Noches de Directorio - La formación del analistaNúmero 4 - diciembre 2014

De la verdad al goce

la-formación-analitica-alma-perez-abellaTercera Noche del Directorio: La práctica lacaniana – EOL Sección La Plata, 18 de junio de 2014

Alma Pérez

 

Buenas noches, es un gusto para mi poder participar, junto a Daniel Millas y Sonia Beldarrain, de esta Tercer Noche del Directorio dedicada al tema de la “Práctica Lacaniana”. Es una noche un tanto especial, porque también damos comienzo a una serie de Noches Preparatorias hacia la I Jornada Anual de la EOL – Sección La Plata. Así que agradezco al Directorio la invitación y espero que sea un encuentro fructífero en el que, luego de la presentación de los trabajos, se propicie la conversación.

Utilizar el sintagma “práctica-lacaniana” inevitablemente nos remite a los últimos seminarios de Lacan, aunque por supuesto sin descartar los previos. En esos seminarios Lacan se centra en la posición del analista, en su práctica, en la operación analítica, operación en la que se pone en juego un modo de interpretar. Los cursos de Miller no sólo ordenan las aristas de esa enseñanza, sino que lo hacen intentando que el psicoanálisis esté a la altura de la época, lo que condiciona su porvenir.

Hay algo que Lacan trabaja a lo largo y ancho de sus seminarios y es que el modo de concebir la relación entre significante y goce, es lo que determina una orientación con respecto al síntoma, y de eso se desprende la dirección de la cura, la posición del analista y la interpretación.

En la última enseñanza se produce un pasaje que va de las dos caras del síntoma –la del sentido y la del goce– al sinthome. Mientras que el síntoma supone el sentido, el sinthome queda del lado del acontecimiento de cuerpo, una emergencia de goce. Pero una cosa no anula la otra. Como afirma Miller (1), “la metáfora aporta el envoltorio formal del acontecimiento de cuerpo”. Así como los magos quieren hacer aparecer un conejo de adentro de su galera, los analistas nos servimos del envoltorio formal hecho de ficciones y semblantes, para propiciar el encuentro con “un toque de real”.

Desde Freud en adelante, la práctica analítica es una práctica basada en la interpretación, interpretación que encuentra su límite en el “ombligo del sueño”, punto de encuentro con lo que no se puede decir de ninguna manera.

La interpretación como desciframiento lleva a más sentido, a lo que Lacan contrapone la interpretación vía el equívoco que se dirige a perturbar la defensa.

Como analizantes verificamos que esa defensa se ve conmovida cuando ciertas palabras nos tocan el cuerpo. Cuando un decir toca algo del acontecimiento de cuerpo, toca las marcas de lalengua. Ahora bien, como analistas, no nos es posible calcular si tal o cual intervención hará eco en el analizante, eso es un efecto contingente, pero nos aventuramos a eso, apuesta para la cual los analistas ponemos el cuerpo, y tiempo. Un tiempo sonoro diferente al del barullo. Un tiempo que es variable, porque la duración de la sesión es impredecible, y es precisamente por ser impredecible, que se transforma en el resorte de su efecto. Como dice Idea Vilariño en uno de sus poemas (2), “el tiempo no es más que una palabra que hace eco sin sentido”.

Por tanto, nuestra interpretación no apunta a producir sentido, sino que se dirige al goce, aunque lo que produzca sea más sentido. El deseo del analista se pone en acto apuntando a la diferenciación entre el dicho y el decir. Lo que hace que un análisis sea una experiencia de separación. Experiencia que lleva del inconsciente transferencial, ese que es religioso y se dirige a un S2 en busca de la verdad, al parlêtre en tanto cuerpo que habla, es decir, como cuerpo pulsional, cuerpo de goce singular.

Estos serían algunos principios para orientar una cura que no sólo tenga como referencia el sentido, el Edipo y la castración. Porque lo que Lacan deja claro en su última enseñanza, es que hablar no está al servicio de comunicar, sino al servicio de gozar. En la práctica apuntamos entonces a provocar un toque de real sobre los velos del bien, la verdad y lo bello, para que surja ese relieve, el del síntoma. Ese relieve se transforma en el testigo de que la significación no se decide a partir del significante sino del goce. Es decir que pensamos según como gozamos y toda nuestra “realidad”, nuestra imagen del mundo, tomando una expresión de Heidegger, es una interpretación a partir del modo de goce. Esto lleva directo a la cuestión del “no hay”. No hay sentido común, porque no hay aparejamiento de goces.

Una breve viñeta: Un hombre llega a la consulta porque sufre de ataques de pánico y no entiende que le pasa a su cuerpo. Está angustiado. Ubica el comienzo de los ataques a partir de una relación de amor con una mujer que se salió de la serie y que para él fue excepcional, ella no contestaba sus preguntas. Hasta ese entonces él desplegaba con todo su esplendor el arte discursivo para seducir mujeres, siempre enredado en múltiples aventuras, hasta que algo se desacomodó. En una sesión relata una serie de reproches que le hacen sus hijos y las explicaciones que daba él ante esos reproches.

Luego de escucharlo, recorto y repito uno de sus dichos: “su padre – se entre-tiene”, tras lo cual corto la sesión. Este corte genera efectos inesperados. Vuelve sorprendido y confundido por lo que escuchó. Surge un recuerdo: su padre tenía varias aventuras, hasta que, a la misma edad que tiene el paciente, entra en un estado depresivo del cual nunca se recuperó del todo. En esa época es que ubica el comienzo de una deriva entre sostener al padre caído y “entre-tener” con sus enredos amorosos a su madre.

Queda al descubierto lo que en su modo de goce repetía, pero en versión ilimitada. Aparece la culpa y una frase que deja al descubierto la exigencia del superyó: “a las mujeres no se les dice que no”. Frase que le retornaba bajo la voz sensual de aquella que se ofreciera a ir al lugar de sirena. Se avergüenza, se angustia y se pregunta desconcertado sobre eso que lo empuja a la repetición y que no tiene que ver con el padre y sus andanzas, se trata de su propio goce. Teje y desteje, se abisma, calcula, falla. Entre esos movimientos, se asoma lo que él llama “una tranquilidad distinta, un deseo inédito”. Deseo inédito que se articula al intento de arreglárselas con lo femenino y con una mujer.

 

Notas

(1)Miller, J.-A.: “El inconsciente y el cuerpo hablante”. Presentación del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro 2016, http://wapol.org/es/articulos/Template.asp?intTipoPagina=4&intPublicacion=13&intEdicion=9&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=2742&intIdiomaArticulo=1 (2)Vilariño, I.: Diario de juventud. Ed. Cal y Canto, 2013, Montevideo, pág. 69.

 

 

 

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