica la experiencia en un eje diacrónico, explicitando que en las dos últimas décadas ha tenido tres tramos de control, con tres controladores distintos.

Y transmite la entrada en control en el último, vívida y contundentemente.

Sesión de control: se encuentra hablando de una paciente y dice que se da cuenta de la fijeza de su posición. “De la paciente”, aclara Rueda suscitando tímidas risas.

La interpretación por el equívoco: “Usted se da cuenta de la fijeza de su posición”, tiene como efecto un sueño de transferencia, en el que está con otros analistas hablando de psicoanálisis y no puede escuchar a la camarera. Desde la mesa de al lado el controlador, que se encuentra con su mujer, le dice con voz fuerte: “¡Rueda!…”

Resonando en un punto de fijeza que le impide escuchar a la camarera-paciente, a la interpretación responde el sueño con el equívoco y luego witz que apoyándose en su apellido, lo hace salir de la fijación. Tras el sueño, puede interpretar.

Las risas en el auditorio se vuelven francas y continuadas. Algo pasa, resuena.

“El analista no analiza sin su sinthome, cuánto más brújula es el sinthome más necesario es el control” escuchamos de Graciela Brodsky en su testimonio de pase, en la mesa anterior.

Ricos en enunciación, los trabajos verifican la extimidad del control respecto del análisis personal. Claro está, tanto uno como otro implican la dimensión del encuentro con un analista.

Cada vez y en la serie. Nada más y nada menos.