Ecos y reseñasJornadas y CongresosNúmero 11 - julio 2018

Una regla infraordinaria

ECO DEL XI CONGRESO DE LA ASOCIACIÓN MUNDIAL DE PSICOANÁLISIS: LAS PSICOSIS ORDINARIAS Y LAS OTRAS, BAJO TRANSFERENCIA –Barcelona, 2 al 6 de abril de 2018

 

 

 

Gabriela Rodríguez

 

“¿Cómo algo se sostiene…?”, interrogó con la cadencia de su portugués Marcus André Vieyra. “No sabemos cómo algo se sostiene, sino que eso, simplemente, se sostiene”. ¿Cómo algo se sostiene?, incluso por ejemplo este Congreso – el onceavo de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, realizado en Barcelona entre los días 2 y 6 de abril de 2018 –una experiencia multilingüe.

“Un Congreso no es un montón de cosas agrupadas” proseguía Marcus. Mesas, intervenciones, música en los recesos, café, libros, conversación. Un Congreso no es sus enormes salones, el resplandor azul añil logrado en la nave central, las credenciales, los pequeños objetos: libreta, lapicera, el prendedor que acompaña la bolsa también azul, que va y viene cada mañana con nuevos libros y notas. Ni siquiera es los millones de fotos que circularon por diversos medios y redes, ni el cartel de la estrella matinal del querido payés, ni cabe – aunque nos diera albergue en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona, el Auditori Fòrum, edificio diseñado por los arquitectos suizos Herzog y Meuron.

Cómo algo puede sostenerse, si no toma cuerpo. Pero un cuerpo desborda, lo sabemos y si lo sabrán los arquitectos creadores del Fòrum, monumental prisma suspendido en el aire, en cuya base un triángulo equilátero hace las veces de sostén casi imperceptible, con sus puntos de apoyo, dispersos, discretos, ubicados aquí y allá, no en cualquier lugar. Desde la cima unas tiras de vidrio espejado se dejan caer sobre la fachada rugosa de estricto azul, irregulares, cortantes, reflejan lo que circunda, pero fragmentado, a la vez que asemejan enormes brazos de agua que se derraman desde el techo, desbordan, también envuelven. Un gran sólido perforado por múltiples claraboyas que produce haces de luz cruzados, transparencias, un lugar indicado para preguntar cómo algo se sostiene.

¿Cómo se sostiene algo?, hay que darle vueltas al asunto, los arquitectos, se puede decir parafraseando a Lacan, por más esfuerzos que hagan con sus acrobacias arquitectónicas construyen muros y los muros están hecho para rodear un vacío –recordaba Ana Aromí en la apertura–, puesto en perspectiva, a la luz de lo que tomó cuerpo en este Congreso, quizás no sea otra la función del nudo, cuando tiene lugar, cuando se ha efectuado; enlazar un vacío, ceñir un agujero desde el que se sostendrá un cuerpo. Cómo algo se sostiene, cuando ese algo es un parlêtre, podría ser la pregunta que ajetreó a Lacan hacia el final de su enseñanza, donde aparecen las torsiones, los estiramientos, las envolturas, los aplanamientos, los amarres, todo un nuevo more geométrico –destacado por Beatriz Udenio–, que aborrece la linealidad de la norma. Y habrá entonces arreglos discretos como sostenes, que duran lo que duran, porque ciñen, amarran, anudan, escriben, fijan algo, sostienen al tomar cuerpo, frente a los que toda “máquina de interpretar” –Mauricio Tarrab dixit– pedalea en el aire. Quién sino aquellos hablaseres ordinarios, inclusive “responsables” –como bien nos recordó Fernanda Brisset Otoni– anoticiados antes que la época de la inexistencia de una carretera principal, con sus menudas invenciones, nos habrán de orientar sobre este Otro inestable que por contemporáneo nos es completamente obscuro, respondiendo de manera “ejemplar” a la pregunta acerca de cómo algo se sostiene.

Porque no se trató de hacer paradigma de la psicosis ordinaria, aunque en su efecto retorno se filtre como categoría, se trata cada vez de desalentar la forma ejemplar aquella del patrón de la norma, para hacer lugar a lo que solo es ejemplo de sí mismo y se sostiene porque toma cuerpo al hacerse su propia regla, una regla que no es una generalidad preexistente a los casos singulares. Marcada por lo “infraordinario” para seguir la inspiración de Perec –mencionado por Marie-Hélène Brousse casi en el final de su intervención– – tal vez “banal”, seguro “cotidiana”, un poco “común”, como “un ruido de fondo”, que pasa por “habitual”, ese “grano de locura” pero que sostiene.