Jornadas y CongresosNúmero 14 - diciembre 2019

Apuntes sobre violencias

SEGUNDA NOCHE PREPARATORIA A LAS VI JORNADAS ANUALES: INTERPRETAR LA VIOLENCIA-VIOLENCIAS EOL Sección La Plata, 7 de agosto de 2019

Josefina Altschuler

 

Humanidad y violencia parecen aunadas desde el origen de los tiempos. En términos del psicoanálisis como menciona Guy Briole “la violencia es propia de cada ser hablante”. Diversos discursos, entonces, el jurídico, el médico, el pedagógico procuran saber y entender en la perspectiva de prevenir, acotar, impedir la violencia, en la idea de que podría regularse por normas o pedagogías.

Allá por 1651 el filósofo Thomas Hobbes (1) en El Leviatán advertía: “en su estado natural todos los hombres tienen el deseo y la autoridad de causar daño” de ahí deviene su conocida frase “el hombre es el lobo del hombre”en una guerra de todos contra todos, resultado de ello la sociedad humana era, para el autor, una formación de individuos conducidos por la ambición de mando y de dominio.

Hobbes recurre, en su obra, al orden que se sellaría a través de un “contrato social” para refrenar tal impulsividad, las condiciones para que pudiese existir una sociedad surgen mediante un pacto por el cual cesan las hostilidades y los sujetos delegan sus derechos. Tal “renuncia” permite el establecimiento de una “autoridad” que está por encima de ellos, con la cual se sienten identificados”. Subrayo: “renuncia”, «autoridad” e “identificados”, cuestiones que luego retomaré.

Freud, (2) declarado pacifista, se interroga por la guerra, se interesa en especial por el trauma y la pulsión, nos ofrece su lectura de los sucesos de su tiempo en El malestar en la cultura, cierra su trabajo diciendo: “A mi juicio el destino de la especie humana será decidido por la circunstancia de si -y hasta qué punto- el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas dela pulsión de agresión y de autointerés”. En la página anterior se refería a la cuestión señalando: “Cuán poderoso obstáculo cultural debe ser la agresividad si su rechazo puede hacernos tan infelices como su realización”.

Algo de esta inquietud que por entonces tenía Freud, resulta la que hoy nos reúne bajo la formulación acerca de ¿cómo incidir en las violencias que viniendo de la pulsión de muerte se ubican por fuera de la palabra?

Lacan (3) , por su parte, aborda en 1948 la agresividad, para ubicarla como estructural,constitutiva de la relación del  sujeto con las imágenes de su Yo, de su personalidad y con las imágenes de sus semejantes a partir de las que se construye su personalidad. La agresividad es un fenómeno,“es una experiencia que es subjetiva por su constitución misma”, es producto en cada sujeto de un sistema simbólico de relaciones a partir de las imágenes de los otros y en la medida que encubre la alteridad constituyente. Conlleva una experiencia correlativa de dislocación corporal, de fragmentación de la unidad de la imagen narcisista y unitaria del yo  de lo que llamamos personalidad.Esa forma del Yo se cristaliza en una tensión conflictual interna al sujeto que determina el despertar de su deseo por el objeto de deseo del Otro

Lacan distingue en sus tesis dos nociones: la intención agresiva y la tendencia agresiva.

Intención agresiva supone un sujeto que se manifiesta respecto de la intención de otro, un querer decir del sujeto que no logra decirse a otro, en una dialéctica de sentido. La intención logra inscribirse en el registro verbal con lo cual es descifrable como un síntoma.

En tanto, la tendencia a la agresión es algo ya objetivado que se presenta de manera bruta, sin ninguna dialéctica de sentido, sino como algo fijo en el Yo.

En el lazo con el semejante, la rivalidad, los celos, la competencia se sitúan en este eje imaginario a-a’, tensión agresiva con el otro que lo enajena de sí mismo.

Es en La Instancia de la letra(4)que Lacan interroga ¿cuál es ese otro con el cual estoy más ligado que conmigo mismo, el que me agita?, teorizará en El Seminario de la ética(5)la noción de extimidad: lo más íntimo que estoy forzado a reconocer en el afuera, el das-ding, La Cosa freudiana, extranjera, esa exterioridad íntima, vacuola de goce, aquello que de lo Real padece esa relación inicial que compromete al hombre en las vías del significante.Fractura en la identidad consigo mismo.

¿No es acaso ese extranjero íntimo aquel que moviliza la violencia segregatoria en la idea de que lo extranjero, lo inadmisible de la propia existencia,está en el goce del otro, tratándose de lo que cosquillea en cada quién?

El compañero aparece siendo el portador de ese goce indecible que ha sido excluido. Se golpea en él lo segregado por estructura. Ataco en mi compañero a mi ser más íntimo, mi kakón.

En esta vía podríamos referir  los actos de autolesión que suceden en un hombre  a la golpiza que propina a su mujer, no se trata de autocastigo sino de tomar al otro como lugar mediador en el que golpearse a sí mismo, señala Bassols (6).

Algunas cuestiones

Lacan se refiere a la violencia distinguiéndola de la agresividad en su Seminario 5: (7)Las formaciones del inconsciente; “No es la palabra (refiriéndose a la violencia) incluso es exactamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación interhumana es o la violencia o la palabra.Si la violencia se distingue en su esencia de la palabra, se puede plantear la cuestión de saber en qué medida la violencia propiamente dicha- para distinguirla del uso que hacemos del término de agresividad- puede ser reprimida, pues hemos planteado como principio que sólo se podría reprimir lo que demuestra haber accedido a la estructura de la palabra, es decir a una articulación significante”

Si es en los confines de la palabra donde domina la violencia importa distinguirla de la acción agresiva para que no queden difuminados a partir de una misma y confusa conducta.

En esta perspectiva interesa diferenciar también acto de acción y como mencionaba violencia de agresión, dado que no toda acción es un acto ni toda violencia implica una agresión.

Resulta ineludible entonces hacer referencia al acto que Lacan toma respecto del cruce del Rubicón por  el emperador Julio César, durante la guerra de las Galias,  cruzar la frontera que no sólo comporta la acción sino el acto que transforma al sujeto y modifica el vínculo con el Otro ante quien lo sostiene. Podemos interrogarnos si acaso todo fenómeno violento comporta un acto.

De allí que se abre una amplia gama de singularidades y no una tipología clínica, cuando nos referimos a las violencias.

Violencias contemporáneas:

Parece evidente que los fenómenos violentos han proliferado, nos cabe la pregunta acerca de si sus presentaciones han variado y si la lógica de nuestro tiempo incide en ello.

Si Miller define a la civilización como el sistema de distribución de los goces a partir del semblante, semblantes que hoy podríamos situar aparecen tambaleantes. ¿Qué ideas podemos aportar acerca del tiempo que nos toca?

Hipermodernidad, época del Otro que no existe, signada por la crisis, agitación de lo real que se pone en tensión con los semblantes, en la irrealidad de ser sólo un semblante, cobra  efecto en aquellos puntos que me propuse  retomar:

La autoridad, aparece difuminada en un declive del padre o al menos en una dificultad de encarnadura de su función. La carencia del padre y su consistencia simbólica no le permiten al sujeto dirigirse al símbolo del Otro capaz de soportar la función paterna, no es posible orientarse simbólicamente por su palabra y la palabra ya no resulta estructurante. No se trata de la nostalgia de autoridad, de intentar hacer existir al uno para todos (sabemos de los efectos de radicalización de la violencia cuando el Uno consiste instando al terror)

Las identificaciones que frente al eclipse del ideal, suscitan una proliferación de S1, en un polimorfismo identificatorio, se trata de identificaciones débiles, flotantes, fragmentaria, nominaciones fluctuantes, cambiantes, efímeras, que operan al modo de identidades de goce.

Respecto de la renuncia que el contrato social exigía en la perspectiva de Hobbes, podemos encontrar su reverso en los modos de goce extraviados, enloquecidos, tiranos, el empuje a gozar al infinito no parece tolerar renuncias.

Parte de la época, el hedonismo resulta una exigencia que dificulta la obtención del placer, tal requerimiento abarca todas las esferas, atravesando todos los ideales, quedando presos de una demanda infernal y violenta. El sujeto que se cree amo de su goce termina siendo víctima del mismo.

Un rasgo interesante que ofrece Silvia Ons en su texto Violencia/s (8) es la referencia a la paranoia social contemporánea, señala que el Otro que no existe genera subjetividades desengañadas, no incautas, el otro no animado por la verdad sino por el goce suscita desconfianza. Así la incredulidad respecto del valor de la palabra corre paralela a la sospecha de lo que detrás de ella habría.En esta lógica los otros pueden transformarse rápidamente en enemigos porque son potenciales adversarios.La inseguridad se monta en la seguridad de otro malévolo.

Tanto Freud como Lacan nos indican que el paranoico cree sólo en su Yo, así no hay lugar a la división subjetiva, a que el Yo admita algo que lo traspase. La incredulidad contemporánea conducida por el Yo se asocia a la certeza del goce ubicado en el Otro maligno, anidamiento de la violencia.

Las violencias, resultan sin causa ni cauce, no se sostienen en ningún ideal, extendiéndose sin código cuando nos referimos a lo delictivo y ubicuas en su infiltración, no sólo se ejercen respecto del otro, también contra sí mismo y bajo el influjo de las buenas intenciones, morir trabajando, matarse haciendo deportes, en nombre de lo saludable, la juventud y por supuesto del consumo así como la afición por las conductas de riesgo.

Como contrapartida lo que vino al lugar de los ideales caídos es la burocracia, la vigilancia, los protocolos en los que deberíamos encajar en naufragio, las formas tradicionales de autoridad, la utopía hipermoderna es hacer de cada uno un amo de sí mismo, modos de control que se tornan violentos, claro que a mayor control mayor violencia.

Merece una mención ubicar los episodios violentos que protagonizan adolescentes, ante la emergencia del Real indecible en el cuerpo  frente a la crisis del lenguaje en el anudamiento de significante y cuerpo junto a la crisis de lenguaje respecto del Otro, el cual queda cortocircuitado. Lo imposible de soportar puede tomar la vía del pasaje al acto desencadenándose la violencia contra otros o contra sí mismos.El acto sirve a veces de manera paradojal para salir del impasse en relación al Otro, (intentos de suicidio en adolescentes).J.A,Miller (9) señala que, la pandilla adolescente puede dar lugar a la ilusión de un posible goce del cuerpo del Otro que se deposita en el grupo, lo ubica como una nueva articulación entre identificación y pulsión.

Nos insiste, entonces, la pregunta acerca de ¿cómo operar desde el psicoanálisis, allí donde la violencia se impone, irrumpe como un Real, sin historia, sin ficción?, develando todo semblante, dimensión  de goce del cuerpo desanudado de lo simbólico.

La tarea del analista, sabemos, no está en la órbita del principio de realidad, la emergencia de la violencia se produce cuando la pulsión no tiene amarre en el significante, se rompe el pacto con la palabra emergiendo en el límite  la pulsión de muerte indómita e indomeñable, de allí que siendo la frontera de los confines no tan nítida importa de qué modo introducir  devolver sus límites al goce de la pulsión, importa tener en cuenta que puede ser la palabra misma la chispa que la desencadene.

Respecto al niño violento J.A,Miller (10) orienta al analista a proceder de preferencia con dulzura, sin renunciar a maniobrar una contra-violencia simbólica-Un tema para seguir trabajando e investigando.

Frente a un goce ilimitado, en los confines de la palabra, no se trata de marco ni de ley, podemos proponer, tal vez la noción de borde, un borde a constituir entre saber y goce, dos campos heterogéneos, litoral de la letra, un esfuerzo de poesía a la vez dulce y violento, como resulta toda interpretación que apueste a un estar en el mundo como ser hablante.

 

Bibliografía:

 

-Hobbes, Th.: Leviatán. Editorial Losada. Buenos Aires..pag.96.

-Freud, S.: El malestar en la cultura. Obras completas. Biblioteca Nueva.Madrid.1981.pag.:3066,3067.

-Lacan, J.: La agresividad en psicoanálisis. Escritos I. Siglo XXI Editores. Buenos Aires, 1998 .pag.97.

-Lacan, J.: La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. Escritos I. Siglo XXI editores Buenos Aires 1981. Pág.504

-Lacan, J.: La ética del psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires.-1990.

-Bassols, M.: La violencia contra las mujeres.http//miquelbassols blogspot.com.ar/2012

-Lacan, J.: Sseminario 5.Las formaciones del inconsciente. Paidós. Buenos Aires.1999 pag.468

-Ons ,S.: Voilencia/s. Paidós, Buenos Aires.2009 Pag.36.

-Miller, J-A.: En dirección a la adolescencia http//elppsicoanálisiselp.org.ar.pag.8 Intervención de clausura de la 3° Jornada del Institute  psychanalaitique del’ enfant.

-Miller, J-A.: Niños violentos. Intervención de cierre de la 4° Jornada del Institute psychanalitique del’enfant.