Ecos del Congreso de Río de Janeiro

Eco- RosanaECOS DEL X CONGRESO DE LA AMP: EL CUERPO HABLANTE. SOBRE EL INCONSCIENTE EN EL SIGLO XXI

 

 

por Rosana Salvatori

 

Cuerpo hablante y el parlêtre fueron dos de los temas trabajados en el Congreso de Río de Janeiro.

Una presentación que me impactó fue la del prestigioso músico José Miguel Wisnik acerca de “La resonancia: el sonido, el sentido, el tono y el ruido”. En su transmisión, no solo habló sino que cantó para nosotros, allí, en vivo. Desarrolló su tesis con claridad y de manera detallada, acerca de cómo el sonido entra al cuerpo: algunas veces como “curva ascendente” y otras “en bloque”. Nombró a la voz como lo singular, la importancia del “timbre” de la propia lengua, al que definió como  el “color” del sonido. El ruido, dijo, es un sonido sin forma, que surge como una “mancha”, dando así la idea de la relación entre el sonido y lo imaginario. Nos explicó qué es la altura, la intensidad y el pulso de una canción. Cómo intervienen el aire y los silencios. En el discurso de la música, se habla y se piensa en lo que ocurre en el cuerpo a nivel del lenguaje y a nivel de la lengua. Me transmitió así la idea de cómo la voz se incorpora, es una adquisición que forma parte del tener y no del ser.

El sonido, la música y la lengua, me evocaron la preciosa mención de Miquel Bassols  a Pascal Quignard, escritor, filósofo y músico, amigo de  Michel Leiris, Paul Celan, Henri Michaux y Pierre Klossowski, entre otros. En su libro El nombre en la punta de la lengua (1) al que hace alusión Bassols, dice por ejemplo, “Que una palabra pueda perderse quiere decir: la lengua no es nosotros mismos. Que en nosotros la lengua es adquirida quiere decir: podemos conocer su abandono…he perdido dos veces el lenguaje…En la lengua, en cuanto aparecen numerosos adjetivos es signo de lo sin lenguaje. Es el síntoma que descubre la parte materna, que señala la nostalgia de lo real anterior al lenguaje, que indica el foco resplandeciente, es decir, la escena violenta, es decir, lo real anterior a la realidad, es decir, el coito, es decir, la hiperestesia. Es la nostalgia en acto de lo otro del lenguaje, del objeto inencontrable, de la imagen intransmisible y del nombre en la punta de la lengua”.

Miller, en su conferencia, ubicó al lenguaje en relación al primer Wittgenstein, el del Tractatus Lógico-Philosophicus, en tanto la lengua se articularía a su última filosofía, la que deja de lado los universales, la que está del lado de la vida y del uso.

El músico, el escritor y el filósofo son vías posibles para continuar elucidando qué es analizar al parlêtre en el siglo XXI.

Ecos…solo ecos.

 

Notas bibliográficas:

(1) Quignard, P.: El nombre en la punta de la lengua,  Arena Libros, Madrid, 2006, págs. 43,44 y 56.

 

 

 

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