Noches de Directorio - La formación del analistaNúmero 11 - julio 2018

Control y terceridad

SEGUNDA NOCHE DE DIRECTORIO: LA DIRECCIÓN DE LA CURA BAJO LA PERSPECTIVA DEL CONTROLEOL Sección La Plata, 13 de junio de 2018

 

 

 

Osvaldo L. Delgado

 

I

Estando en análisis, pido una supervisión con otro analista. Estaba muy preocupado, en exceso, por ese analizante.

Voy a supervisar, llevo mis notas en un cuaderno. Al sentarme, el “supervisor” me pregunta qué me pasa. Le digo que estoy muy angustiado. Él me dice que le cuente. Le cuento. Me hace una puntuación. Me vuelve a citar para dos horas más tarde. Salgo con una gran conmoción témporo-espacial. Me cita siete veces más. Luego comenzaría mi último análisis.

La pregunta inicial que realizó el analista, perturbó la defensa, conmoviendo la muralla obsesiva, haciendo caer el sueño del cálculo, el tabú del contacto, la adherencia al ritual anulando lo imprevisto. “Te demando que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso” (1), se produjo presentando la x enigmática del deseo del analista. De ese modo las respuestas neuróticas fueron: tomar esa pregunta como una demanda del Otro (la demanda como objeto), rechazando mi deseo que se expresaba en un semblante de gran angustia que el analista leyó.

El significante de la transferencia (el semblante de angustia) y el significante cualquiera (la intervención del analista) produjo el efecto de Sujeto supuesto Saber.

El control como momento fundante del análisis, permitió un cambio de posición en la conducción del análisis que había llevado a controlar, y de la dimensión del goce sacrificial en mi práctica como tal. Mi exceso de preocupación se reveló como un efecto sintomático de la modalidad fantasmática con la que sostenía mi lugar.

 

II

En principio, hay que decir que la cuestión que abordamos es en el marco de una Escuela de analistas, que tiene en su núcleo la apuesta ética del pase.

Lo segundo es que, desde hace años, constatamos no sólo una suerte de declinación de las demandas de control, sino también, marcadas por la  urgencia en muchos casos.

Paradójicamente, el modelo IPA, de supervisiones permanentes, con horarios y frecuencia fijos, eran parte de la modalidad habitual en la formación de los analistas, en las primeras épocas del lacanismo en la Argentina. En algunos casos, como por ejemplo el mío, se contaba con dos supervisores, que a su vez eran los “maestros” de los grupos de estudio.

¿Qué aconteció para que se produzca tal modificación? ¿Es un síntoma del que no terminamos de dar cuenta?

Para intentar poder hacer una lectura, me voy a apoyar en dos textos de Eric Laurent, muy diferentes entre sí. Uno se denomina “El buen uso de la supervisión” (2) y el otro “Su control y el nuestro” (3). En el primero hay que resaltar el significante “uso”, en el segundo, el “su” y el “nuestro”.

Vayamos al primero:

Laurent toma de Pierce el concepto de “terceridad” (referido al control como instancia tercera).

Se representa así:

Implica que hay que contar hasta 3 para engendrar el “mecanismo del sentido”. (4)

Por el hecho de poner en relación 2, surge un elemento 3 como término medio, “para asegurar la comparación y la constitución de una cadena” (5). Para Pierce, terceridad es “la relación tríadica existente entre un signo su objeto, y el pensamiento interpretante, que es en sí mismo un signo, considerada dicha relación tríadica como el modo de ser de un signo (…). Cualquier aspecto mental implica la terceridad (…). Un tercero es algo que pone a un primero en relación con un segundo”. (6)

Conocemos en nuestro ámbito la cuestión de la terceridad tanto, por ejemplo, en la estructura del chiste, como en el dispositivo del pase.

¿A qué lugar tercero viene el controlador? Esta es, según mi lectura, la orientación de Laurent.

 

III

Se precisa puntualmente “la oposición entre lo que se puede decir entre practicantes de un modo esotérico, y lo que puede decirse ‘para todos’ de modo exotérico”. (7)

Son dos vertientes, lo expuesto en supervisión y lo expuesto en presentaciones clínicas.

Lo curioso es la diferencia de uno y otro, ya que lo dicho en supervisión es nombrado como esotérico. ¿Qué quiere decir esotérico? Que está oculto a los sentidos y a la ciencia, y solamente es asequible o perceptible por las personas iniciadas. Refiere a las ciencias ocultas. Lo exotérico designa a todo aquel conocimiento o doctrina que es accesible a todos. Por lo tanto, son parónimos, ya que se escriben parecido, y antónimos por tener significados opuestos.

 

IV

Sin embargo, el punto central del desarrollo será la vía del cuarto término “por la que hará objeción a la omnipresencia del tercero de lo simbólico” (8). Este tercero viene al lugar del Otro, y este es el lugar que el supervisor no debe ocupar.

Dice Laurent “en última instancia, se trata de ponerse a distancia de una vocación que haga consistir al Otro que no existe”. (9)

¿De dónde proviene esta vocación, este obstáculo, de no poder hacer de semblante de objeto? De la identificación.

Se requiere de la desidentificación. Es a partir de aquí que el controlador puede lograr que el controlante hable de alguien diferente de sí mismo, de que no se trate de un interés que disfraza una pregunta que es propia.

Para Laurent, hay que asegurarse que el analista no sea él mismo un obstáculo para la cura que dirige.

 

V

Ahora volvamos a la cuestión del tercero. “La tentación del tercero es la de historizarse como tercero, olvidando el resto irreductible de la operación analítica y de lo que no tendrá jamás nombre en el Otro” (10). Esto se nombra infatuación sorda.

Para Laurent habría dos tipos de institución psicoanalítica: la que cuenta hasta 3, y la que cuenta hasta 4.

La primera elimina el deseo del analista, sosteniendo el SsS, escapando a su equivocación. De este modo se excluye lo que se juega de real en la experiencia.

En esta perspectiva, Laurent llega a decir algo sumamente curioso y esclarecedor: “el narcisismo del supervisor constituiría la revancha por tener que ocupar el lugar del pequeño a en la experiencia analítica” (11). Y además arrastra la cuestión hacia la ilusión de un saber hacer que él detentaría.

¿Y en verdad, cuál es el mayor problema? Intervenir sobre la incapacidad del analista de hacerse causa de deseo.

“Lacan insiste sobre el tema del acto de manera radical en las Conferencias italianas, hacia fines de 1967: ‘Un acto aun sin medida’, contra el cual ni el fantasma de un poder, ni el de una vestimenta narcisística, ni el recurso a la experiencia son lugares para protegerse.

La supervisión que nos hace falta es la que respeta esta aporía y encuentra el medio para situarla de la buena manera. La que sabe siempre preservar, más allá del espejismo del suplemento de saber, el lugar del deseo del analista”. (12)

 

VI

Tenemos un ejemplo muy importante de una supervisión epistolar de Freud a Lou Andreas-Salomé (13):

Han transcurrido tres meses de un análisis que no puede prolongarse porque el paciente tiene que retomar sus negocios en otra ciudad. Si bien fue breve, Lou Andreas-Salomé considera que el análisis está terminado y sin embargo, coexiste con esta definición una inquietud por su parte que la lleva a preguntarse si acaso cuando en el otoño ella esté en Königsberg, no sería conveniente proseguir el análisis.

¿Qué es lo que la hace dudar? La pertinaz presencia de molestias estomacales de carácter vago que son la versión diluida de antiguos dolores estomacales y vómitos. Mientras que el paciente se ha visto aliviado de los demás síntomas conversivos que lo aquejaban, éste en particular no ha cedido por completo.

Se dirige a Freud para “saber si el vago resto subsistente no podría dar ocasión a nuevas complicaciones o si el órgano debería estar totalmente libre”. (14)

A vuelta de correo, Lou Andreas-Salomé podrá leer la siguiente respuesta de Freud:

“(…) Solamente dos comentarios, uno más banal que el otro.

El primero: que semejante residuo de síntoma subsiste a menudo cuando está orgánicamente justificado y representa, pues, el grano de arena a cuyo alrededor se han depositado las capas de madreperla. (…) Sin embargo, lo que Ud. describe en su carta no hace que esta solución resulte verosímil.

Tanto más obvia resulta, en cambio, otra, esto es, que este residuo de síntoma va por usted, la madre de transferencia, y la esperará a usted en Königsberg. He aquí una vieja regla de gramática: aquello que no puede declinarse, véase como… transferencia”. (15)

 

 

 

Notas:

(1) Lacan, J.:  Seminario, libro 19, …o peor, Paidós, Buenos Aires, 2012, pág. 79.

(2) Laurent, E: “El buen uso de la supervisión”, Revista Virtualia, N° 5, 2002, http://www.revistavirtualia.com/articulos/710/la-formacion-del-analista/el-buen-uso-de-la-supervision.

(3) Laurent, E: “Su control y el nuestro”, Revista Freudiana Nº 30, Barcelona, 2000.

(4) Óp. Cit. n°2.

(5) Óp. Cit. n°2.

(6) Óp. Cit. n°2.

(7) Óp. Cit. n°2.

(8) Óp. Cit. n°2.

(9) Óp. Cit. n°2.

(10) Óp. Cit. n°2.

(11 Óp. Cit. n°2.

(12) Óp. Cit. n°2.

(13) Freud-Andreas Salomé: Correspondencia, Siglo veintiuno ediciones, México, 1968.

(14) Ibíd., pág. 158.

(15) Óp. Cit. n°13, pág.160 y AAVV: “Un análisis y un control. Lectura de dos intervenciones freudianas”, en Delgado O. (compilador) Huellas freudianas en la última enseñanza de Lacan Vol. III, Grama, Buenos Aires, 2018, págs. 208/209.

 

 

 

Bibliografía:

Delgado, O. (compilador): Huellas freudianas en la última enseñanza de Lacan Vol. III, Grama ediciones, Buenos Aires, 2018.

Freud, S.-Andreas Salomé, L.: Correspondencia, Siglo veintiuno ediciones, México, 1968.

Laurent, E: “El buen uso de la supervisión”, Revista Virtualia, N° 5, 2002, http://www.revistavirtualia.com/articulos/710/la-formacion-del-analista/el-buen-uso-de-la-supervision,.