De la verdad al goce. Reformulaciones de la práctica

ecos-I-jornada-seccion-apertura-najlesI Jornada Anual “De la verdad al goce. Reformulaciones de la práctica”- EOL Sección La Plata, 25 de Octubre de 2014

 

Ana Ruth Najles

 

Tengo el gusto, como presidente de la EOL, de formar parte de este acontecimiento que da inicio a una nueva serie. Se trata del punto de partida de una nueva serie de Jornadas, la primera Jornada anual de la nueva sección creada en La Plata por la Escuela de la Orientación Lacaniana.

Y estas Jornadas se proponen dar cuenta de las reformulaciones de la práctica analítica a partir de un cambio de paradigma, propuesto por Lacan en su enseñanza, que se ha situado por la vía de la prevalencia de la dimensión del goce por sobre la de la verdad.

Tal como nos lo transmite Jacques-Alain Miller a lo largo de su elucidación de la enseñanza de Lacan, se puede seguir en ella el camino que va de la prevalencia de la verdad a la del goce, a través de diferentes binarios.

Así podemos verificarlo por la vía que va del semblante/sentido a lo real, o la que nos conduce del lenguaje a lalangue, o la del inconsciente al parlêtre, la del discurso al cuerpo, y, por qué no, la del síntoma al sinthome.

Si el goce es lo real para el psicoanálisis, es porque siempre se presenta como una exigencia imparable que, más acá o más allá de cualquier palabra, anima al cuerpo de todo ser hablante haciéndose a veces insoportable, causando así la demanda dirigida al analista por el sujeto.

Pero debemos recordar que, al final de su enseñanza, Lacan sitúa al real propio del psicoanálisis como un real que no es el de la ciencia. Un real que como tal es sin ley, y al que denomina sinthome. Sinthome al que él define como modo de gozar del inconsciente –real: S1 solo– en tanto el inconsciente real –lalangue– nos determina.Quizás lo determinante sea definirlo como acontecimiento de cuerpo, en tanto se trata de la huella que el trauma de lalengua imprime en cada ser humano, por caer éste sumergido en un caldo de lenguaje.

La escritura sinthome es utilizada por Lacan para indicar que ya no se trata de una formación del inconsciente, con sus efectos de verdad, sino que apunta a lo real del goce del cuerpo como tal. El sinthome no está ligado al inconsciente como elucubración de saber sino que está ligado a la satisfacción pulsional y por eso aparece como una pieza suelta, al decir de Miller. Lacan llega a decir que el sinthome no tiene más función que la de trabar las funciones del individuo en tanto indiviso, en cuanto que “todo” de la imagen.

Para el psicoanálisis, el sinthome tiene una función eminente en una organización más secreta. Se trata, en cada caso, de saber qué función encontrarle al sinthome, a ese núcleo de goce que está ahí para trabar las funciones del individuo: distorsionando la imagen, destruyéndola, descolocándola, angustiando (que es el efecto de siniestro en la imagen), enloqueciéndolo, hasta llegar, en casos extremos, a destruir al organismo real (toxicomanías, anorexias, suicidios). La diferencia, entonces, es que del síntoma, en tanto formación del inconsciente –es decir, en tanto verdad– uno se cura, pero que del sinthome nadie se cura porque el sinthome es el modo de gozar de cada ser hablante, en tanto éste tiene un cuerpo, otorgándole a cada quien su singularidad.

Pero, ¿cómo se accede a ese real que, como tal, está por fuera de lo simbólico? Si lo real no se puede decir, podemos afirmar, con Wittgenstein, que lo que no se puede decir se muestra.

Es decir, el sinthome no se puede decir. No pasa por la palabra. Es más bien del orden de una escritura que no se puede leer. Tal como lo explicita Lacan en el “Posfacio al Seminario 11”, “un escrito, a mi entender, está hecho no para ser leído”. Se trata aquí, de la escritura que produce un acontecimiento de cuerpo (1), es decir, un modo de gozar que no pasa jamás al discurso. Es, en ese sentido, que utilizamos el término letra (S1 solo)para diferenciarlo del significante (S1 àS2). Lacan agrega al respecto: “… lo escrito como  no-para-leerlo lo introdujo Joyce; sería mejor que dijese: lo intradujo, pues al hacer de la palabra tráfico más allá de las lenguas, apenas se traduce, por ser doquiera igualmente poco para leer” (2). La letra no se puede leer. ¿Qué quiere decir? Nada. No se le puede hacer decir nada. En el Seminario 23, la pulsión es presentada como resonancia de un decir en el cuerpo que se escribió (“escritura” no para ser leída) y fijó la invariante del goce.

Y accedemos a ese real del goce por trozos, ya que lo Real se presenta siempre como no-todo.

De manera que podemos decir que esos trozos de real se nos “muestran” como los distintos y singulares modos de vida que indican los múltiples, diferentes y singulares modos de gozar. Y eso, por medio de un decir que se instala en los intersticios de los dichos.

El problema del ser hablante es que por el goce del Uno del cuerpo no encuentra la manera de relacionarse con los otros. La cuestión es cómo arreglárselas con ese modo de gozar que no se cambia. Lo que sí cambia es la relación de uno con el modo de gozar para así salir del autoerotismo de ese goce y poder relacionarse con los otros. Es el savoir y faire (3) del que habla Lacan al final del análisis: saber arreglárselas con ese modo de gozar para hacer lazo con los otros.

Del lado del inconsciente transferencial que hace cadena están el discurso y la palabra. La transferencia supone decirle a Otro, eso es el discurso con los efectos de sentido que produce, que son efectos de verdad pero, más acá, efectos de goce. Orientarse por lo real del goce es ir a contrapelo del sentido ya que, de lo contrario, el análisis sería interminable. El inconsciente es inagotable y nos orientamos por el goce para ponerle un tope.

Para hacer este recorrido, es necesario entonces introducir el vacío por medio del discurso, y de esa manera el silencio o el agujero que lo simbólico horada en lo real para poder producir el anudamiento borromeo de las tres dimensiones –I/S/R– que constituyen al ser hablante. Y esto no se produce sin la presencia del cuarto, el sinthome, cuya función es sostenida por el analista en la cura, hasta que ese que habla pueda inventarse su propio nombre de sinthome que lo nomine realmente y le permita “llegar a estar contento de vivir”, como lo afirma Lacan en el “Seminario 24”.

 

Notas

(1) Lacan, J.: “Joyce, el sinthome”, en Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012.

(2) Lacan, J.: Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1993, pág.288.

(3) Lacan, J.: “Seminario 24, L’ insu que sait de l’une-bevue s’aile à mourre”, inédito.

 

 

 

 

 

 

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